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Israel y Palestina. No hace falta ser paranoico para vivir aquí, pero ayuda

Del 23 de abril al 7 de mayo de 2006

Con Egipto a nuestras espaldas, cruzamos los aproximadamente 300 metros de “tierra de nadie”, y paramos en la pesada valla amarilla de acero, que nos impedía el paso, con una de esas barreras hidráulicas con forma de queso en la carretera. ¡Esta no es una frontera que puedas cruzar tipo “James Bond con prisas”! ¡Paramos! Pero en vez de israelíes, se nos acercó un sofocado miembro de la policía turística egipcia que acababa de darse cuenta de que unos turistas acababan de cruzar la frontera sin su ayuda. Supongo que su trabajo debía consistir en guiarnos por el caos al que llaman formalidades de la frontera egipcia, y por supuesto, había llegado demasiado tarde. Tampoco me acordaba de que aún llevábamos la matrícula egipcia.

Ahora estábamos en uno de los países más paranoicos del mundo, después de Estados Unidos, claro. Una vez que los egipcios se habían ido, se nos acercaron algunos israelíes. Parecía que la frontera estaba totalmente atendida por jóvenes (de 25 a 30 años), vestidos informalmente, con pantalones de carga y polos, gafas de sol, cuanto más grandes mejor, todos armados con una pistola, y algunos con rifles de asalto M16. Era como si hubiéramos cruzado la frontera y estuviéramos por alguna razón en el plató de la última película de Tom Cruise de “Misión: Imposible”. Nos habían advertido, así que estábamos preparados para un largo interrogatorio, y para desmontar a Grommet. Pero por algún motivo, eso nunca tuvo lugar, hubo muchas preguntas sobre de dónde éramos, qué habíamos visto, qué hacíamos, cuál era la razón de nuestra visita, cuál era la relación entre nosotros, etc., etc. Estaban especialmente confusos por el hecho de que estuviéramos casados, y tuviéramos apellidos diferentes, yo aún era Whorlow, y Blanca aún era Ramos González. Les explicamos que los españoles no cambian el apellido, para pasar a los hijos un apellido de cada uno de los padres. Seguían sin estar convencidos, pero por suerte llevábamos el certificado de matrimonio justo para un momento así. Tras esto, todo salió realmente bien, quizás fuera porque nos casamos en Nueva Orleáns, ¡quién sabe! No hubo registros, tan solo un vistazo rápido, y nos pudimos ir. Increíble, esperábamos perder un día en cruzar las dos fronteras, pero en hora y media estábamos por la costa en dirección a Eilat.

Ahora estábamos en el extremo más meridional de Israel, que limita con tres poderosas naciones árabes, Egipto, Jordania y Arabia Saudí. Nos hacía falta ir de compras, después de los días en la playa, y comprobar la situación del ferry en un cibercafé. Eilat es el lugar favorito tanto de los israelíes como de turistas en viajes organizados, hedonista, libre de impuestos, y muy sobrevalorado. Tras tantos países islámicos, estábamos en estado de shock por estar de repente rodeados de toda esta gente semidesnuda. Era como si nos hubiéramos transportado a la Europa de los setenta, con los zapatos de plataforma, mini faldas, bikinis, botas hasta las rodillas, y estampados de flores, ¡y cualquier ocasión para enseñar la mayor cantidad de carne posible antes de que se volviera obsceno! Esto está bien si eres joven y estás “en forma”, pero muchas mujeres israelíes, en vez de envejecer elegantemente, han optado por el look de “estrella del porno” marchita, ¡con vestidos ajustados, con demasiado escote, y muchísimo maquillaje…!

