|
map

Burkina Faso

Después de una pista muy dura, optamos por parar antes de la frontera, pero cometimos el error de aparcar demasiado cerca de la carretera, por lo que se nos unieron muchos espectadores, que parece que no agradaban mucho a los dos alemanes. Por nuestra parte, Blanca y yo nos pusimos con nuestras cosas, y a dar la bienvenida a los que iban llegando. Hubo un momento en que Blanca decidió abandonar la prudencia, y cogió una de las muchas bicicletas para darse una vuelta, lo que preocupó bastante a su dueño, e hizo mucha gracia a los que estábamos observando. Como suele suceder, nuestros espectadores se fueron al atardecer, pero volvieron a la mañana siguiente justo a tiempo para vernos recoger e irnos. En Koro, tuvimos otro paso de frontera sencillo y sin problemas, aunque tuvimos que pagar un poco en la Aduana por trabajar en sábado.

A partir de allí, la pista pasó de estar horriblemente ondulada y bacheada a estar recientemente nivelada y llana, una gloria. A los lados de la carretera había puestos donde vendían todo tipo de verduras de la zona, zanahorias, lechugas, judías, etc…, además de fruta fresca, papayas, piñas y mangos. ¿De verdad es este el país más pobre de África? Es un contraste total respecto a Mauritania (las cebollas y las patatas) y Mali (hay más variedad pero cuesta bastante), los de aquí parecen ir mejor vestidos, algunos hablan inglés, las bicicletas tienen mejor pinta, y la mayoría de los coches parecen medianamente nuevos, o por lo menos en condiciones para circular.

La pista daba paso al asfalto y a una carretera de peaje hasta Ouagadougou, pronunciado Wagadugu, un estupendo nombre africano. Entramos en un Ouaga muy moderno a través de los habituales barrios de chabolas, y tuvimos que abrirnos paso entre las bicicletas y las motos. En esta ciudad no había burros, cabras o ganado de ningún tipo, lo cual es una novedad, y hace que haya algo menos que evitar atropellar.

Ouaga fue una gran sorpresa después de Bamako, es una ciudad muy moderna con aspecto europeo, y la primera en que vimos adornos de Navidad.

Los árboles de Navidad, los muñecos de nieve hinchables y Santa Claus, junto con las luces y los oropeles se hacían muy extraños en esta calurosa y polvorienta ciudad. Decidimos quedarnos en la Fundación Charles Dufour, enfrente del cementerio, en la que parte de los ingresos se destinan a ayudar a niños huérfanos. Al igual que en Bamako, no hay mucho donde elegir en cuanto a sitios donde quedarse. Después de un segundo intento, conseguí meter a Grommet en el diminuto patio, y debido al espacio tan estrecho, desgraciadamente sólo nos pudimos quedar allí unos pocos días, ya que tenía que hacer cosas en Grommet. En Ouaga es muy agradable comprar en las tiendas y comer en los puestos de la calle al precio de allí, arroz y salsa por 300 CFA (medio euro), o un sándwich de brochetas por 100 CFA, más barato que cocinarlo uno mismo (unos tomates de lata por 450 CFA).

La primera noche fuimos al centro en busca de un poco de cultura y música del país, pero en lugar de eso, nos encontramos con turistas sexuales y discotecas al estilo europeo con las bebidas a precio europeo, así que eso no iba con nosotros. La siguiente noche nos acompañó uno de los tipos del Auberge a una sala de fiestas de allí, donde éramos los únicos blancos, y donde había música en directo, baile, y bebidas baratas. Aparte de esto, nos tomamos una brocheta picante con ensalada metida en una baguette, la versión de Ouaga del kebab. Ouaga también tiene un par de supermercados tipo europeo con precios razonables, así que era momento para proveerse de latas, cereales para el desayuno, galletas, vino barato, y Pernod, a 850 CFA por un litro.

