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Egipto. ¡Caminando como egipcios!

¡De Londres a Ciudad del Cabo – De Ciudad del Cabo a El Cairo!

 

Del 18 de marzo al 23 de abril de 2006

Bueno, aunque parezca increíble, llegamos a Aswan, Egipto. Nunca fue parte de nuestro itinerario, pero al final, aquí estábamos, y sobrevivimos a las dos noches en una vieja barcaza de cemento que apenas estaba en condiciones para navegar. Nos hemos dado cuenta de que en realidad no merece la pena tener un plan demasiado fijo, ¡tan sólo hay que ir donde el viento y la burocracia te lleven! Bueno, una vez que maniobraron otras barcazas, barcos y un ferry para quitarlos de en medio del muelle, pudimos desembarcar. Creo que había bastante alivio entre nuestro grupo de intrépidos navegantes por experimentar la sensación de tener la tierra firme de nuevo bajo nuestros pies y ruedas. El trabajo de poner los vehículos en el muelle fue más fácil por la pendiente del muelle, y porque la tripulación tenía ganas de bajar a tierra, por lo que la barcaza fue posicionada y reposicionada para que pudiéramos irnos, y no había rampas con forma de plátano con las que lidiar. Nos despedimos de la tripulación, ¡y les dimos una pequeña propina por hacer que el mar no fuera nuestra tumba!
Ahora empezaba la diversión de verdad. En la aduana y el control de inmigración comprobaron nuestros papeles y sellaron los pasaportes, hasta ahí ningún problema. A continuación, las autoridades portuarias querían analizar con rayos X todo el contenido de cada vehículo, por si acaso éramos terroristas armados, terroristas suicidas, o caricaturistas. Por supuesto, nos opusimos enérgicamente a esto, preguntando si estaban locos. Al final llegó el jefe, y al ver la cantidad de cajas, de polvo, y el tiempo que llevaría vaciar cada vehículo, se dio cuenta de que teníamos razón, y firmó para que nos fuéramos. Ahora ya era demasiado tarde para ver a la policía de la ciudad de Aswan, así que dejamos los coches en el puerto con Henning y Anna, y nos adentramos en la ciudad para encontrar un hotel. El Hotel Keylany, aunque parezca raro no tiene ninguna conexión irlandesa, era barato, muy limpio, ordenado, y tiene una magnífica azotea para disfrutar del desayuno, o de un encuentro romántico por la noche… ¡Después de la barcaza, esto era la gloria!
Todos estábamos deseando tomar algo después del Sudán "sin alcohol", pero a pesar de que casi todos los restaurantes anuncian que tienen cerveza y vino, ¡llevó bastante rato encontrar uno que de verdad los tuviera…!
A la mañana siguiente temprano, en la oficina de la policía de tráfico, todos nos inquietamos al oír que algún cabrón malintencionado había envenenado al perro de Henning la noche anterior, poniéndonos a todos muy tristes. Isha era un perro precioso y simpático, y ya que había sobrevivido a todos los peligros de dos años en África, fue una manera muy triste de irse.
Entrar en Egipto está bien, pero si vienes con un vehículo, automáticamente te metes en un problema realmente peliagudo, con todo tipo de pagos extraños, “calcos por frotación” de números de motor y chasis, papeles todos en árabe para firmar, seguros improvisados, un documento plastificado de matriculación de un vehículo en árabe, y matrículas nuevas en árabe. Hubo un momento en que el papeleo se hizo tan confuso, al estar en árabe, que no sabíamos quién era quién, o qué era qué… por qué no puede estar en árabe e inglés o francés como en los demás países de aquí, ahorraría mucho tiempo y esfuerzo, ¡pero supongo que los estafadores se perderían sus propinas…! Al final, llevó dos días acabar con todo el papeleo, pagar las cuotas y a los estafadores, y ya sólo quedaba colocar la nueva matrícula, y por fin podíamos salir del puerto. Bueno, casi, ahora los oficiales del puerto querían cobrarnos una cuota de aparcamiento, y en ese momento me harté, y bloqueé la entrada con Grommet, y me negué a pagar, al final, nos dejaron marchar, con nuestros principios intactos. ¡En cualquier otro país, cruzar las fronteras es cuestión de horas, no de días!