Una visita a la oficina de turismo de la zona nos proporcionó una pequeña colección de mapas y guías para todos los lugares de Israel que queríamos ver. Al contrario de lo que decían las señales y nuestra guía, en realidad estaba bien acampar en la playa. Bueno, aparte de algún albergue con mala pinta en la ciudad, y los hoteles a más de 100 dólares la noche, la playa es realmente la única alternativa. Volvimos en dirección a la frontera y a la playa, y a pesar de que es una reserva natural, había bastantes tiendas de campaña por allí. Paré junto a unos motoristas para confirmar que no pasaba nada por acampar, y para preguntar sobre los problemas de seguridad en la playa, pero supongo que si eres de la sección israelí de los “Ángeles del Infierno”, ¡la seguridad es la menor de tus preocupaciones! Encontramos un sitio cerca de la carretera más arriba de la playa justo antes del Princess Hotel y de la Princess Beach, que aunque fuera una playa pública, tiene el lujo añadido de baños y una ducha, obviamente para los huéspedes del hotel, pero nos venía muy bien, era gratis, y muy limpia.

Como nuestro “sitio” estaba un poco expuesto y hacía viento, pusimos los dos lados del toldo por segunda vez en los últimos dieciocho meses, así teníamos un poco de cobijo y privacidad. En realidad, Israel se parece mucho a España, aparca tu solo en medio de ninguna parte, e inmediatamente estarás rodeado de grupos de lugareños metiendo ruido, de fiesta, ligando, acampando, y cocinando… ¡no hay paz para los malos!

Ahora, como aún estamos en el Mar Rojo, el buceo es fabuloso, y a pesar de que esta zona es una Reserva Natural, no llega al nivel del Sinaí y de Ras Mohammed, pero aún así conseguimos ver una increíble selección de peces y corales, incluido mi favorito, el precioso pero venenoso pez león. La verdad es que me parece bastante increíble que haya algo que ver todavía. Aunque había señales por todas partes en inglés, hebreo, e incluso, ruso, que pedían que la gente obedeciera las normas del parque, y utilizara las zonas indicadas para entrar en el agua, y no anduvieran por los corales, había gente andando por los corales, y ¿por qué cada familia que para en la playa tiene que tirar piedras al mar? Sé que la playa no es tan impresionante, y que se parece bastante a un solar, pero más allá de la orilla hay un mundo increíble de color y animales marinos, y no hacen falta más que unas gafas de bucear para verlo.

Una tarde, un grupo de jóvenes judíos ortodoxos llegaron de Jerusalén para darse un baño, y para echar un ojo. Después de un rato, decidí prestarles nuestras gafas de bucear y los tubos para que pudieran ver mejor el arrecife y los peces, y vieran lo que se estaban perdiendo. Estaban tan embelesados que siguieron buceando incluso después de que anocheciera. Estaban muy entusiasmados, y nos lo agradecieron mucho. Después de este éxito, le presté las gafas de bucear y los tubos a una familia judía ortodoxa al día siguiente, con resultados similares. Nos estábamos planteando abrir una tienda de alquiler, o poner en marcha un club, “¡los Buceadores del Muro de las Lamentaciones!”

Tan solo llevábamos en la playa un par de días, y nos estábamos relajando una tarde, cuando recibimos un mensaje de texto de los “contables”, que decía que había habido tres bombas en Dahab, con varias personas muertas y muchas heridas. Entonces de repente se armó la de Dios es Cristo. La frontera de allí cerca fue cerrada por razones de seguridad. Había riadas de coches de policía, vehículos militares y muchísimas ambulancias, con sirenas gimiendo, y luces brillando, para recibir a los heridos (Dahab es un destino bastante frecuentado por los israelíes, ya que está justo en la costa, y ¡los siclos dan para bastante más en Egipto!).

Mientras todo esto tenía lugar en la frontera, en la costa una lancha cañonera de la marina israelí patrullaba detenidamente explorando el agua con su potente reflector. Entonces justo al otro lado de la bahía, los jordanos o los saudíes decidieron probar sus armas, y empezaron a disparar bengalas y salvas con indicadores rojos por la bahía. Si no hubiéramos recibido el mensaje de texto, habría sido difícil no imaginarse que había empezado la Tercera Guerra Mundial, o que George Bush había hecho otro movimiento estúpido en Oriente Medio. Por la mañana, hablamos con un par de tipos que estaban acampados cerca, y sabían mejor qué había pasado. También era increíble pensar que si el pasaporte de Blanca no hubiera estado tan próximo a la fecha de vencimiento de seis meses, ¡podíamos haber estado justo allí!

