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Dejamos Marruecos

Nos vamos acostumbrando a nuestra nueva vida errante, cargando y descargando a Grommet, montando y levantando el campamento mientras vamos de un sitio a otro, probando nuestros nuevos artilugios sobre la marcha, el generador, la tetera Kelly, que va muy bien, incluso con excrementos de camello, y el toldo y los lados, que  sobrevivieron a nuestra primera tormenta de arena!

Ahora también me estoy empezando a acostumbrar a no poder leer en el baño, esos momentos de paz con una revista Land Rover Owner lejos de la esposa. Aquí en el norte de África los baños normalmente son de los de agacharse y no rozar, y no estar más tiempo del necesario, así que la lectura es para los valientes o los acróbatas. Además, siguiendo con el tema de los baños, lo normal es no pasar el rato sólo con los omnipresentes mosquitos y moscas, sino también, como me pasó a mí, con gecos, y lo más alarmante hasta la fecha, con un sapo enorme durante una excursión nocturna. Supongo que tendría que haber cerrado la puerta!

A Blanca “la diosa de la casa”, según sus propias palabras, le está costando hacer frente a la plaga de moscas de este año, causada al parecer por la cosecha de esta época. A pesar de tener dos palmetas preparadas para cualquier ocasión, Blanca se está planteando poner una red metálica para las moscas.

Nuestra estancia en el Auberge d’Or está llegando a su fin, y debemos irnos si queremos llegar a Ghana para Navidad. La vida es tan tranquila que podríamos pasar el año aquí sin ningún problema, aunque tendríamos el lío de cambiar el nombre de la página web por el de Merzouga-total. Con el tiempo que hemos tenido para investigar, la siguiente etapa de nuestro viaje ha variado, y el nuevo plan es pasar a través de Mauritania hasta Senegal. Creemos que no se permite la entrada en Senegal a coches de más de siete años, aunque parece que hacen excepciones con los extranjeros con un Carnet de Passage en su vehículo. Después, esperamos poder seguir por Mali, Burkina Faso, hasta Ghana.

Estábamos los dos muy tristes por abandonar las dunas de Merzouga, sobre todo, después de que nos invitaran a pasar la última noche en la casa familiar de Hamid, y formar parte de las celebraciones post-Ramadan, con dátiles, pasteles, sopa y, después de una vuelta por el pueblo, tagine. Después nos invitaron a pasar la noche en The Panorama, el único albergue de la zona en lo alto de una colina. Un lujo después de pasar las últimas semanas dentro de Grommet.

Después de una noche en la naturaleza de camino a Zagora, nos sorprendimos de ver a Hans y a su mujer, holandeses, a quienes habíamos conocido en Casablanca, de camino a recoger a un amigo en Marrakech.

Desde Zagora pusimos rumbo al oeste por las pistas hasta Foum Zguid.

Mientras Blanca preparaba la cama para otra noche en la naturaleza, yo aproveché para mear, y sólo después de coger la linterna me di cuenta de que había estado a medio metro de distancia de una víbora con cuernos, la única serpiente de verdad venenosa de Marruecos.

Los días en la carretera con varios cientos de kilómetros por pistas duras estaban empezando a pasar factura, los dos parecíamos un par de granujas, y Grommet también se estaba empezando a resentir del esfuerzo, todavía no había conseguido que el combustible pasase entre el depósito auxiliar y el principal, el motor todavía pierde aceite, y ahora también agua, el cable del cuentakilómetros se ha soltado y, para colmo de males, sufrimos nuestro primer pinchazo. Mientras cambiábamos las ruedas al borde de la carretera, nos sorprendió la cantidad de gente que se ofreció a ayudarnos, incluyendo dos camiones llenos de soldados. Para cuando llegamos a Fort Beu Jerif por más pistas estábamos hechos polvo. Aquí es donde conocimos a Nicolas y Anne Marie, una pareja de Bélgica de vuelta de Burkina, Mali, Senegal y Mauritania. Pasamos una agradable velada cenando con ellos en el restaurante de FBJ, escuchando a Ella Fitzgerald, y recabando información de lo que nos aguarda, adonde ir y adonde no ir de ninguna manera! A la mañana siguiente, nos despedimos, ellos se iban temprano, e intercambiamos mapas y referencias.

Apareció un enorme camión Volvo con matrícula alemana con lo que se puede calificar como una casa en la parte de atrás, con una pareja suiza con un mowag amarillo reluciente hecho en Suiza (es como un Unimog, pero suizo), que se habían encontrado un perrito en el desierto y estaban deseando dárselo a alguien que lo acogiera, ya que no se lo podían llevar de vuelta a Suiza, por lo que su suerte parecía estar decidida. Hubo que tomar una decisión instantánea. Blanca no estaba segura de aceptar la responsabilidad, así que al final Nicolas y Anne Marie añadieron el cachorro a sus otros dos perros y se fueron.

Solos de nuevo y arrepintiéndonos de haber dejado ir el perrito, nos pusimos con nuestras diversas tareas, Blanca con otro montón para lavar, y yo, por mi parte, me puse con Grommet, cuando no tenía que hervir agua para los diferentes lavados. Lo primero fue arreglar la rueda pinchada, no tenía un clavo, como pensé al principio, sino una piedra muy afilada. Metí un tubo de mi surtido, y problema solucionado. El problema del bombeo de combustible al final resultó ser un tubo aplastado durante el montaje de la parte de la cama y el almacenaje, así que poniendo con cuidado el gato, pude soltarlo y pasarlo por otro sitio sin problema.

Al día siguiente, después de subirme al techo, y comprobar y apretar todo, nos pusimos en marcha por más pistas duras. Esa noche, después de una tranquila cena de tagine de camello y crepes de miel, un grupo de 26 moteros de Bélgica nos invitaron a unirnos a ellos para ver unas diapositivas de su viaje. Parece que Bélgica se debe haber quedado vacío durante la semana, porque parece que todo el mundo está aquí en Marruecos. Esta gente había volado hasta Agadir, habían cogido sus motos, y habían hecho un viaje por el sur de Marruecos por las pistas, y una semana después volvían a casa. Lo pasamos muy bien con ellos, y Sus, el fotógrafo, había hecho fotos muy buenas. Después de tomar demasiado vino, acompañado de una botella de ginebra holandesa como obsequio, era ya hora de acostarse y, con un poco de suerte, levantarnos temprano a la mañana siguiente. Por desgracia, para cuando nos levantamos por la mañana, ya habían salido para Añadir rumbo a casa.

Esperamos que hayan tenido buen viaje. Nuestros esfuerzos por reducir nuestra reserva de alcohol no parecen dar resultado, y ahora hay que añadir una botella de ginebra, así que estamos montando un bar muy surtido! Será curioso llegar a la frontera de Mauritania, donde no se permite nada de alcohol.

Una última cosa mientras escribo esto junto al mar que rompe en la orilla llena de barcos naufragados justo debajo de nosotros.

La policía de Marruecos que nos hemos encontrado hasta el momento ha sido sumamente educada, correcta y cordial, sin líos ni peticiones de dinero extra. Me pregunto si será igual en el resto de África…



Adiós a Merzouga


Con Hans y su mujer


Otra vez por las pistas


Cuidado con las serpientes


Blanca junto al mar


Vadeando


Buque naufragado


Otro naufragio


Por encima de los naufragios