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Del sur de Mauritania a Mali

Nouakchott, la capital de Mauritania, es una ciudad sorprendentemente tranquila. Fuimos a dar una vuelta por el Market Capital y, aparte de pequeños líos con tipos que querían cambiar euros por la moneda local, no hubo ningún problema.

Steffen estaba buscando unos zapatos como mis babuchas, pero esta es la tierra de las sandalias duras y las chanclas, así que no hubo suerte.

También es el sitio para comprar un Bo Bo, un vestido mauritano típico con pantalones holgados, normalmente blancos y un top azul celeste sin mangas con un bolsillo muy grande delante para llevar la moneda local, cuyo billete de más valor es de 1000 oogs, lo que equivale a más o menos 3 euros, lo cual hace que llenar a Grommet sea una experiencia curiosa, sobre todo, porque sólo aceptan dinero en metálico!

Aquí sufrimos nuestra primera intoxicación alimenticia, aunque creo que no era más que un microbio, ya que a la pareja holandesa, Sietzke y Aeron, les pasó lo mismo, aunque no habían comido con nosotros. Lo más extraño era que Blanca, que normalmente tiene un estómago de hierro y nunca se pone mala, tuvo que salir corriendo al baño en el ciber-café entre e-mail y e-mail. Por suerte, esto sólo duró un día.

Obtener el visado para Mali fue fácil, y mientras estábamos en la embajada, nos encontramos a Stephano, que también está de camino a Mali.

Decidimos dejar de visitar Senegal a cambio de explorar más de Mauritania. La mayoría de la gente usa Mauritania como tránsito entre Marruecos y el resto de África, lo cual es una pena, ya que es un país precioso, fantástico e intacto, en el que la gente parece muy relajada, cosa que se agradece. El paisaje es maravilloso, con arena, desierto y dunas por todas partes.

En Nouakchott cambiamos nuestros dos motoristas alemanes, Steffen y Lilli, por otros tres motoristas alemanes, Tobias, Luisa y Jan, la pareja holandesa y cuatro tipos alemanes en una camioneta Mercedes y una furgoneta también Mercedes.

Salimos de Nouakchott en convoy y fuimos por la Route d’Espoir de camino a Tidjikja, con la esperanza de ver los últimos cocodrilos que sobreviven en el Sahara. Fue extraño pasar la primera noche en el desierto todos juntos, y preparar la cena con Bob Marley de fondo.

A la mañana siguiente, como es habitual, se nos unió un grupo de niños de la zona a los que entretuvimos jugando con un disco volador y echando pulsos.

Después de más camino por el caluroso desierto y de otra noche al fresco con los hippies y los motoristas, se vio que estos últimos tenían problemas, se estaban quedando sin gasolina, por lo que a lo mejor iban a tener que dar la vuelta. Afortunadamente, yo tenía dos bidones llenos que me sobraban, lo que significaba que iban a poder seguir por lo menos hasta los cocodrilos.

Dejamos la carretera hacia Dar es Salam, una ruta descrita como fácil con alguna parte de arena, cuando en realidad era blanda y arenosa con algunas partes duras, y no se mencionaba el bosque de berzas ni los numerosos campings de la ruta.

Sorprendentemente, fuimos más rápido que los motoristas. La pareja holandesa y los alemanes tuvieron que dar la vuelta al empezar la ruta a causa de la arena blanda, y llegaron a Dar es Salam a la puesta de sol. Paramos y esperamos a que llegaran los tres motoristas rodeados por la mitad del pueblo.

Logramos hacer entender a los aldeanos que no teníamos ningún problema, que no necesitábamos un guía, que no teníamos bolígrafos, comida ni “cadeaux” para todos, pero que estábamos esperando a tres motos, y cuando llegaron se nos unió el resto del pueblo, así que fue todo un espectáculo para todos!

Cuando pudimos, nos fuimos del pueblo para acampar y pasar la noche, y por la mañana ir en busca de los cocodrilos.

Menudo paraíso acampar en un oasis rodeado de palmeras en una garganta rocosa, con pan fresco que nos traía cada mañana Sidi Ahmed, un chico de la zona.

Algunos de por aquí se pasaban a vernos y a pasar el rato antes de volver con las cabras, así que esto parecía una especie de Gran Hermano mauritano.

Los alemanes tenían muchos problemas con sus equipos de alta tecnología. Como dice Tobias: “el desierto lo jode todo”.

Blanca y yo los dejamos arreglando sus cosas y nos pusimos en camino hacia el valle, esperando ver algún cocodrilo. Después de andar algunos kilómetros, llegas a un grupo de charcas rodeadas de enormes rocas llenas de peces bordeadas de huellas de cocodrilo, pero no había cocodrilos!