Un día o dos después, Tom, Jan, y un amigo de ellos de Sudáfrica se nos unieron en la playa para pasar una noche, fue estupendo verles de nuevo, y oír sus noticias, y enterarnos de sus planes en constante cambio…

Así que si hay alguien ahí fuera que quiera un Toyota Landcruiser, preparado para expediciones, con matrícula de Botswana, sé de un buen ejemplar en venta, y que actualmente está en un porta contenedores en dirección a Sudáfrica.

Al final, tuvimos que guardar las gafas de bucear y los tubos, e irnos de la playa. Fue difícil marcharse, cada chapuzón en el mar dejaba ver nuevos y fascinantes peces, era una tierra mágica, y cuanto más tiempo pasaba en el agua, mis oídos más se acostumbraban a la presión. Así que bastante tiempo después de la fecha de salida planeada, salimos hacia el Mar Muerto, ¡allí no hay posibilidad de bucear…!

Al dejar la costa y meternos tierra adentro, las temperaturas empiezan a subir, mientras nosotros empezamos a bajar. Por todas partes, el paisaje desértico parece estar muriéndose de sed, y entonces te encuentras por casualidad con un pequeño bosque de palmeras, pero esto no es ningún oasis, es una plantación artificial con los árboles en filas ordenadas y cuidadas, y regadas artificialmente. Después están los establecimientos ganaderos de producción intensiva con ganado vacuno, cordero, leche, y todo tipo de frutas y verduras, todo esto en una tierra que te puede matar dejándote seco, haciendo que parezcas una vieja pasa en cuestión de días sin agua. Todo el rato estábamos descendiendo, aunque hasta el último momento no te das cuenta de verdad, ahora estábamos en el punto más bajo de la Tierra, a casi 400 metros bajo el nivel del mar.

A primera vista, el Mar Muerto es un poco decepcionante, con una colección de enormes estanques de almacenamiento temporal, y un paisaje industrial con una oxidada planta de extracción de magnesio que escupe gases, pero esto al final da paso al Mar Muerto propiamente dicho, y a los centros turísticos del Mar Muerto, con sus hoteles estilo Hilton, y la gente fluctuando como corchos cerca de la playa, ¡no parecía un lugar en el que pudiéramos acampar en la playa!

Decidimos echar un vistazo a las ruinas de la cumbre de Masada por la mañana, pero primero necesitábamos encontrar un sitio para acampar en el monte. Había visto un camino que salía de la carretera hacia la derecha, bajando hasta el cauce de un río seco, que no se veía desde la carretera. Tras acampar, cogí las cámaras, y salí a explorar. Iba de camino por la orilla para intentar vislumbrar el Mar Muerto cuando oí un vehículo. Al mirar y ver pasar una sucesión de antenas, pensé: “Dios mío, esto no tiene buena pinta, ¡será mejor que vuelva con la hispana y vea qué pasa!”. Llegué justo a tiempo para ver a un tipo en uniforme militar, pistola en mano, que estaba informando a una Blanca con “ojos de conejo” de que estábamos en una zona restringida, de que acababa de cruzar la frontera, y de que me había estado paseando por Jordania. ¡Blanca se esperaba que nos dispararan! De todas formas, evitamos un incidente internacional al explicar que éramos turistas, ¡y que las únicas señales de las que teníamos constancia eran las de aviso de Peligro: Agua Profunda! Nos perdonaron, y el soldado regresó a su vehículo para ver cómo recogíamos y nos íbamos. De vuelta en la carretera, no había señales que avisaran de la frontera, pero un poco más adelante, y un poco más inquietantes, estaban las señales que decían “¡Peligro: Minas!”. El soldado había aconsejado acampar donde quisiéramos en el lado izquierdo de la carretera, así que aprovechando la oportunidad, me dirigí al cauce ancho de un río seco, y encontré un sitio arenoso llano a unos 3 km. de la carretera. Al imaginar que debíamos estar lo suficientemente lejos como para no ser una amenaza para la seguridad nacional, monté el campamento, y enseguida preparé un fuego, y unas patatas asadas a la vez. Todo el tiempo el cielo se iba oscureciendo cada vez más, y entonces sentí unas pocas gotas de lluvia. Estábamos en el peor lugar, y se hablaba de riadas, hasta que se acabó, y el cielo despejó para dar paso a una noche perfecta.