Las chozas de barro redondas del África negra eran ya un recuerdo lejano dejado muy atrás en la frontera con Etiopía, y las casas cuadradas nubias de ladrillo se han venido abajo lentamente ante el caos de la arquitectura moderna y antigua que pide espacio a gritos a lo largo de la fértil ribera del Nilo, que es el moderno Egipto. Pero aún puedes ver bueyes en los campos labrando la tierra con arados de madera, y cosechas hechas a mano con pequeñas guadañas prácticamente igual que en la época de los faraones, mientras en un campo adyacente, la maquinaria agrícola moderna realiza las mismas tareas.
De alguna manera, conseguimos escapar del “convoy para turistas” de Aswan a Luxor, y nos encontramos a Henning y Anna en su camión MAN por el camino. Teníamos muchas ganas de llegar a Luxor, y de encontrarnos con la madre de Blanca, así que dejamos a “los contables” y a los canadienses allí en Aswan. Con la buena carretera, Grommet apenas susurraba, pero iba picando un poco debido al sospechoso combustible egipcio de 80 octanos. Se podría pensar que, como productor de petróleo, por lo menos el combustible aquí sería de primera clase, pero supongo que al final uno no se debe olvidar de que ¡esto todavía es África!
Bueno, llegamos a Luxor con tiempo, y nos registramos en el Camping Rezeiky, www.rezeikycamp.com.eg, que en realidad era el único camping de la ciudad, el cual encontramos sin una guía. Es grande y amplio, con una buena sombra, baños limpios, y duchas calientes, y todo al muy razonable precio de 4 libras, ¡perfecto! Incluso tienen habitaciones a un precio similar, por si estar de acampada no es lo tuyo. Aún así, preferíamos acampar que pagar 100 dólares por una noche en un frío e impersonal hotel en el centro.
No estábamos solos, Roland, el motorista alemán al que habíamos conocido en Wadi Halfa, también estaba aquí, junto con Henning y Anna, y un fenómeno sobre el que sólo había leído, pero nunca había presenciado, el “hotel rodante Rotel Tours”. La idea es sencilla, coge un autobús de lujo para tirar de un dormitorio del tamaño de un ataúd de varios pisos, llénalo con ancianos alemanes, y viaja por ahí con él, ¡y al parecer les encanta! A mí y a algunos de los clientes nos parecía todo muy extraño, bueno, digamos que los dormitorios ¡deben ser más grandes de lo que parecen…!¡Ya me entendéis!
Una consecuencia de este enorme grupo era que nos podíamos unir a ellos para el buffet, que era absolutamente magnífico, y un verdadero festín de comida egipcia, y a un precio excepcional. Totalmente satisfechos, nos retiramos a dormir. Por la mañana estaba previsto que nos encontráramos con la madre de Blanca y un grupo de 30 egiptólogos españoles, así que tendríamos que estar atentos, y sobre todo, ¡yo tendría que intentar poner de nuevo en funcionamiento mi neurona española de alguna manera…!
Por la mañana, nos dirigimos al Templo de Karnak. Al contrario de lo que dice la guía Lonely Planet, el Camping Rezeiky está en realidad especialmente bien situado, y se puede ir andando a los principales monumentos, a saber, los Templos de Karnak, Luxor, y los muesos, y lo mejor de todo es que los estafadores te suelen dejar en paz una vez que saben dónde te alojas, ya que no somos de ninguno de los hoteles de “grandes propinas” y grandes presupuestos.
Llegamos con tiempo para encontrarnos con la madre de Blanca y el “grupo”. Tras un muy feliz reencuentro, esta era la primera persona de “casa” a la que veíamos desde que dejamos España hace muchos meses, salimos a explorar el Templo. Esta era mi primera experiencia verdadera con templos egipcios, y estaba realmente asombrado por la enormidad del lugar, sobre todo, de la espectacular Gran Sala Hipóstila. De verdad se aprecia estar en compañía de un grupo tan distinguido, y su guía Mohammed era espléndido, así que además de las habituales cosas para turistas, nos introdujeron en zonas que eran de interés más específico, que no eran conocidas, o que los guías normales se saltaban. En virtud de nuestra primera experiencia con los templos, nos dirigimos a Mohammed para que nos hiciera un buen precio, para que nos pudiéramos unir a los “egiptólogos españoles”, mientras estaban en la etapa de Luxor de su “gira del eclipse de sol”.
