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Regreso a Bolgatanga y más allá 4-1-05

Salimos de Cape Coast con dirección a Accra en caravana con Judith y Ralf. Teniendo en cuenta que la carretera de la costa es una de las principales rutas hacia la capital, está en un estado lamentable, no es más que una pista asfaltada a través de los arbustos, aunque algunas partes están en construcción, que se parecen bastante a una pista dura. El pobre Grommet, al que el vigilante nocturno en Tamale había limpiado y aseado mientras dormíamos, estaba ya otra vez sucio. Lilli y Steffen nos mandaron un mensaje con las coordenadas GPS de su situación. Llegamos esperando encontrar horribles atascos, por los que Accra es famosa, pero por suerte, era domingo, así que todo el mundo estaba en una de las múltiples iglesias. Alrededor del 20% de la población de Ghana son musulmanes, el 80% son cristianos, y ¡el 100% creen en el vudú!

Dimos con la casa de huéspedes Beach Comber saliendo de Accra, en Coco Beach, con relativa facilidad, y en seguida nos pusimos al día de las noticias de Lilli y Steffen tomándonos unas Coca-Colas y cervezas bien frías. Ya habían organizado el envío de las motos a un precio razonable, y un vuelo para ellos, y ahora estaban con las compras de souvenirs de última hora. Ellos también estaban muy tristes con la idea de volver a Alemania, y por no seguir hasta Sudáfrica con nosotros, sobre todo, al vernos planear el camino con Judith y Ralf.

Ahora todo dependía de si podríamos conseguir los visados para Nigeria, ya que habíamos leído que esto puede resultar muy complicado, pero como suele pasar, los oficiales fueron muy amables y serviciales, y nos los concedieron en 24 horas, así que no era para tanto. Lo siguiente era conseguir los visados para Benin, ¡y estos nos los concedieron en dos horas! Ya con todos los importantes visados nigerianos, de nuevo cambiamos la ruta, para evitar Níger y Chad, así que ahora había mucho que planear, preparar e investigar, puesto que nunca tuvimos intención de ir conduciendo hasta el sur. Ya sin el problema de los visados, tuvimos tiempo de reunirnos con Ismail, un amigo de Mehmet, al que habíamos conocido previamente en Bolgatanga.

Resultó ser un contacto muy útil, ya que se conocía Accra muy bien, y podía ayudarnos con algunas cosas que nos habrían sido muy difíciles de hacer solos. También puso su chofer a nuestra disposición para hacernos de guía.

El viernes, después de un día de descanso, nos reunimos de nuevo con Ismail, que nos había invitado a su casa para conocer a su mujer y sus dos jóvenes hijas. La comida que preparó su mujer fue estupenda, seguida de un auténtico chai (te) turco, que me recordó mucho a Londres, y los buenos momentos que habíamos pasado en muchos cafés y restaurantes turcos. Cuando llegó el momento de marcharnos, la mujer de Ismail le hizo a Blanca un tradicional regalo turco, un precioso pañuelo bordado y una toalla de mano. La generosidad de todo el mundo nos ha conmovido, y los alemanes no se podían creer la suerte que hemos tenido, y en cierto modo, tampoco nosotros.

Accra es una ciudad africana grande y caótica, parecida a Ougadougou, con supermercados, etc…, pero también con un toque inglés, como un Barclays Bank, el Correo, e incluso un Woolworth’s. El tráfico aquí es horrible, con atascos por todas partes. Mi teoría es que los atascos en realidad los provocan para que los muchos comerciantes estén a sus anchas y ofrezcan sus mercancías. Aquí el Opel Astra es el rey, el que prefieren todos los taxistas. Esperaba ver muchos Land Rovers en Ghana, tratándose de una antigua colonia británica, pero no, parece que no se dan cuenta. Creo que he visto más Land Rovers en Londres que en toda África Oriental.

Cerca de la casa de huéspedes encontramos un bar bueno que servía comida a precio razonable, más barato que cocinar nosotros, un plato grande de arroz picante con carne de vaca por sólo 2 €.