A la mañana siguiente, bien temprano, fuimos a la carretera a ver las ruinas de la meseta del antiguo asentamiento fortificado de Masada. Se dice que en la época de la “Primera Revuelta”, los judíos ocuparon este asentamiento en la cumbre, y resistieron un tiempo contra los romanos, pero cuando la derrota parecía inevitable, en vez de afrontar la rendición, la masacre, y la esclavitud, la gente escogió saltar como lemmings a su muerte. Fue mala suerte que nuestra llegada coincidiera con la de unos 20 autobuses llenos de turistas, por lo que nos fuimos a darnos un chapuzón en el Mar Muerto.

El pequeño centro turístico costero de Ein Gedi estaba concurrido, pero no tanto, así que enseguida nos pusimos los bañadores, y nos fuimos al agua. El agua estaba sorprendentemente azul, transparente, y al tacto parecía un poco aceitosa, así que no era lo que me esperaba. Por todas partes, la gente flotaba, desde rusos blancos como la leche hasta árabes de piel oscura, cuyas mujeres se bañaban totalmente cubiertas. Incluso he visto a mujeres musulmanas en Ras Mohammed, Egipto, buceando con el chador que cubre a la mujer de la cabeza a los pies, y las mujeres judías ortodoxas no son mucho mejores. Bueno, al entrar en el agua, es como si tu cuerpo se hubiera transformado de repente en uno de poliestireno, y es una sensación extrañísima, es un poco como caer en caída libre sin saltar del avión, ¡pero cayendo un poco! Todos los intentos de nadar bien se transforman enseguida en un número cómico. Así que, después de un rato, aprendes a no luchar contra eso, y simplemente te acomodas, te relajas, y flotas y fluctúas como todo el mundo. Cuando me entró un poco de agua en el ojo fue cuando comprendí por qué enormes tramos de la costa están cerrados a la natación. El ojo parecía un conejo de laboratorio en una prueba de cosméticos, ardía como si estuviera en llamas, por suerte, pude tambalearme a ciegas hasta una ducha cercana, y purgar el dolor. Era bueno saber que las duchas estaban tan cerca, ¡ya que no quiero ni pensar lo que podía hacer toda esa sal…! No es difícil imaginarse que la piel se me pelaría.

Después del baño en el Mar Muerto, el pobre Grommet volvió a subir colinas, resollando al subir los 400 metros hasta el nivel del mar. Blanca había escogido una ruta turística hasta Jerusalén que evitaba la autopista, e incluía la reserva de Ein Feshka, y algunos territorios palestinos por el camino. La ruta a través del Parque Nacional era “interesante”, por no decir más, y no me agradaba la posibilidad de “romper” a Grommet en la última etapa del viaje, tanto es así que no le dejé a Blanca que fuera andando por los ascensos y descensos más peligrosos. Mi razonamiento era este: si elegíamos una ruta de emociones fuertes, ¡al menos deberíamos disfrutarla juntos! Bueno, el parque no era muy grande, y antes de que nos diéramos cuenta, la “diversión” se había acabado, y estábamos de vuelta en el asfalto. No era difícil darse cuenta de que ahora estábamos en territorio palestino. La carretera estaba en mal estado, ahora había pequeñas poblaciones y asentamientos sencillos, y niños de aspecto desaliñado con pequeños rebaños de cabras deambulando por las colinas, algo muy representativo del Tercer Mundo. Algunos de estos niños tendían las manos mientras pasábamos, y gritaban algo en árabe que ¡estoy muy seguro de que no era “bienvenidos a los territorios palestinos”! De vez en cuando se pasa por un asentamiento israelí en esta zona palestina en su mayoría, no son difíciles de ver, están las nuevas urbanizaciones al estilo “alemán”, limpias, ordenadas, uniformes, con los coches nuevos detrás de altas alambradas, y torres de vigilancia, y todos los niños están en el colegio, y no pastoreando animales domesticados en el bien cuidado césped.

