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Mauritania

Camping Mousaffir, Dakhla. Está lloviendo! Sí, nosotros tampoco nos lo creemos. Por suerte, conseguimos arreglar el pinchazo, revisar a Grommet, hacer la colada, y todo el lunes, cuando hacía demasiado calor para irse. Aquí conocimos a una pareja de alemanes, Lilli y Steffen, que están siguiendo una ruta parecida a la nuestra, pero en moto. Lilli tiene una KTM y Steffen una BMW.

Puesto que su intención es seguir la misma ruta costera que nosotros, a través de Mauritania hasta Nouakchott, pero sin tener la capacidad de depósito para más de 500 km., decidimos asistirles y hacer de camión de apoyollevando su reserva de combustible y de agua a cambio de tener un par de manos más si nos quedábamos atascados. Lo normal en esta ruta es que la gente use un guía, pero por no hacer ese gasto, decidimos que teníamos suficientes puntos en el GPS, y con el mar a nuestra derecha, no podía salir nada mal. Nos levantamos más o menos temprano, y después de despedirnos de Stephano, un italiano muy simpático y servicial que vive en España y que está de viaje por esta parte de África, ya estábamos listos para salir.

La primera parada era una gasolinera para repostar, y ya que la gasolina estaba a medio euro el litro, lo llenamos absolutamente todo, incluso 30 litros más para Lilli y Steffen. Quedamos en encontrarnos en la última gasolinera antes de la frontera y acampar por allí para cruzar la frontera temprano. Con algo de adelanto, llegamos temprano a la última gasolinera, a pesar de haber tenido que parar para quitar todas las langostas muertas, moribundas y decapitadas que obstruían la rejilla de delante.

Para colmo de desgracias, me di cuenta de que la temperatura del motor estaba subiendo al haber encendido el ventilador eléctrico, lo que puso a una langosta en estado de licuación – una visión no muy agradable. Con la rejilla ya libre y la red en su sitio, ya no hubo más problemas, por suerte, tan sólo el olor de las langostas cociéndose sobre el motor caliente.

Por fin la gasolinera. Se me ocurrió decirle a otro viajero que estábamos esperando a una pareja en dos motos, y me contestó que ya habían pasado por allí hacía diez minutos, así que nos pusimos a “perseguirles”. 50 km. después no había rastro de ellos, y el final de la carretera a sólo 20 km. de distancia, por lo que paramos a decidir qué hacer, si volver o seguir. Y como suele pasar en estos casos, estábamos sin cobertura en el móvil! Afortunadamente, conseguí parar un Toyota que pasaba lleno de mauritanos, para preguntarles por nuestros amigos, y todo para que nos dijeran que estaban al final de la carretera en la frontera! Habían dado por hecho equivocadamente que la última gasolinera estaba al final de la carretera. En fin, por lo menos los encontramos y nos pusimos a buscar un lugar tranquilo para acampar y pasar la noche al fresco, una vez más, y dormir bien.

La ruta está minada entre Marruecos y Mauritania, por lo que hay que tener cuidado con donde paramos a mear. Dos turistas españoles murieron cuando se arriesgaron a ir por fuera de la pista, y los restos de un Land Rover están todavía ahí a unos cientos de metros de la pista como recordatorio escalofriante de lo que podría ocurrir. Cruzar la frontera marroquí había ido sin complicaciones, sin nada del caos de Ceuta. Después de pasar los restos del Land Rover, llegamos al primer puesto de la frontera mauritana, poco más que una choza de piedra con dos guardias entretenidos en secar sus Kalashnikov después de la lluvia de la noche anterior. Grommet despertó la curiosidad de uno de ellos, ya que nunca había visto un 101, y debido a nuestro flojo francés, se imaginó que lo había construido yo mismo, por lo que estaba muy impresionado. Con todo arreglado, llegamos al siguiente puesto de control, en esta ocasión, para un control de policía y aduanas. Tomaron nota de todo, sellaron el Carnet de Passage, y echaron un ojo al interior del camión, más por curiosidad que por otra cosa. Pagamos diez euros a la policía y otros diez a la aduana, y ya podíamos seguir, así de sencillo! Tan sencillo que nos sorprendió bastante que no buscaran alcohol, contrabando o cosas así.

Lo siguiente era más ruta minada. Blanca y Steffen tenían puntos de GPS para el recorrido, pero todavía estábamos un poco nerviosos por las minas, sobre todo, porque el camino no estaba del todo claro, con pistas convergiendo y divergiendo todo el rato. También hay un trozo “pavimentado” corto llamado “la carretera española”, por los que la construyeron, y habría sido mejor que no se hubieran molestado, porque se parece más a una pista de rocas alquitranada que a otra cosa! Al final, llegamos a la vía del tren de Ore a Choum, lo que señalaba el final de la parte minada. Cruzamos la vía y seguimos por la nueva carretera de asfalto a Nouadhibou.