La llegada de la madre de Blanca tuvo la suerte de coincidir con un problema en nuestra cámara digital, por lo que después de un torrente de correos electrónicos en el último minuto, ya teníamos un “juguete” nuevo con el que jugar, y vosotros, nuestros lectores, podéis seguir disfrutando con las imágenes de nuestro viaje…
Así que con el juguete nuevo totalmente cargado, nos reunimos con el grupo para hacer una visita a última hora de la tarde al Templo de Luxor, la puesta de sol realmente hace que los relieves y las estatuas cobren vida. A la mañana siguiente había que madrugar mucho para reunirnos con el grupo, y su autobús, para hacer una excursión al otro lado del Nilo para ver el enorme complejo de templos de Medinat Habu, que con la primera luz de la mañana, tenía el aspecto de decorado de película de Ridley Scott. De nuevo, nos ofrecieron una excursión estupenda, al llegar a partes donde otras excursiones nunca llegan, y al proporcionar una guía exhaustiva de las inscripciones y esculturas. Tenía gracia cuando todos los miembros del grupo se querían hacer fotos en el trono del rey. Una de las cosas que me parecieron realmente increíbles era que una gran cantidad de las esculturas e inscripciones aún conservaban muchos de los colores y tonos originales, los templos debieron ser realmente espectaculares en su día. A continuación, salimos hacia el Valle de los Reyes, y una vez más, tuvimos una visita “especial”, que incluía varias tumbas que están ahora cerradas al gran público, y nos dejaron mucho tiempo para asimilarlo todo, no fue sólo entrar y salir. Me sorprendió, sobre todo, el tamaño y el estado real en que se encuentran las tumbas, junto con la complejidad de los detalles en las pinturas y los relieves. Era evidente que varias tumbas se habían construido deprisa y corriendo, y estaban sin terminar, esto es, el rey había muerto repentinamente antes de que la tumba estuviera lista, lo que nos da la oportunidad de ver un poco el proceso de las inscripciones, junto con los errores y las correcciones. Me alegró ver que incluso en aquellos tiempos ¡había escribas que no sabían escribir correctamente…!
El largo día en las tumbas nos hizo llegar a un pequeño error de cálculo. Decidimos unirnos al grupo en su hotel para cenar, pero enseguida fuimos devueltos a la tierra cuando llegó la cuenta… 320 libras egipcias, cuando normalmente pagamos 50, y por si fuera poco, la comida no era tan buena… vivir para ver, y Blanca no había visto a su madre en más de un año, ¡así que había mucho de que hablar!
Al día siguiente, descansamos mientras el grupo iba a ver unas ruinas mucho más a fondo, a la medida de los expertos, y ¡no de simples novatos como nosotros…! Entretanto, mientras habíamos estado disfrutando de toda esta cultura, se nos habían vuelto a unir los “contables” y los canadienses, que habían tenido mucha suerte, y se habían perdido el grupo de 17 caravanas de Holanda que habían invadido el camping durante unos días.
Con las excelentes carreteras de esta parte de África del Norte y de Oriente Medio, se ha abierto una gran oportunidad para el turismo motorizado, sin necesidad de 4x4s o de vehículos especializados. En realidad, es bastante surrealista ver estos “convoyes” de caravanas llenas de europeos de mediana edad rodando por el desierto.
Bueno, volvamos a nuestro viaje, después de un día de descanso, volvimos a atravesar el Nilo con los españoles para visitar la que puede ser mi atracción favorita de la zona, las Tumbas de los Nobles. Aquí, además de las habituales inscripciones del “libro de los muertos”, etc., que también constituyen la principal característica de las tumbas de los reyes, hay obras de arte que se concentran más en los acontecimientos de la vida cotidiana del fallecido, como la visita a la peluquería, escenas de caza y pesca, trabajo, festivales, y similar. Los techos de estas tumbas están a menudo deliciosamente decorados con hojas y frutas. Algunos de los detalles llegan hasta el punto de ilustrar el carácter diáfano de las prendas de la época. Debo decir que estaba asombrado y maravillado con estas imágenes de una civilización antigua, y por tener la oportunidad de asomarnos al pasado a través de estas ventanas, y vislumbrar cómo debía haber sido la vida.