Menuda diferencia que te saluden en inglés y recibir los cuatro formularios duplicados en inglés en la embajada de Ghana. Conseguimos librarnos del ajetreo de la Navidad, ya que los trámites sólo llevaron un día, así que era momento de ponerse de nuevo en marcha, para descansar y relajarnos en los arbustos, pero esta vez, estábamos solos. Nos despedimos de Lilli y Steffen, así como de una chica española, Cheska (Matahari), que viaja sola, pero probablemente los veremos de nuevo en Ghana, también de Theo, un profesor francés, a quien esperamos ver en Níger, donde actualmente vive y trabaja, y de Didi, que llegó justo a tiempo para sustituir a Grommet.

Al salir de Ouaga, de camino a Leo, nos metimos por un camino por medio de los arbustos, es muy divertido ir por caminos para bicicletas con Grommet. Finalmente, encontramos un claro a la sombra de un árbol, y montamos el campamento. Por fin pudimos dormir tranquilamente, si exceptuamos una llamada de Blanca a las tres de la mañana, que  creía que nos atacaban animales salvajes, cuando en realidad eran unas vacas pastando por allí.

Por la mañana, apareció el dueño de la tierra, que nos dejó quedarnos a cambio de algo de dinero, así que me puse con mis tareas de comprobar todo, como es habitual, rellenando con grasa el relé de la dirección que gotea, o ajustando un cojinete suelto de una rueda delantera, y limpiando media tonelada de polvo acumulado.

Después de esto, estaba bastante grasiento, otra vez de color terracota, y necesitando desesperadamente una ducha, así que me di una al estilo africano, que la verdad es que fue la ducha más caliente que me había dado desde que salimos del albergue de Ibrahim en Marruecos.

Más tarde, a la hora de la cena, se pasaron unos de por allí que se acababan de dar cuenta de que habíamos aparcado justo al lado de su cabaña al otro lado del claro. Seguro que parecíamos aliens de otro planeta.

Con las tareas hechas y nuestras pilas cargadas, nos pusimos en camino una vez más, para pasar la Navidad en el Ranch de Gibier de Nazinga, un parque natural, con la esperanza de ver algo de caza. Nos dimos un pequeño capricho, una cena de Navidad con ensalada de tomate, pollo con patatas y tortitas de postre, todo regado con una botella de vino rosado español, y conversando con Takeshi y Eriko, de Japón, que trabajan aquí en Burkina Faso en UNICEF.

El día de Navidad nos levantamos a las 5´30 de la mañana, ¡para hacer nuestro primer safari en África! Salimos con nuestro guía y en seguida nos cruzamos con una pequeña manada de elefantes, y en las tres horas de excursión tuvimos la suerte de ver muchos antílopes, ciervos de agua, jabalíes verrugosos, y mandriles, además de todo tipo de aves, así que fue muy emocionante, os lo aseguro. También nos encontramos por primera vez con la mosca malhumorada tan temida por Blanca, esperamos que no nos de la enfermedad del sueño.

De todas formas, seguro que el resto iba a estar bien. Ninguno de los dos se imaginó que íbamos a estar tan ocupados en el viaje, esperábamos tener más tiempo relajándonos, leyendo, o aburriéndonos. Esto parece no acabarse nunca, el estar en movimiento, las revisiones, cocinar, y limpiar. Esperamos que cuando lleguemos a Ghana podamos encontrar una bonita y tranquila playa para quedarnos una semana o dos.

Tras hablarlo con otros viajeros, estamos preparados para conducir lo más al sur posible, y así evitar los elevados costes del ferry y los vuelos. Blanca se ha puesto a planear la ruta más allá de Ghana, lo cual debe ser apasionante, y nos hace mucha ilusión, por lo menos, intentarlo.


Elefante


Antílopes


Elefantes jugando


De acampada en la casa del guarda del safari


Mark el día de Navidad


Blanca el día de Navidad


Gente de allí el día de Navidad


El crepúsculo