Camping Abba en Nouadhibou y un anticipo de la verdadera África. Los habitantes son más africanos que árabes, los hombres son muy guapos y las mujeres increíbles. Después de aparcar e instalarnos, apareció un tipo en un viejo Renault, una especie de oficina de cambio móvil, así que tuvimos ocasión de deshacernos de los últimos dirham y cambiarlos por la moneda local, el Ouguiya. El dirham es ilegal fuera de Marruecos, pero no parecía importarle a la gente de Nouadhibou, y además conseguimos un buen tipo de cambio. Al ser jueves, y siendo el viernes el equivalente árabe a nuestro sábado, además de ser este fin de semana el final del Ramadan, todo iba a estar cerrado durante tres días, así que nos teníamos que dar prisa. Lo primero fue ir a la oficina aseguradora al otro lado de la calle a por un seguro para Grommet. Creo que en caso de accidente, esto es un ejemplo de “no nos llames, llamamos nosotros”, pero aún así era barato. Lo siguiente fue la oficina de cambio, para cambiar más dinero y obtener un recibo oficial por si necesitamos otro más adelante, y a continuación fuimos a la oficina del Parque Nacional Banc d’Arguin a por un pase de dos días, antes de ir finalmente al mercado a por provisiones.

Estábamos muy sorprendidos por lo tranquilo que es este sitio, sobre todo, después del jaleo de Marruecos, y más concretamente, el mercado, donde éramos los únicos turistas. Vimos a una mujer preparando lo que parecían pequeños donuts redondos, y como teníamos un poco de hambre, nos lanzamos y compramos ocho, estaban muy buenos, muy calientes e igual que los donuts, así que volvimos a por más y sorprendimos a la mujer pidiendo 20. Llevó su tiempo, y algo de ayuda de los transeúntes, convencerla de  que sí que de verdad queríamos 20 donuts.

Si eres de los que usan tarjetas de teléfono, Mauritania es el paraíso de las tarjetas de teléfono, todo el mundo las vende!

En el camping, dudamos acerca de intentar cruzar el desierto hasta el parque nacional, y luego seguir por la playa. Al final decidimos intentarlo. Si el camino era intransitable a causa de a la lluvia, siempre podíamos dar la vuelta y coger la carretera. Efectivamente, debido a la lluvia, la primera parte del camino era intransitable al estar inundado, así que fuimos por la carretera principal durante 70 kms. y después nos desviamos hacia el desierto. Teníamos puntos de GPS para el camino, así que nos dirigimos al primero, y luego no era cuestión más que de unir los otros puntos. Evidentemente, las motos iban a mejor ritmo que nosotros, tanto por el desierto rocoso como por la arena mojada más blanda, pero conseguimos ir al paso, a pesar de tener que parar frecuentemente para que Grommet se refrigerara. Observamos con asombro cómo un zorro pequeño del desierto, que se sentía valiente y celoso de su territorio, embestía la moto de Steffen y después se iba corriendo a las montañas!

Después de un duro día conduciendo y con otro más por delante para cruzar las dunas, paramos a pasar la noche a la sombra de una duna muy alta. El menú para la cena era cous cous con verduras al curry, regado con whisky marroquí. La inmensidad y belleza de esta zona corta la respiración, aunque los vehículos accidentados esparcidos por el paisaje y los huesos de los desgraciados que han perecido allí te recuerdan los riesgos que corres.

A la mañana siguiente, nos volvimos a levantar temprano y cruzamos las dunas, aunque antes había más desierto variado y duras llanuras rocosas. A Lilli y Steffen les  preocupaba cruzar las dunas con las motos tan cargadas. Cruzamos la primera, y supuestamente la más dura, con facilidad, a pesar de que Grommet tuvo que ir por la arena blanda llena de baches.

Todavía quedaban tres, y al tener ya más confianza, las dos motos desaparecieron a lo lejos, en dirección al siguiente punto, el cual, de algún modo, perdimos, llegando al siguiente punto por otro camino. Viendo las huellas de las motos en la arena, seguimos sin darnos cuenta de que nos estaban esperando en el punto 14, pero ya habíamos cruzado la cuarta y última duna, y estábamos en el punto 16 en la llanura antes del pueblo y la playa.