Ghana es un país precioso, con grandes posibilidades de desarrollo, desde la minería al turismo, la industria, o la agricultura, sectores que parecen estar enormemente subdesarrollados. Sin embargo, las carreteras están llenas de vieja maquinaria pesada y tractores inservibles. Salvo en las grandes ciudades, los mercados carecen de la variedad y calidad de la fruta y las verduras de, por ejemplo, Burkina Faso, y la mayoría de productos manufacturados vienen del extranjero, concretamente de China y el lejano Oriente. Un ejemplo: Ghana cultiva café y cacao, estas materias primas se exportan y luego se reimportan ya como producto acabado, Nescafe y chocolate, pero evidentemente a un precio bastante superior. Parece que a Ghana la ha estropeado la ayuda del extranjero, y la población ya ha olvidado cómo valerse por sí misma,  prefiere soñar con huir a Occidente y a esa fabulosa vida “mejor”. Seguro que le iría mejor si invirtiera sus “fondos de huida” aquí, y así Ghana sería un país mucho más rico.

Antes de trasladarnos a Togo, Benin y Nigeria, pensamos que estaría bien volver brevemente a Bolgatanga para ver a nuestros amigos Mehmet y Rokia, y con un poco de suerte, a su nuevo hijo.

Nos despedimos de Lilli y Steffen, y pusimos rumbo al norte una vez más, aprovechando que al ser domingo todo el mundo estaría en la iglesia. Seguíamos con el problema de que el campo estaba ardiendo, ¡así que nada de acampar en los arbustos! El Harmatan había pasado, dejando unas vistas fantásticas de los valles con los bosques cubiertos de humo. Decidimos no quedarnos en una casa de huéspedes o en un hotel, así que nos dirigimos a un lugar para ecoturistas, y al Santuario de Monos Boabeng-Fiema, donde sí dejaban acampar, y donde esperábamos ver monos de verdad, y no los que se ven en los arbustos. La pista hacia el Santuario no era la mejor, y hacía falta mucha concentración una vez de noche. A la mañana siguiente, hicimos una visita guiada por el bosque, y nos sorprendió la cantidad de monas de Lowe, y los monos blancos colobus en una zona tan pequeña. Por suerte, los aldeanos consideran a los monos sagrados, por lo que su caza, matanza, e ingestión es totalmente tabú. El Santuario lo creó un hombre de la zona como atracción turística, y tiene la mayor densidad de monos de cualquier bosque de África Oriental. Los pueblos también se llevan algo de los beneficios mensuales, por lo que si no hay monos, no hay ni turistas ni dinero. Incluso se les permite a las monas buscar en el pueblo sobras a la hora del desayuno y de la cena, puesto que se las considera animales aceptables. También hay un cementerio para monos, donde se les entierra junto al sacerdote fetiche de por allí.

En dirección al norte desde Tamale, el paisaje está menos poblado, es más seco y más caluroso. Al llegar a Bolgatanga todo el mundo estaba encantado de vernos, incluso el perro Jin, que tenía un palo listo para jugar. Estaban deseando que les contáramos sobre nuestros viajes por el sur, los sitios donde habíamos estado, y lo que habíamos visto, y por supuesto, estaban deseando ver las fotos. Pero seguía sin haber niño…

Mehmet y Rokia estaban muy contentos por tener la nevera llena de cosas que les habíamos traído de Accra, queso, bacon, fruta fresca, verduras, vino, etc… ¡así que les ahorramos un viaje de ida y vuelta de 1600 km. al supermercado!

Durante la estancia en Bolga, teníamos varias tareas, como conseguir algunas provisiones para la siguiente etapa del viaje. Es genial cuando la ayudante de la tienda lleva la compra al coche en la cabeza, al estilo africano, tendré que entrenar a Blanca, ya que podría ser útil en el futuro, para llevar la gasolina, el agua, la comida, etc…

También quería limpiar a Grommet, sobre todo, por debajo, después de tres meses por las carreteras, el polvo y la suciedad se empiezan a acumular. El chorro de agua de alta presión es magnífico, y en seguida tuvimos un coche “nuevo” reluciente, aunque con algo de pintura suelta, pero está tan limpio… El problema son el agua y los motores de gasolina… Grommet no quería arrancar, ¡debe ser el vudú de Bolga! Lo empujamos hasta el sol, y nos fuimos a tomar una Coca-Cola. Con las temperaturas a más de 30 grados, nada permanece mojado mucho rato, así que en seguida nos pudimos ir, ¡y con unos kilos de menos!