Antes de que llegáramos a las Tumbas de los Nobles, algunos de los miembros del grupo nos advirtieron acerca de los niños de la zona, y lo pesados que se ponían siempre pidiendo cosas. Llegamos, y ¿qué pasa a continuación?, que están todos repartiendo caramelos, dinero y regalos a todos los niños, ¡y luego se preguntan por qué los niños son tan molestos cuando se acaban los caramelos! Enseguida señalé que todos estos “regalos” son en realidad perjudiciales, y que los niños a menudo dejan de ir al colegio ante la posibilidad de conseguir caramelos, o un poco de dinero, y las cosas se pueden poner feas cuando están decepcionados, con el lanzamiento de palos y piedras, y también esto desarrolla una cultura de pérdida del orgullo y la autoestima, al depender de la mendicidad, como hemos presenciado demasiado a menudo en otras partes de África, y sobre todo, en Etiopía.
Demasiado pronto llegó el momento de despedirnos de la madre de Blanca y del grupo, ya que ellos continuaban su viaje, y nosotros el nuestro, bueno, no exactamente.
Siguieron unos días de descanso, que dedicamos a echar un vistazo al museo de Luxor, que es excelente, y está maravillosamente expuesto, el museo de El Cairo podría aprender un par de cosas, y al museo de momificación. También le eché un ojo al diferencial trasero agujereado del Land Rover de Ivan. Ahora era el momento de ponerse en marcha, y ver la costa del Mar Rojo, que dicen que es de lo mejor que hay en el mundo para bucear y hacer submarinismo. De alguna manera, nos vimos atrapados en uno de esos convoyes de turistas, ¿cómo puedes discutir cuando estás rodeado de policía armada y clavos por la carretera, “al parecer para nuestra protección”? Tras una breve, pero loca carrera, conseguimos evitar una muerte segura al coger una carretera secundaria hasta Al Quseir. Aquí, tomamos la carretera de la costa, en dirección al norte, y encontramos un sitio maravilloso para acampar, pasados los blanqueados restos de centros turísticos sin acabar despojados de inversión, justo en la playa. Aquí estábamos lejos de los estafadores, con nuestro propio trecho de mar azul turquesa claro, la playa de arena blanca pura, y arrecife de coral. Algo que la guía olvidó mencionar era que el mar estaba un poco demasiado frío para hacer submarinismo sin un traje de neopreno, y ¡que hay que estar atento a los fuertes vientos! Aún así, no importó mucho, ya que encontramos mucha vida en las charcas entre las rocas, incluidos un par de serpientes marinas, una morena, y un par de pulpos, uno de los cuales “escupía” chorros de agua a Blanca siempre que se acercaba demasiado, ¡debe haberse enterado de la afición española por el pulpo cocido…! Y por supuesto, podemos dormir dentro de Grommet, porque recoger la tienda del techo en medio de un pequeño huracán durante la noche no es ninguna broma, os lo aseguro. Una víctima de este viento fue el toldo, que arrancó todas las estacas del suelo, e intentó despegar rompiendo una junta de plástico por el camino. Por desgracia, el frío, el viento, y la falta de sombra pudieron más que nosotros, y después de tres días, llegó el momento de ponerse en marcha. Un poco más adelante por la costa, conseguimos librarnos del convoy de vuelta al Nilo y Qena, y convencer a la policía de que podíamos ir solos, para mi alivio, ya que era cuesta arriba casi todo el camino, el único combustible que podía conseguir era de 80 octanos, y había una tormenta de arena, así que en general, todo iba muy lento para el pobre Grommet. En Qena, la policía estaba bastante sorprendida de vernos solos y sin escolta. Aquí había otro templo más para ver, Dendara, que es bastante espectacular, y aunque parezca mentira, conserva casi todas sus inscripciones originales y detalles con sus colores primitivos, e incluso hay acceso al tejado, que cuenta con unas magníficas vistas. Pero esta vez, no pudimos huir del temido “convoy”, ya que la Policía para Turistas estaba bloqueando la entrada, el conductor del coche que iba delante me preguntó a qué velocidad va Grommet, le dije que a 60 km/h, y me pidió que intentara ir un poco más rápido, aún así Grommet no podía ir a la velocidad de 120 km/h del convoy, así que enseguida nos quedamos atrás… Por una vez, no estaba dispuesto a arriesgar mi vida y la de Blanca por las pequeñas carreteras, con un montón de locos machotes egipcios, ¡preferiría jugármela con los “terroristas”! Como enseguida se hizo evidente que no podíamos, o no estábamos preparados para mantener el ritmo, acabamos como un convoy de uno, y paramos en el Camping Rezeiky una vez más. No es que me importara, había cerveza fría, y comida fabulosa, y tenía que hacer una reparación en el toldo.