Mientras subíamos las rocas, casi aterrizo encima de un enorme lagarto Monitor del tamaño de Blanca, más o menos. Afortunadamente, estaba tan sorprendido como yo, por lo que huyó y se escondió. A continuación, sorprendí a un cocodrilo pequeño mientras íbamos de vuelta al campamento, que se metió de un salto en su charca y se fue antes de que Blanca lo pudiera ver. Después de un día perezoso y de relajarnos en el campamento a más de 40 grados, Jan, uno de los alemanes, y yo nos pusimos en marcha decididos a ver un cocodrilo. Estaba todo muy tranquilo, con los peces saltando y los pájaros volviendo a sus ramas, pero seguíamos sin señales de los cocodrilos, sólo conseguimos ver uno en su charca esperando a que algo o alguien se acercara lo suficiente como para hincarle el diente.

Con las motos escasas de combustible y nosotros casi sin agua, era hora de ponerse en marcha y abandonar este precioso lugar. Salimos temprano para aprovechar la arena más fresca y dura antes de que el calor del día la convirtiera en polvo, y a todos nos sorprendió la diferencia, una ruta que unos días antes nos llevó tres días atravesarla, ahora se pasaba con relativa facilidad en una hora.

Seguimos hasta Kiffa con la esperanza de conseguir algo de combustible por el camino, pero por desgracia, lo único disponible era diesel, y una de las motos se secó con todavía 60 km. que recorrer. Dejamos a Tobias y a su mujer en el desierto, con algo de comida y agua, y continuamos con Jan hasta Kiffa. La moto de Jan se paró dos km. después, así que tuvimos que atar la moto a la parte de atrás de Grommet y llevarle a remolque todo el día. Por suerte para todos, pudimos repostar en Kiffa, si no, nos habríamos quedado todos allí! Jan se fue a rescatar a los otros, mientras nosotros nos instalamos en el único Auberge de la ciudad con camping esperando a que regresaran.

Tuvimos una comida muy decepcionante en el Auberge, pero era la primera carne que comíamos desde que salimos de Marruecos.

Al día siguiente, decidimos recorrer los tres km. que había hasta la ciudad andando, solo que en realidad los tres km. resultaron ser diez, pero por suerte, el encargado del Auberge pasó por allí y nos llevó. Kiffa es una típica ciudad mauritana, con un caótico laberinto de tiendas pequeñas y calles. Las únicas verduras frescas disponibles eran patatas y cebollas. Nos estamos aficionando a hacer apetitosas comidas sólo con estos ingredientes, aunque se agradecería alguna receta.

Mientras estábamos con Ahmed, un vecino, le pregunté si sabía dónde encontrar te mauritano, y nos sorprendimos cuando nos invitó a la casa de su familia y preparó te para todos, lo que fue un momento muy especial para nosotros, y enseguida, se nos unió toda su familia, o más bien, las tres familias que vivían allí. Además del te, compartimos cacahuetes que habíamos comprado en el mercado, y estuvimos viendo la MTV mauritana.

De nuevo era hora de ponerse en marcha, ya que Mali y el África negra nos llaman.

El desierto está empezando a dar paso a maleza árida y pastos secos, y el ganado parece un poco más lustroso, ya no es un saco de huesos recubiertos de piel.

Tobias estaba preocupado por los extraños ruidos que hacía su moto, que sonaba más como una máquina de coser que como una moto grande de un cilindro. Después de una extraña llamada de Steffen y Lilli, los alemanes decidieron remolcar la KTM estropeada hasta Bamako, en Mali, a 600 km., la mayoría de los cuales son de pista dura.

Es difícil ver nuestras vidas anteriores en el gris, húmedo, frío y triste Londres mientras nos preparamos para otra Navidad. En vez de estar leyendo e-mails con nieve, haciendo pasteles de Navidad, puddings, o comprando regalos a temperaturas de menos de diez, viajamos a través de una especie de utopía a 40 grados a la sombra rescatando motoristas alemanes, rodeados de extrañas y maravillosas vistas en un país en el que la Navidad con su consumismo extremo no aparece en el calendario islámico, y nuestra mayor preocupación es cómo convertir cebollas y patatas en algo apetecible, y si habrá gasolina en Mali.

 



Al fresco con los hippies


"Born to be wild"


Pueblo en el desierto


¿Dónde están los cocodrilos?


Cocodrilo Dundee


De acampada en el paraíso


De acampada en el paraíso


Kiffa, y por fin gasolina!


Nosotros


Luisa haciendo pan


“El desierto lo jode todo”


Cavernícola


Todavía en los arbustos


Algunos de la zona


Más vecinos


Baobab joven en flor


Baobab joven en flor


Próxima parada para Grommet, Mali