Paramos justo al salir de Jerusalén en una larga cola de tráfico que esperaba para pasar un control, y como suele pasar en estas situaciones, había las habituales preguntas, “¿de dónde sois?”, etc., etc., y “bienvenidos a Jerusalén”, y mucho más que no entendimos, porque estaba en árabe, pero al parecer era todo amistoso y positivo. Nos intrigamos un poco cuando un transeúnte gritó: “¿por qué no estáis en el control judío?”, lo entendí como un comentario racista, y contesté “¡porque no soy judío!” Para mí, un control era sólo un control, sea cual sea la raza, religión, etc. A los soldados del control no parecía importarles mucho que estuviéramos allí, y nos dejaron pasar. Con un mapa de la oficina de turismo de Eilat, la ruta hacia nuestro albergue parecía bastante sencilla, excepto por un pequeño detalle que faltaba, “El Muro”. Otro paralelismo alemán, ahora hay un enorme muro estilo Berlín que separa a los palestinos de los israelíes, ¡y ahora a nosotros de nuestro albergue! Después de seguir el muro durante bastante tiempo, se hizo patente que, aparte de algún tipo de maniobra estilo “La Gran Evasión” de Steve McQueen con Grommet volando por encima del muro, ¡llegar al otro lado iba a ser tarea difícil! Al final, llegamos a lo que parecía ser una enorme jaula verde, similar a las que te encuentras en un zoo anticuado con algún pobre león dando vueltas de un lado para otro. Envié a Blanca a investigar. Blanca entró en la “jaula”, y tras una complicada comunicación con un quiosco a prueba de bombas, le informaron de que acabábamos de cruzar algunos de los territorios más peligrosos de todo el país, ¡y teníamos muchísima suerte de seguir vivos! Es gracioso, pero todo el mundo parecía muy simpático y acogedor, y no había ningún pistolero ni terrorista a la vista. Ah, y en el quiosco dijeron que para cruzar al “otro lado”, debíamos volver por donde habíamos venido, hasta el primer control, y si “sobrevivíamos”, explicarles adónde queríamos ir, y nos enseñarían el camino. Así que volvimos a salir ilesos de la gente sonriente, acogedora, y ahora confusa, y nos unimos a la cola de vehículos que intentaban salir por el control. Al final, tras muchas explicaciones, nos indicaron una carretera secundaria, y nos dejaron entrar en el lado israelí del muro.

Me habría gustado quedarme en el lado palestino del muro, y descubrir un poco más sobre la vida y lo que pasa allí, pero por desgracia, nuestra guía no incluía ningún albergue, y el tiempo apremiaba.

Tengo que decir a su favor que los israelíes han conseguido mucho en los 58 años que han pasado desde la formación del estado de Israel, y cruzar el muro es como pasar del segundo o tercer mundo a Europa. Me habría interesado ver cuánto dinero se ha invertido para crear esta copia en miniatura de Alemania en Oriente Medio. Supongo que también ayuda el hecho de que toda la población de Israel esté concentrada en el crecimiento y el éxito de la nación, y no sólo en forrar los bolsillos de unos pocos. Además, también ayuda el hecho de ser una colonia no oficial de Estados Unidos. Después de pasar por una ciudad muy moderna (en el lado israelí), llegamos a la “Fila de Albergues” del este de Jerusalén, y al Palm Hostel, justo enfrente de la Puerta de Damasco, y la entrada a la Ciudad Vieja. Sí, sólo por segunda vez en todo el viaje, vamos a tener que renunciar a la cama en Grommet, y pagar por dormir en otro sitio. No estaba muy contento de dejar al pobre Grommet en el seguro parking al otro lado de la calle, pero los guardas estaban locos de contentos por tener algo tan insólito en el patio. El Palm Hostel, llevado por unos tipos árabes, estaba limpio y ordenado, con duchas calientes, Internet gratis, te y café, y Paul, un pastor coreano, servía arroz coreano y salsa gratis para todo el que los quisiera dos veces al día. De ahí que el sitio tuviera un enorme contingente de coreanos y japoneses, que son famosos por encontrar los sitios más baratos en las mejores condiciones, ah, ¡junto con la hispana, claro! Israel no es barato. Junto con su fachada y estilo europeos, hay precios europeos, así que todas estas cosas “gratis” ayudan un montón con el presupuesto. El Internet gratis era una gran ventaja, ya que los cibercafés son bastante poco comunes, caros, y difíciles de encontrar, ¡pero son rápidos! Justo debajo del albergue hay una zona árabe de mucho movimiento que es un hervidero, y parece haber escapado de la esterilización de otras zonas. Aquí pude conseguir por fin leche en polvo. Parece una moda, los pobres con leche en polvo, los ricos con leche fresca o leche en polvo, supongo que simplemente me he acostumbrado a preparar la suficiente leche para los cereales y dos cafés al día, y Blanca no toma leche.