Todo lo que queda es un poco de aceite, para cambiarlo cuando lleguemos a Nigeria, pues ya hemos hecho más o menos 9000 km. desde que salimos del sur de España.

Empezaba a pensar que nos tendríamos que ir hacia Togo sin ver al niño. Afortunadamente, la madre naturaleza y Rokia se organizaron, y Fuad Musa nació el 27 de Enero, un pequeño bebé sano.

Lo siguiente era ir a Togo y Benin para encontrarnos una vez más con Ralf y Judith, los alemanes del camión enorme, antes de entrar en Nigeria.

Lo hemos pasado muy bien en Bolga, e incluso hemos ganado algo de peso, a pesar de un virus recurrente en el estómago, lo que hizo que Blanca se pusiera a buscar en nuestra guía de enfermedades africanas, con la esperanza de que se tratara de disentería,  dengue, malaria, o algo mucho peor. Tampoco es que fuera muy oportuno, precisamente, puesto que no había agua, pero a la verdadera manera africana llamamos a los bomberos rápidamente, y uno de los coches llenó el bidón. En mi caso, sólo hizo falta una fuerte dosis de antibióticos e Imodium para volver al statu quo. Esto no me impidió que les explicara a Blanca y Toffi cómo asar un lomo de carne de vaca de ocho kilos, el menú de nuestra cena de despedida. Fue duro para mí ver a todo el mundo disfrutando de la comida, mientras yo me tomaba vorazmente una sopa de tomate y arroz.

De nuevo, estábamos muy tristes por irnos de Bolga, pero si queríamos alcanzar a los otros alemanes en Benin, teníamos que ponernos en marcha. Por la mañana, nos despedimos de Mehmet, Rokia y de Fuad, y partimos, cargados con roast beef frío, y bizcocho, y pusimos rumbo a la frontera con Togo.

El visado para Togo iba a ser el primero que compraríamos en la frontera, así que queríamos llegar pronto, por si había complicaciones. La ruta era un lío de pistas, sin señalización clara, pero con algunas direcciones, conseguimos salir de Ghana.

Así que estábamos de vuelta en el África francófona, de vuelta a los “cadeaux”, a los puntos de control de policía, a las abundantes frutas y verduras, y la baguette por fin estaba otra vez de moda. A pesar de la barrera lingüística, todo parecía más sencillo y conocido, nada que ver con la confusión, las discusiones, y los constantes interrogatorios de Ghana. También era estupendo volver a los arbustos. A la mañana siguiente a acampar en unos, se nos acercaron unos granjeros de allí para tomarse el desayuno, un café y un pastel. Era difícil de creer que esta era la carretera principal para atravesar Togo, pues era igual que la peor de Mali. El deteriorado asfalto hace que vayas el mismo tiempo por la izquierda que por la derecha. Sinceramente, es más fácil y seguro ir por el arcén, y así evitas el tráfico que viene en dirección contraria, los camiones estropeados, los accidentados, y las grúas.

Pasamos en Togo un par de días, y decidimos pasar la noche en un pequeño alberge en Kande, antes de cruzar a Benin al día siguiente. Aparcamos fuera, y nos comimos unos tallarines chinos. A continuación fuimos a ver cómo se preparaban los de allí para un mitin político en honor del presidente. Mientras, Blanca había contratado a un tipo para guiarnos por una finca Tamberna, que se construyen como pequeñas fortalezas para mantener a raya a los negreros, etc…

Después de una noche sin dormir, por culpa del guardián y su radio, recogimos al guía y a su amigo, y nos dirigimos a la casa que teníamos asignada. Cuando llegamos, era igual que como describía la guía, incluyendo las ganas de desnudarnos, ponernos trajes de fetiches, y comprarnos algo. Algo no muy natural, pero interesante. Evidentemente este era un lugar popular entre los turistas, ya que todo el mundo en el pueblo tenía céntimos de euro para cambiar, al haberles timado los visitantes anteriores. Cuando ya habíamos visto bastante, dejamos a los guías y nos dirigimos a la frontera. Una hora después estábamos en Benin, pero no había señales del Correo para Togo, así que tuvimos que volver a Kande para ponerle el sello a todo antes de seguir. Los vecinos se empezaban a preguntar qué estaba haciendo este loco hombre blanco. La pista era buena, a pesar del nuevo peligro que suponían los cerdos revolcándose por el camino.

