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PRIMERA PARTE: DE GHANA A ACCRA

Salimos del parque temprano, pero no sin antes ser testigos de cómo una enorme manada de elefantes atravesaba el campamento de camino al lago a bañarse, ¡vaya! De camino a la frontera paramos para comprar pan, y para conseguir algo de moneda de Ghana, 1 € = 12,000 cd, ¡tan sólo espero que la gasolina sea barata! Con este cambio, necesitaremos por lo menos 2,800,000 cds para llenar a Grommet, ¡qué miedo!

De repente te das cuenta de que todo el mundo habla en inglés, los molestos camioneros, los timadores, la policía, los aduaneros, la radio, todo en inglés. Ya no había necesidad de más “bonjour ça va”, etc… por un tiempo, al menos hasta el siguiente país francófono. No hizo falta dinero para cruzar la frontera, todo fue correcto y sencillo. Mientras le echaba un ojo a Grommet y esperaba que Blanca acabara con las formalidades, la policía me ofreció un asiento a la sombra y un poco de agua fría. Con la Costa de Marfil cerrada por el momento, Ghana se ha convertido en la principal ruta de tránsito para pasar al resto de África Oriental, y aquí en la frontera había montones de camiones. Otra cosa que percibes aquí es que hace mucho, mucho, mucho calor.

Tras pasar la frontera, paramos en la siguiente ciudad importante, Bolgatanga, y en el ciber-café, para ver nuestros e-mails, y recibir noticias de Tina. Se estaba haciendo tarde, el paso de las fronteras, aunque los funcionarios fueron eficientes, parecían llevar siglos. Blanca, al hablar con un tipo turco, Mehmet, le preguntó sobre sitios para quedarnos, y él, muy amablemente, nos ofreció aparcar y acampar en su jardín, tras avisarnos de los peligros de hacerlo en los arbustos, con historias de robos a mano armada, asesinatos, etc…, igual que si estuviéramos de vuelta en Londres. Nos rendimos con el Internet, iba muy lento, pero gracias por todas las tarjetas, siempre es genial recibir noticias de casa.

Seguimos a Mehmet de vuelta a su casa, y después de aparcar a Grommet, nos invitó a conocer a su guapa y embarazadísima esposa, Rokia, que es de Guinea-Conakry. Nos daba un poco de vergüenza a los dos, porque estábamos cubiertos del habitual polvo de barro de las pistas.

Nos sentamos un rato, y charlamos sobre nuestros viajes mientras nos tomábamos unas Coca-Colas bien frías, y una cosa llevó a la otra. Nos invitaron a cenar, y a utilizar su suite de invitados. Tomé el primer filete poco hecho de verdad desde que salimos de España, con pimienta, nata y salsa de bourbon. Estuvimos de charla hasta bien entrada la madrugada, tomándonos una copa o dos de vino tinto, hasta que nos retiramos a la cama, que era enorme. Dormimos tan bien que nos costó mucho levantarnos a la mañana siguiente, y además, fue una novedad no estar luchando por el espacio con Blanca, así que esto era de verdad el paraíso.

Mehmet se ofreció a llevarnos de recorrido turístico por la zona. Había un pantano con su viejo club, piscina vacía, pista de squash sin techo, y pistas de tenis sin red adentrándose en los arbustos. Debió ser un lugar bastante bullicioso a principios de los 90, en el marcador encima de la barra se pueden ver los distintos torneos que había allí durante su breve ocupación. Con los ocupantes coloniales desaparecidos ya hace mucho, el bar ahora acoge a algunos vecinos que vienen a tomarse una Guinness entre el polvo que se acumula y la pintura descolorida. También fuimos a las Bongo Hills, con sus cantos rodados rosa granate. Como seguíamos sin saber nada de Tina, ni una dirección en Kumasi o Accra, Mehmet y Rokia nos invitaron a quedarnos un poco más y pasar el Año Nuevo con ellos. Aceptamos agradecidos. La comida aquí es fabulosa, lo que ha provocado un alto en la dieta africana…