Ahora venía la vieja ciudad amurallada de Jerusalén. Entramos por la Puerta de Damasco, y fuimos directos al barrio árabe, con su laberinto de calles estrechas llenas de tiendas que vendían todo tipo de cosas usadas de China, o tiendas que vendían verduras, dulces, chadores, junto con cientos de tiendas de curiosidades que vendían las mismas porquerías para turistas que se pueden comprar en cualquier parte del mundo, pero aquí un poco más inclinadas hacia la religión. Nos abrimos camino por el laberinto, pasando por estafadores, viejas brujas que vendían hojas de parra, grupos de turistas europeos y americanos demasiado gordos, ¿o eran terroristas suicidas que fingían ser turistas?, no esperamos a averiguarlo. Pasamos por una pelea entre guías, y entramos en la Iglesia del Santo Sepulcro. Justo en la entrada hay una enorme piedra plana en la que se dice que se colocó el cuerpo de Cristo, y se amortajó después de su tiempo en la Cruz. No está en el mejor sitio, ya que es difícil pasar sin pisar a algunos de los fieles postrados en el suelo, que besan, tocan, y rezan a la piedra. Y yo digo: “sigue la calabaza, ¿o es la sandalia?” Dejamos a un pequeño grupo de monjas tendidas en el suelo, y fuimos a la capilla construida en el presunto sitio en que se supone que estuvo la Cruz, pero nos pareció mucho más interesante observar a los dos enormes gorilas santos que mantenían a los fieles en la cola, y los hacían pasar de cuatro en cuatro desde la muy larga cola. Dejamos el caos que tuvo lugar a continuación mientras un grupo de indios que desconocían el modus operandi religioso, intentaban colarse, ¡supongo que por eso irán directos al infierno! Y nos dirigimos a la cripta en la que se supone que Cristo fue enterrado antes de que quitara la piedra y resucitara de entre los muertos. No había mucho que ver, aparte de una enorme cueva de roca protegida por cortinas cubiertas de “pintadas sagradas”. Salimos pasando por las oleadas de cristianos, etc. en sus Excursiones por Tierra Santa. Al ver estos grupos, no puedes dejar de ver que el cristianismo y Jerusalén atraen a bastante gente y no sólo a sus correspondientes bichos raros, y constantemente me acordaba de “La Vida de Brian”, de los Monty Python. Lo siento, pero estando rodeado de chiflados religiosos, ¡no lo puedo evitar! Y aquí la gente que se ve es mucho más rara de lo que se les pudiera ocurrir a los Monty Python…