Desgraciadamente, no había rastro de Lilli y Steffen, por lo que decidimos parar y esperar, puesto que les era más fácil a ellos encontrarnos que a nosotros encontrarlos. Una hora después, por fin aparecieron, sorprendidos y contentos de vernos, igual que nosotros de verlos a ellos. Después de este incidente, se aseguraron de no perdernos más de vista. Después de 350 km. de conducción por el desierto a nuestras espaldas, llegamos al pequeño pueblo pesquero de Nouamghar. Aquí se comprueban las entradas para el parque, y después intentamos comprar algo de pan, pero en seguida nos rodearon los niños del pueblo pidiendo “cadeaux”, “bombon” y “stylo”. Puesto que no había pan hasta las cinco, nos fuimos, con los niños corriendo detrás intentando subirse detrás de Grommet, así que después de meter un poco de velocidad, llegamos al control de policía. Una vez acabados los trámites, nos dirigimos a la playa para pasar la noche.

El camino de la playa sólo se puede coger una vez que ha bajado la marea, lo cual en esta época del año, ocurre entre tres y siete de la tarde. Por fin, pudimos estar más tiempo en la cama, por primera vez en mucho tiempo, y bañarnos en el mar esmeralda. Esto es un paraíso, y no hay un bar a la vista. Hay mucha vida salvaje en esta parte del parque nacional, así como vida marina y aves. Vimos perros marinos tan cerca de la orilla que los podíamos haber pescado con nuestras propias manos. A la cena se acercaron los ratones del desierto, a los que no parecía importar nuestra presencia, y estaban encantados de estar por medio toda la noche, buscando trozos de manzana, pan y patatas. También había cangrejos, pelícanos y flamencos. Tuvimos cuidado de no irnos muy lejos nadando porque en esta zona hay una abundante población de tiburones.

Puesto que teníamos tiempo libre, nos pusimos a arreglar la KTM de Lilli, que tenía rota la patilla. Por suerte, pudimos sacar el tornillo viejo con el taladro y poner uno nuevo. De nuevo, el invertor demostró por qué está ahí. A eso de las 2’30 de la tarde ya había suficiente playa dura sobre la que conducir, así que nos pusimos en marcha otra vez. De nuevo, las motos eran más rápidas, así que acordamos encontrarnos en el primer camping, justo en las afueras de Nouakchott.

La conducción por la playa fue increíble, y la orientación sencilla, tan sólo tienes que mantener el mar a tu derecha. Grommet iba muy bien por la playa dura, pero las zonas de arena blanda eran muy lentas. Era una carrera contrarreloj, ya que el tiempo y la marea no esperan a nadie, y Grommet no está para competir.

De vez en cuando, hay pequeños pueblos pesqueros con barcos de colores llamativos, y siempre hay que estar pendiente de los cabos que sujetan los barcos a la orilla. Queríamos evitar llevarnos un barco, así como las dos motos. Hubo un momento en que al pasar por una zona rocosa de la playa la subida de la marea nos salpicó, mojando todo el camión, pero por suerte, pudimos seguir, si no, la historia habría sido muy diferente!

Algunas zonas de la playa tienen pequeñas dunas, lo cual crea una sensación de carrera de obstáculos y un efecto balancín en Grommet. Si se toman muy rápido, Grommet sale por los aires, con sus 4.5 toneladas!

Ninguno de los dos podía creer lo bonita y arrebatadora que es la última fase del Sahara. Llegamos a un camping, así que lo conseguimos, habíamos cruzado el Sahara y estábamos sanos y salvos.

Grommet sigue entero, y el voltímetro que había dejado de funcionar ya lo hace de nuevo. Una de las soldaduras del parabrisas se ha roto, así que está suelto, con casi todos los tornillos perdidos o flojos, pero lo habíamos conseguido.

Para celebrarlo, tomamos pescado recién cogido con patatas y cebollas en el restaurante del camping, con el acompañamiento de música folk alemana que el chef dio por hecho que le gustaría a Steffen y Lilli…me parece a mí que no!

A la mañana siguiente fuimos a otro sitio, Auberge Menata, justo en el centro de la ciudad. Este albergue nos la había recomendado Ibrahim en Agoudal, en las montañas del Alto Atlas en Marruecos. Aquí nos encontramos con un grupo de alemanes y una pareja holandesa en dos autocaravanas Mercedes, una camioneta y tres motos KTM. Probablemente pasaremos aquí unos días para hacer las revisiones habituales, realizar reparaciones, lavar la ropa, visitar el cibercafé y obtener los visados para Mali, como preparativos para la siguiente etapa del viaje



De acampada en Dakhla


Autoestopista


Antes de las minas


Desierto


Steffen, Lilli, nosotros y más desierto


Atravesando las dunas


Cocinando en la playa


Invitado a la cena


Puesta de sol en la playa


El camino por la playa