También tuvimos la oportunidad de ponernos al día de las noticias del mundo, y del terrible maremoto del Océano Índico. Es otra novedad poder hablar con gente que vive y trabaja aquí en África, y ver una perspectiva diferente a la que tienen nuestros habituales guías, viajeros y turistas. Aún no nos podemos creer la suerte que tenemos de quedarnos aquí, desde luego es un regalo de Navidad increíble, y no les podemos estar suficientemente agradecidos. En una de nuestras excursiones con Mehmet, conocimos a un vecino que debía tener por lo menos 90 años, algo bastante sorprendente en una zona tan pobre. También fuimos a ver algunas de las explotaciones de oro a pequeña escala que hay en la zona, y tuvimos la suerte de ver un pequeño montón de polvo de oro al fondo del crisol. Estábamos encantados, como niños.

Mientras estábamos en Bolgatanga, Blanca se puso el pelo con trenzas, al estilo africano, y Rokia le regaló un vestido muy chulo, así que no desentona nada, sólo le falta mejorar el bronceado para dar la impresión total.

Estábamos muy tristes, y fue muy difícil dejar a Mehmet y Rokia, lo pasamos genial con ellos, pero todavía nos quedaba mucho por ver en Ghana, y Blanca estaba buscando la playa perfecta.

Nuestra siguiente parada fue Tamale, una animada ciudad africana, pero el problema era que ninguno de los hoteles nos dejaba aparcar y dormir en Grommet. Por fin, después de mucho buscar, encontramos una pequeña casa de huéspedes con un patio grande llevada por Elizabeth, una mujer de allí. Creo que le pareció extrañísimo todo el concepto de la casa ambulante, blancos locos…

Aquí el Internet era horriblemente lento, por lo que decidimos intentar sacar algo de dinero de una sucursal de Barclays Bank, y esto sólo nos llevó dos días. Grommet casi le provoca un infarto al guardia de seguridad, al entrar en el aparcamiento salió corriendo del cobertizo con el Kalashnikov listo para disparar.

Mientras esperábamos a que nos atendieran, era curioso observar a la gente llegar e irse con bolsas de deportes llenas de dinero. No estoy muy seguro de qué hay que hacer si quieres comprar un coche o una casa y pagas en metálico. Supongo que haría falta alquilar un camión.

Ya con un poco de dinero y combustible, pusimos rumbo por más pista a Makongo y al ferry para cruzar el Lago Volta.

Descubrimos que, aquí en Ghana, fuera de los caminos hay muy poca infraestructura para los turistas, muy poca realmente.

Para colmo de desgracias, todo el campo parece estar ardiendo, con las hierbas secas y la vegetación quemándose de forma controlada, lo cual hace que acampar en los arbustos sea un poco peligroso. Por eso, y como el siguiente ferry era a las 5’30 de la mañana, optamos por quedarnos en el pueblo y coger el ferry a la mañana siguiente.

Encontramos un lugar perfecto debajo de un mango delante de una casa. Después de algunas investigaciones, encontramos al dueño del árbol. No había problema en que acampáramos allí, e incluso nos dio la llave para que usáramos el baño. Cuando abrí la tienda de campaña del techo para montar el campamento, en seguida nos asediaron los niños y los aldeanos. Los niños miraban asombrados, mientras que las peticiones de los adultos iban desde cosas sencillas como nuestra dirección hasta cosas como visados, tractores, y ayuda financiera para establecer la agricultura comercial. Mi comentario favorito fue: “¿fue usted seleccionado por los miembros de más edad de su familia para visitar África?” No creo que el concepto de turista, y menos el de viajeros por tierra, haya llegado al pueblo, por eso nos confundían con ONGs y sociedades benéficas en viaje de investigación. Aquí en Ghana te puede llevar mucho tiempo explicar las cosas.