La siguiente parada en nuestro recorrido por la vieja ciudad fue la fabulosa mezquita de la Cúpula de la Roca, en la que Mahoma ascendió a los cielos, y para los cristianos, el lugar en que Abraham estaba a punto de sacrificar a uno de sus hijos cuando Dios arregló la situación, y le dijo que quizás una cabra sería mejor, ¡a no ser que seas una cabra, claro! Podíamos ver la mezquita delante de nosotros, pero el problema era que estábamos en la puerta equivocada, esta era sólo para musulmanes. A juzgar por la batalla organizada por la policía que impedía que entráramos, hay que usar la puerta judía. Ya empezamos otra vez, ¡si tengo lo mismo de judío que de musulmán! “¿De dónde sois?” “De Inglaterra y de España”, y entonces empezó la habitual diatriba sobre equipos de fútbol. Siempre es un triste reflejo que todo el conocimiento acerca de nuestros dos países resida en el Manchester United, el Arsenal, el Madrid o el Barcelona, de todas formas, no es sólo aquí, ¡es en todo el mundo! Nos dimos la vuelta, y nos alejamos con nuestra guardia armada siguiéndonos muy de cerca. Para acceder a la mezquita, primero teníamos que pasar una barrera con un detector de metales y rayos X, lo que nos permitió el acceso al Muro de las Lamentaciones. Otro extraño lugar, aquí los hombres y mujeres judíos están separados por una barrera, y asienten hacia delante y hacia atrás rezando. Después tuvimos que pasar otra barrera más con otro detector de metales y rayos X, y ni siquiera nos permiten entrar en la mezquita. Hemos pasado por tantos detectores que ya brillamos en la oscuridad. La Cúpula de la Roca es simplemente impresionante, está situada en un gran patio abierto, con sus paredes de mármol, azulejos, y la cúpula de oro, ¡maravilloso! Como no nos dejaban entrar, dimos un paseo por el jardín de olivos, basura, y escombros de albañiles, hasta el viejo muro, y desde aquí pudimos vislumbrar bien la iglesia ortodoxa rusa, que parecía un poco fuera de lugar en la ladera de enfrente con sus minaretes dorados con forma de bulbo. Salimos de la zona por la puerta en la que antes nos habían impedido la entrada… ¡Todo muy extraño!

Tengo que decir que el estar rodeado de tantos policías y militares fuertemente armados, más que ser tranquilizador, es en realidad bastante desconcertante. Sentía que corría más peligro por algún joven lleno de granos con problemas con la novia que dispara un cargador o dos de su M16 que por un árabe con aspecto demasiado gordo que explota junto a mí. ¡Supongo que tienes que vivir aquí! Pero he vivido y trabajado en Londres en tiempos muy difíciles, y durante campañas de graves atentados terroristas, ¡las armas sólo generan paranoia!

Con el quincuagésimo octavo aniversario de la creación del Estado de Israel a sólo un par de días, es increíble el lío que puede montar un libro de un periodista austriaco, pensamos que sería más seguro estar lejos de Jerusalén, en realidad, ¡lejos de todo el mundo! Mucho mejor estar en algún lugar en la playa, cerca de Ashdod y del puerto.

