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Destino África – Marruecos

A pesar de que el plan era irnos temprano, al final no salimos de La Cala hasta las 12 del mediodía, con dirección a Algeciras, y al ferry para Ceuta, en el Marruecos español.

Hacía un día magnífico, con un cielo azul radiante, mucho sol, y lo más importante de todo, un mar en calma. Un par de horas después llegamos al puerto, ya con los billetes que habíamos comprado por el camino. Allí, el baño de caballeros estaba tan oportunamente cerrado que no había más remedio que ir al de señoras, donde fue bastante desconcertante ver unas cuantas cuchillas de afeitar desechables! Tal vez el servicio de caballeros llevaba inutilizado bastante tiempo, o tal vez no…

La travesía en el ferry fue muy rápida, en un catamarán de alta velocidad, por lo que media hora después estábamos en África. Como era domingo, y comienzo de Ramadan, el paso de la frontera entre Ceuta y Marruecos fue el más tranquilo que hemos vivido en nuestras tres visitas anteriores, y sin el caos habitual. Con los pasaportes sellados, con Grommet inscrito en el mío, y los supuestos oficiales con su correspondiente propina, la siguiente parada era la aduana. Hasta aquí todo bien. Aquí es donde empezaba lo bueno. En primer lugar, el oficial de la aduana no reconocía el 101, así que tuvo que llamar a su jefe para que le diera una segunda opinión, y como era un domingo tranquilo, en seguida tuvimos a todos los oficiales de la aduana inspeccionando a Grommet. Tras asegurarles que era un Land Rover, y estar de acuerdo en que sí que era de verdad un Land Rover, el siguiente problema eran los contenidos. Todos estaban deseando mirar lo que había dentro, y se quedaron muy asombrados al ver un muro de cajas, por lo que tuvimos que descargar y abrir unas cuantas, y explicar que vamos a viajar por África durante un tiempo y que necesitamos mucha ropa. Las cajas contenían ropa usada, mantas, y ropa de niño para un pueblo del Atlas, y por desgracia, la primera caja que abrieron era precisamente de ropa de niño, así que a ver cómo explicábamos eso! Una vez que todos habían  mirado y comprobado todo murmurando en árabe y francés, nos permitieron seguir, pero sólo cuando quitáramos la innecesaria antena de la radio. Por fin libres!

Decidimos seguir la ruta de la costa, con Grommet de nuevo esforzándose en cada fuerte pendiente, una tras otra, lo cual hace que te pares a pensar con que facilidad nos estamos dispuestos a viajar por el planeta cuando ves mucha gente apiñándose en la frontera esperando a que oscurezca para huir a Occidente, mientras nosotros estamos aquí huyendo de Occidente buscando una vida mucho más sencilla en la carretera.

Nuestra primera parada iba a ser Asilah, en la costa, y el camping Echrigui.

Nuestra misión era comprar y enviar a Londres dos pares de babuchas negras (zapatillas típicas de Marruecos) para David, y comprar un par para mí. En mi opinión, Asilah tiene las mejores babuchas de todo Marruecos.

Ya era hora de tomar nuestro primer te con menta marroquí, y de observar a la gente que pasaba. Después volvimos al camping para acostarnos temprano, y para ver la lluvia por primera vez en dos meses y medio.

Nuestra siguiente parada era Casablanca, para conseguir nuestros visados para Mauritania.

Es curioso cómo, en un viaje en el que dependes tanto del vehículo, te llegas a acostumbrar a todos los ruidos, vibraciones, o sonidos que emite este, así que cuando paras y oyes un extraño zumbido procedente de la parte de atrás, lo primero que pensé fue que la nevera ya se había estropeado, pero no era más que el cepillo de dientes eléctrico de Blanca.

Casablanca. “¿Cómo encontrar un camping en el centro de una ciudad?”, se pregunta mucha gente!! El Camping Oasis hace honor a su nombre y está situado justo en el centro de un bullicioso barrio, y es una parada habitual de los viajeros, ya que la embajada de Mauritania está a la vuelta de la esquina.