Por fin estábamos oficialmente en Benin, y la siguiente parada era el ciber-café en Natitingou, esperando recibir un e-mail de Ralph y Judith. Ellos ya estaban en Parakou buscando alojamiento. Después del ciber-café, Isabelle, una francesa que vive en Benin con su marido belga Yves y su bebé Sarah, nos evitó tener que buscar un lugar en los arbustos para acampar, puesto que nos invitó a pasar la noche en su casa. Yves es un ingeniero agrícola que trabaja en un proyecto para desarrollar el cultivo de anacardo en la zona, mientras que Isabelle está intentando poner en marcha un proyecto para ayudar a los niños discapacitados de allí, mientras cuida a Sarah. Nos invitaron a nosotros y a unos compañeros de trabajo a cenar en un restaurante de por allí, en una casa Tamberna, un sitio fantástico, a pesar del apagón. Por la mañana, después de una ducha y de un fabuloso desayuno a base de zumo de naranja recién exprimido, cereales con leche de verdad, café de verdad, y pan francés, nos tuvimos que despedir y ponernos a buscar a los alemanes. Tiene gracia cómo cosas que son normales en Europa, de repente se convierten en un lujo, y continuamente nos asombramos de la generosidad de los desconocidos.

La carretera a Parakou era buena, a pesar de estar en construcción, así que fuimos a buen ritmo. Esta es una zona de cultivo de algodón, y la recolección ha terminado. A los lados de la carretera había pueblos de adobes con enormes montones de algodón esperando a ser recogidos. Llegamos a Parakou, y nos dirigimos al albergue en el que se suponía que estaban Judith y Ralfph, pero no existía tal albergue, así que no hubo más remedio que acampar improvisadamente en los arbustos, e irnos a dormir con el sonido de los murciélagos disputándose los pedazos de fruta más selectos en un árbol cercano.

Ahora tocaba el plan B: tres en punto en el ciber-café. Con Grommet claramente visible, era el momento de mandar varios e-mails y esperar a Judith y Ralph. Nos dieron las tres en punto, y las cuatro, y las cinco, por lo que si no llegaban para las seis, habría que volver a los arbustos. Mientras tanto, entramos en un bar a tomarnos una Coca-Cola, y ahí conocimos a Pekka, un finlandés que está intentando poner en marcha una central eléctrica en la zona. Pasamos el rato hablando de nuestro viaje, e incluso se ofreció a pagarnos una habitación en el hotel donde se hospedaba él. Entonces, a la seis menos cuarto, ¿a quién vimos andando por la calle?, a los alemanes.

Pekka nos invitó a conocer a su jefe, Niclas, que le había estado esperando junto a la piscina del hotel toda la tarde, y que, muy amablemente, nos invitó a todos a unirnos a él esa noche para hacer una barbacoa al lado de la piscina. ¡Nos tomamos nuestro primer gin tonic en África! Después de una buena comida, y de beber mucho, nos fuimos a una sala de fiestas, el Chinese Club, pero nadie sabe porque se llama “Chinese” si no es china ni de lejos. Al día siguiente, estuvimos con Pekka, Niclas y Natalie, su guapa intérprete, junto a la piscina, ¡de relax, lujo, y recuperación!, antes de seguir hacia Nigeria, y quién sabe a dónde más…

Como la frontera estaba muy cerca, nos pasamos a echar un ojo, despedirnos, y agradecerles su hospitalidad.

Después de las historias sobre los peligros de Nigeria, nos dirigimos al norte al país de Tarzan, prefiriendo cruzar por Nikki hasta el centro de Nigeria. La salida de Benin fue tan bien que decidimos probar suerte y cruzar hasta Nigeria…


Coco Beach


Coco Beach


Blanca a lo afro


Didi, el dios de los zapatos amarillos, y una seguidora


Mono colobus


Mona


Cementerio para monos


Rokia y el bebé Fuad


¡8 kilos de carne de vaca!


Nuestros guías


La vida desde las pistas


Compre sus fetiches aquí


¡No voy a salir!


Finca Tamberna


Finca Tamberna


Isabelle y Sarah


Nattingou, a salvo de los arbustos


Parakou, un poco de lujo con los finlandeses