Nos despedimos de nuestros nuevos amigos coreanos y japoneses, y de Locklan, un ciclista australiano que está dando la vuelta al mundo, y nos pusimos en marcha. ¿Qué pasa con todos estos ciclistas que dan la vuelta al mundo?, ¿no sería más fácil en moto o en coche?, ¡o incluso en transporte público! Bueno, estaba bien volver a Grommet una vez más, y estar en marcha de nuevo. La ruta hasta la costa era encantadora y muy bonita, con pequeños bosques tipo alpino, campos de cereales listos para la cosecha, y árboles frutales, olivos y flores. Quién dijo que Israel era todo desierto. Israel no es un país muy grande, así que enseguida estábamos acercándonos al puerto. Pasamos a ver al consignatario (estafadores oficiales con un precio de tamaño oficial), en una oficina llena de “aspirantes” a estrellas del porno israelíes, para decir que estábamos en la zona, así que tras un poco de papeleo, pudimos irnos a buscar algún sitio para acampar. Todo iba a ocurrir el domingo. Arthur y Swantje no lo tenían muy claro respecto a Ashdod y los lugares para acampar, por lo que nos dirigimos al paseo marítimo, y lo seguimos hasta que la ciudad se acabó, aquí la playa estaba desierta, aparte de unos tipos pescando. Había una arena blanca perfecta, dunas enormes, y el gran mar Mediterráneo que se extendía delante de nosotros. Por ahí fuera, en algún lugar, está Málaga, y nuestro nuevo hogar en España, y el barco que nos llevará allí. Era una pena que el mar estuviera un poco frío, ya que parecía muy tentador, así que dejaremos las gafas de bucear y los tubos guardados. Aparqué en las dunas, y nos preparamos para relajarnos unos días, hasta el domingo. Lo que no tuvimos en cuenta fue que, por alguna razón, teníamos mal la fecha del aniversario de Israel. Todo el mundo estaba en la playa, con todos los juguetes imaginables, 4x4s, quads, motos, parapentes, motos acuáticas, y toda la demás parafernalia playera, tiendas de campaña, cenadores, barbacoas, y música israelí a todo volumen. ¡Así que nada de paz y tranquilidad! De hecho, me recordó un poco a España. Me sorprendió bastante que a nadie le pasara nada con todos los 4x4 y los quads corriendo por las dunas. Por fin el día llegó a su fin, y volvió la paz, junto con un vendaval huracanado, así que trasladamos la casa a un sitio bien apartado, oculto en las dunas. Después de unos días de descanso, todo el mundo volvió a la playa. Por supuesto, era sábado. Tom, el canadiense, nos había llamado, y se pasó con un pequeño grupo de parientes, y sus niños, para decir adiós, lo que fue muy amable de su parte. Tal vez les veamos en España, quién sabe, ¡el mundo es un lugar pequeño!

La playa en la que acampamos estaba bastante cerca de Gaza, y de los territorios palestinos, ¡y todos los días podíamos oír los continuos ¡boom!¡boom!¡boom! de las bombas, y de vez en cuando, se podían ver helicópteros, y barcos disparando misiles en dirección a Gaza. Es una locura. Nos tranquilizó mucho ver aparecer nuestro barco por el horizonte el sábado por la tarde.

El domingo por la mañana estábamos en el puerto bien temprano, nos habían contado que las formalidades llevan mucho tiempo, y que hay que esperar mucho, con la seguridad, etc., y mientras decidían qué hacer con nosotros. Pero después de pasar por un detector de metales, y de que parte de nuestro equipaje hubiera sido analizado con rayos X, y del papeleo, que parecía mucho, y del dinero para los diversos estafadores, por fin podíamos irnos, y subir al pequeño Grommet a bordo del enorme Grimaldi Lines Grande Mediterraneo.

Tengo que decir que nunca quise visitar Israel, nunca formó parte de nuestro plan visitar Israel, pero me alegro de haber venido. Me alegra poder ver lo que la gente decidida puede conseguir en un relativamente corto espacio de tiempo, y cómo la paranoia extrema al final provocará su caída. Si no hubiera “problema” palestino, encontrarían otra cosa por la que luchar. Judío contra judío, cristiano contra cristiano, blanco contra negro, ojos azules contra verdes…

A las 11 de la noche, ¡zarpamos y nos fuimos!


Princess Beach


“Las normas son…”


“Los Buceadores del Muro de las Lamentaciones”


La reunión


Tom: “es así, Jackie”


Más normas


Cocinando aún en el “número 2”


Peugeot de madera


Ah, debe ser Jordania


Patatas asadas


Riada


Demasiados turistas…


Está bien, el tío Sam está de nuestra parte


Mar Muerto – 383 metros


Fluctuando


Surfistas del Mar Muerto


Cabra montés de las rocas


Asentamiento palestino


Asentamiento israelí


“El Muro”


Puerta de Damasco


Viejas brujas vendiendo hojas


Barrio musulmán


Beeee


No pisar a los fieles


Gorila santo


Los cantos rodados


Fátima


Conexión vía satélite con Dios


¿Cómo? ¿Más rayos X?


Lamentándose en el Muro


Cúpula de la Roca


¿Ortodoxa rusa?


Pasado británico


Bosque alpino


Junto al Mediterráneo


Puesta de sol en el Mediterráneo


Independence day


Todos a bordo


Seguros a bordo, siguiente parada, Portugal…