A la mañana siguiente, justo a las 9, nos presentamos en la embajada, entregamos nuestros pasaportes, fotocopias y fotos, además de una importante suma de dinero, y nos dijeron que volviéramos a la una de la tarde para recoger los visados.

Como pasa en la mayoría de los campings en la ruta de los viajeros, esta era ocasión para intercambiar historias, direcciones de e-mail, números de teléfono satélite, así como para recabar información sobre los lugares y países que nos aguardan. También tuve la oportunidad de llevar a cabo algunas modificaciones. Blanca había hablado de agua goteando desde el inversor montado en el techo, parece ser que un pequeño agujero por el que pasar cables desde los faros montados en el techo no se había sellado bien, así que tuve que sacar el sellador de silicona. También hizo falta llenar el depósito auxiliar, porque un combustible precioso se salía por un tubo de ventilación, y eso había que remediarlo. No hubo más que sacar un tubo de la caja de los repuestos, enchufar el taladro al ya seco inversor, y voila, trabajo finalizado.

Casablanca es prácticamente igual que cualquier otra gran ciudad, pero con una forma de conducir muy particular: se trata de acercarse lo más posible a los otros coches pero sin llegar a contactar, así que por esta razón, porque los marroquíes están un poco locos, y también porque llevábamos sin comer nada desde por la mañana, decidimos coger un Petit Taxi para ir al centro a ver la medina y la mezquita Hassan II. La medina no es muy inspiradora, a no ser que vayas buscando cosas de Von Dutch o Nike falsas, y como la mayoría de los puestos estaban cerrados por ser temporada festiva, decidimos tomarnos otro te con menta en un bar tranquilo para huir del ajetreo. Sin embargo, la mezquita volvió a la vida, anunciando la puesta de sol, por lo que el tranquilo bar dejó de ser tranquilo, y empezó a aparecer por todos lados gente con comida, así que educadamente aceptamos un poco de leche marroquí típica y sopa de sémola con pastas de miel, y después nos vimos inmersos en una conversación en francés profundo con un par de tipos de la mesa de al lado que, al parecer, habían estado en Esaouira con Jimi Hendrix, oyendo canciones de los Beatles, y se pusieron a hablarnos de los peligros de la cocaína, y de que estábamos en el mismo sitio en que habían estado sentados Lauren Bacall y Humphrey Bogart durante el rodaje de “Casablanca”, y más tarde Brad Pitt y Michael Douglas, y que conocían a los Beckham. Puesto que se estaban fumando un porro enorme y no queríamos parecer maleducados dudando de la veracidad de la historia, optamos por disculparnos y marcharnos antes de que apareciera algún otro famoso.

Compramos algunos suministros en el mercado, además de una cocina a presión, así que ahora teníamos la oportunidad de probar la antigua cocina del ejército que, por suerte, también funciona con gasolina sin plomo.

Después de un poco de pirotecnia, por la que casi acabo en llamas, conseguimos finalmente dos buenas llamas. Es como cocinar sobre un par de motores a reacción. Además, aquí no hay nada que requiera hervir a fuego lento.

La siguiente parada era Agoudal en el Alto Atlas.

El paisaje de por allí corta la respiración, mientras subimos poco a poco por la arbolada  colina, y hubo un momento en que adelantamos a un camión todavía más lento que transportaba lo que parecía ser un Land Rover Serie I, pero era difícil estar seguro. La subida era bastante dura, así que paramos un rato para admirar el paisaje, y comer nuestro ya habitual almuerzo de uvas y plátanos. A los lados de la carretera había montones y montones de sacos de carbón preparados para el próximo invierno.

En Tizli n Izli, que suena a nombre de personaje de TV para niños, nos desviamos con dirección a Imichil. Esta carretera también está asfaltada, lo cual es muy distinto a como estaba la primera vez que vinimos por aquí y teníamos que ir a lo largo de los ríos adivinando qué dirección tomar.