Decidimos escapar del interrogatorio y dimos un paseo por el mercado del pueblo, llegando hasta el embarcadero para ver llegar al ferry. Aquí conocimos a Idarisu Inusah, uno de los 25 hijos del jefe con una de sus cuatro esposas, que también hacía de fotógrafo del pueblo. Creo que debimos haber cuadruplicado su negocio ese día, ya que todo el mundo quería una foto con el “hombre blanco”. Después de posar con todos, volvimos a Grommet buscando algo de paz y tranquilidad, y para cocinar algo, pero de nuevo nos vimos asediados.

Al final, todavía con hambre, cansados y exhaustos, nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, la Terminal del ferry no era muy diferente del pueblo; aquí vimos jefes, oficiales de distrito, profesores, y al jefe de Policía de camino a Accra para la toma de posesión del nuevo presidente. ¡Más interrogatorios! De todas formas, una vez a bordo del ferry, nos unimos a nuestros nuevos amigos y dignatarios en el puente y disfrutamos de una mejor vista en nuestro viaje a través del Volta.

Cansados y con hambre, necesitábamos desesperadamente acampar en los arbustos y descansar, pero ¿dónde?, todo estaba ardiendo, quemado o a punto de ser quemado. Por fin vi un solar en una vieja carretera abandonada, y encontramos un sitio en lo que antes fue una pista de tenis. Qué delicia, sin visitantes, cabras, pollos, mezquitas, y lo más importante, sin fuegos. Era el momento para la habitual revisión de Grommet, y suministrar el combustible bajo en octanos.

Para comprobar la mezcla, quité el enchufe de la chispa número uno, estaba muy apretado y no era fácil de sacar, aún así el color era el justo, así que la mezcla no andaba lejos. El problema era que ahora que estaba sacado, no se podía meter de vuelta el enchufe, pero sin problemas, saqué uno de la caja de repuestos que sí encajaría. Por desgracia, encajó demasiado bien, los del ejército habían hecho la cabeza demasiado grande, como para un enchufe más grande, ¡gracias amigos! Después de intentarlo como dos horas, limpiando hilos, etc…, conseguí convencerle para que entrara. Por un momento nos temimos lo peor, atascados en medio de la nada, esperando a que llegara una nueva cabeza de cilindro del Reino Unido.

Con todo ya funcionando, salimos a la mañana siguiente, hacia la Reserva de Mariposas Bobiri.

Lo que debía haber sido una preciosa ruta turística a través de lo que quedaba de selva tropical, estaba cubierto por una nube de Harmatan (un viento polvoriento del desierto) mezclada con el humo de los incendios.

Para alcanzar la reserva, tuvimos que pasar por Kumasi, famosa por sus aglomeraciones de tráfico, y ese día no fue una excepción. Blanca pudo comprar provisiones mientras Grommet y yo avanzábamos como podíamos por la ciudad. Justo después del caos de Kumasi, nos reunimos de nuevo con Lilli y Steffen, los dos motoristas alemanes, antes de meternos en la pista que lleva al centro de la reserva de selva tropical, que fue creada por los británicos en los años 30. La entrada y los otros edificios rezuman colonialismo, lo único que faltaba eran los gin tonics. Incluso había allí un teniente coronel del ejército británico llamado Paul, de Accra, y Ken, un excéntrico fotógrafo de naturaleza haciendo fotos de las mariposas y de los insectos para su archivo de fotos en Cornwall.

Bobiri era magnífico, mientras estábamos en el parque dimos una vuelta guiada por el bosque, fue increíble experimentar y sentir cómo debió ser Ghana antes de que la deforestación y la agricultura comercial destruyeran el paisaje.

Después del bosque, y ya en la carretera, nos quedamos deslumbrados por la luz solar y por la multitud de mariposas de colores. Nunca he visto tantas mariposas en mi vida, y dicen que hay más de 400 especies diferentes aquí en Bobiri, y me lo creo. Por la noche, se nos unieron muchos tipos de mariposas nocturnas, cigarras, escorpiones sin cola (inofensivos), por suerte teníamos un experto a mano para identificarlos.

Mientras estuvo el experto con nosotros, seguimos con el debate sobre cuál es la mejor profilaxis antimalaria en África, y qué pinta tiene un mosquito anófeles, si es grande o pequeño y cuándo es activo. Creo que no sabemos mucho más ahora.