Al pasar por el Albergue junto al lago pensamos parar y preguntar si todavía tenían el bolso y el maquillaje de Blanca del viaje anterior. El GPS indicaba que pronto nos tendríamos que desviar a la derecha y seguir la pista marcada en árabe hasta Agoudal. ¿Cómo lográbamos manejarnos antes?, pues preguntando a la gente a cambio de cigarrillos. En el Auberge de Ibrahim nos recibió Ibrahim.

La verdad es que el albergue ha cambiado mucho, con nuevas habitaciones, luz eléctrica, baños, y unas muy buenas duchas calientes que funcionan por gas traídas directamente de Francia, y casi se me olvida, con una dirección de Internet. Por fin pudimos dejar nuestro cargamento de ropa y de cosas para el pueblo, creo que estaba bastante abrumado con tanta generosidad. Ya se había puesto el sol, así que era hora para una sopa de fideos típica, seguida de tagine y queso, también traídos desde Francia, además de para ponerse al día de todas las noticias que todos teníamos para contar. Es increíble el frío que hace en el Atlas por la noche, y eso que sólo estamos en Octubre. La habitación era muy cómoda. El día siguiente empezó con una ducha muy caliente, y

ahora venía la verdadera prueba para Grommet, la ruta a través del Desfiladero de Dades, que es todo tierra.

En seguida descubrimos lo que pasa cuando te encuentras un camión viniendo en la otra dirección en medio de la montaña. El que viene hacia ti da marcha atrás, y eso puedo asegurar que no es para cobardes. Más de tres horas después estábamos de vuelta en la civilización, pasando por pequeños pueblos y fértiles valles, donde una vez más oímos a niños al lado de la carretera gritando “bombon”, “monsieur”, “stylo”, etc…

Un consejo rápido: si paras para dar bolígrafos, caramelos, dinero, etc… a los niños, lo que haces es fomentar la cultura de la mendicidad. Si quieres ayudar, y debo admitir que es difícil resistirse, lo mejor es llevar los bolígrafos, cuadernos, balones, caramelos, etc… al colegio del pueblo, para que los niños tengan lo que necesiten. Puede que esto ponga fin alguna vez a la mendicidad y a los casos aislados de arrojo de piedras.

Ya de vuelta a una carretera asfaltada, era momento de parar y celebrar la primera prueba de Grommet con un te de menta, y un almuerzo de Kalia, ensalada y fruta antes de acampar para pasar la noche. Al no tener ya cajas, ya podíamos usar el interior del camión. Nos sentamos a la vista de las montañas a la luz de la luna para actualizar el ordenador con el acompañamiento del ronroneo del ventilador del inversor.

A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, nuestros compañeros de acampada se ocupaban de pasar el aspirador a sus caravanas, eso sí que es lujo! Con Blanca al volante, nos pusimos de camino otra vez, por la carretera a Rissany. La verdad es que Blanca estaba haciéndolo admirablemente, teniendo en cuenta el peso y el tamaño de Grommet, y que no tiene dirección asistida, además de la dureza del terreno unido a su falta de experiencia, hasta que al doblar una curva estrecha con rocas a un poco de velocidad, nos vimos momentáneamente por los aires, aterrizando de golpe sobre un lado del camión. Afortunadamente, no hubo ningún daño, salvo una quemadura en la muñeca de Blanca causada por el volante, y un caso de orgullo herido.

La siguiente parada era Merzouga y la Dune d’Or. Por fin pude hacer una muy necesaria revisión a Grommet, y quitar los cuerpos de las langostas del pantano que habíamos atravesado.

Blanca se puso a hacer la colada usando nuestra lavadora a mano portátil, que la verdad es que funciona muy bien.

Mañana probaremos nuestro primer ciber-café africano antes de entrar en Mauritania, sin saber qué aventuras nos vamos a encontrar.



en el ferry


Asilah


Camping Oasis, esperando nuestros visados con unos nuevos amigos


Auberge de Ibrahim


Auberge de Ibrahim


la visión del conductor


en lo alto del Atlas


de acampada en el Desfiladero de Dades


día de colada en la Dune d’Or


el entretenimiento para las noches


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