Tras dos días en Bobiri era momento de encontrar la “playa perfecta”, y visitar la pasarela de baldaquín en el Parque Nacional de Kakum. El tiempo en la costa también lo ha estropeado el viento Harmatan, y todo está cubierto por una niebla gris, pero el mar está caliente y está bien hacer algo de ejercicio.

Los propietarios alemanes del Biriwa Beach Hotel nos dejaron acampar en el jardín y usar la ducha y los baños. También había una conexión a Internet por satélite muy rápida, así que por fin pudimos mandar las actualizaciones a la página web. Los muchos buitres y cuervos manchados que se posan en los cocoteros nos observaban con interés, pero no estoy seguro si el trozo de carne que les quedaba les entretendría mucho tiempo.

Dejamos a Grommet y las motos en el jardín y cogimos un taxi hasta el Parque Nacional de Kakum. Era genial ser pasajero para variar.

Kakum hace alarde de la primera pasarela de baldaquín del mundo, desde la que hay estupendas vistas del bosque en el valle, algunas partes de la pasarela están a más de 100 pies del suelo. Steffen, a quien no le gustan mucho las alturas, después de las dos primeras pasarelas, estuvo a la altura de las circunstancias, y Lilli le compró una camiseta que ponía “Sobreviví a la pasarela” para demostrarlo.

Lilli y Steffen, que ya están al final de su viaje por África, estaban ansiosos por saber qué posibilidades había para llevar por barco las motos, así que partieron hacia Accra dejándonos solos una vez más, o eso creíamos. Entonces un camión enorme de color arena de Alemania oriental entró en el aparcamiento con problemas en la caja de cambios, y con Judith y Ralf, de camino a Ciudad del Cabo desde Alemania. ¿Qué ha pasado con todos los viajeros británicos? Todo lo que encontramos son alemanes con grandes camiones o motos, y unos pocos franceses y belgas en Land Rovers.

¿Qué ha pasado con el pan?, ya hace mucho de las baguettes estilo francés del África francófila, ahora sólo hay pan con azúcar, pan de te, y pan con mantequilla, todo dulce, tratado, en bolsas de plástico, repugnante, y si tienes suerte, fresco.

Algunos de vosotros sabríais que nuestro plan original era meter a Grommet en un barco, y volar nosotros hasta Sudáfrica y recogerlo allí, pero debido al excesivo precio, al tamaño de Grommet, y la posibilidad de que en realidad no llegue, hemos decidido que iremos hasta allí conduciendo.

Blanca ha trazado una ruta que evite la mayoría de las partes peligrosas. La semana que viene, en Accra, será de gran actividad, consiguiendo los visados para Togo, Benin y Níger, cartas de recomendación de nuestras embajadas, así como despedirnos de Lilli y Steffen, antes de que se vuelvan en avión a Alemania.

En Accra, esperamos reunirnos de nuevo con Didi y con un amigo de Mehmet, que vive y trabaja aquí, y ha prometido llevarnos a un restaurante que hace pizzas turcas bastante buenas. También hay un par de supermercados al estilo europeo donde esperamos proveernos para la siguiente etapa del viaje.


Mehmet y yo


El paraíso en Bolgatanga


Mark y un amigo


Mehmet, Rokia y yo


Extracción de oro a pequeña escala


El jefe del pueblo


Dos princesas africanas


Asediados


No voy a salir


Más jefes


El ferry cruzando el Volta


Intentando parecer relajados


Blanca con algo de compras


El puerto


¿Alguien quiere jugar al tenis?


Jodidos por el ejército


De compras en Kumasi


Mariposas y aceite de palmera


Tarzan y Jane


El estilo colonial de Grommet


Miriópodo (1000 pies)


La princesa africana


¿Cuánto por estos galones?


Pasarela de baldaquín


Tarzan y Jane en los árboles


La playa perfecta


Buitres con hambre


Cuervos con hambre


Judith y Ralf (¡más alemanes!)