Después era momento de ponerse en marcha de nuevo hacia el mar, pero esta vez a un mar de arena, y al Desierto Occidental. La policía intentó obligarnos a llevar escolta, pero después de la salida hacia el desierto, conseguimos convencer al capitán de que de verdad no era necesaria, así que por fin, estábamos solos.
El desierto egipcio es un lugar extraño, no parece ser más que un enorme lugar de aprovisionamiento de material de construcción gratis, arena, conglomerado, y piedra, o un lugar para tirar la basura y los desechos de las construcciones. A raíz de los problemas con la policía y el “convoy”, y otra tormenta de arena, nunca pudimos alcanzar a los “contables”, que habían salido de Luxor sólo unas horas antes que nosotros… Los dos estábamos bastante cansados, y hartos de la tormenta de arena, cuando salimos de la carretera en un oasis, pasada la ciudad con el extraño nombre de Bagdad, en un bonito lugar protegido detrás de unas dunas cerca de unas palmeras, pero nos vio un agricultor en su tractor, que vino a comprobar que estábamos bien, y que íbamos bien de comida y agua, lo cual fue bastante agradable. En el Reino Unido, habría sido más bien cuestión de “no pueden parar aquí, váyanse ya, o llamo a la policía…”
A la mañana siguiente, bien temprano, salimos hacia Mut y el Campamento Beduino, por sugerencia de Arthur y Swantje, nuestros amigos alemanes. No vimos a Ivan y Rachel por poco, que se habían ido esa mañana. Hacía mucho calor cuando llegamos, así que, tras acampar, decidimos probar la fuente termal de allí cerca, para “refrescarnos”, y quitarnos la arena y el polvo. Ahora la fuente termal estaba en realidad muy caliente, a unos 42 grados centígrados, y el agua tiene un alto contenido en hierro, lo que hacía que las uñas de las manos y de los pies, y las joyas, cogieran un color dorado. Aunque parezca mentira, Blanca optó por no darse un chapuzón. Probablemente esto fuera bueno, porque poco después de que llegáramos, aparecieron algunos lugareños para lavar las cestas que utilizan para llevar las palomas al mercado. Probablemente habrían estado horrorizados por ver a Blanca en el agua, lo que habría sido una ofensa digna de lapidación. Bueno, yo ya estaba en el agua, así que eché una mano en la limpieza de las cestas, ¡espero que no tuvieran un problema de gripe aviar…!
A la mañana siguiente, seguimos con nuestra excursión por las fuentes termales, y con otra recomendación de Swantje. Esta vez, la fuente termal estaba en mitad de ninguna parte, y aún así, Blanca seguía sin ganas, no se puede perder ninguna ocasión de darse un baño caliente mientras se está en el “monte”. Después de cenar, y de retirarnos a la cama, paró un coche… Supuse que serían lugareños curiosos que querían darse un chapuzón nocturno, y me fui a dormir, pero lo raro era que seguían allí a las 2 de la mañana, y a las 7 cuando nos levantamos. Resultó que eran la policía para turistas, y que habían estado “de guardia” toda la noche, pero habían sido demasiado educados como para preguntar si de verdad les necesitábamos, que por supuesto, ¡no era el caso!
La siguiente parada en la gira del desierto es uno de los platos fuertes de la zona, el Desierto Blanco. A medida que te acercas a la reserva del Desierto Blanco, atraviesas una zona en la que las dunas negras y doradas son blancas por encima, lo que da la sensación de que conduces por un mar tempestuoso con olas de cresta blanca. Nos metimos en la reserva del Desierto Blanco, que más que ser un desierto de arena blanca, es en realidad una zona de pequeñas colinas calizas, a las que los elementos han redondeado y dado forma, y es bastante espectacular. Cuando llegamos, nos inquietó enterarnos de que un turista había dejado su grupo para ver la salida del sol esa mañana, y no se le había visto desde entonces, llegamos a las 11 de la mañana, y ¡aún le estaban buscando a las 4 de la tarde! Hacía mucho calor, y a alguien que no estuviera preparado, no le daría muchas posibilidades de sobrevivir. ¡Nos estábamos “cociendo” mientras nos cobijábamos bajo el toldo! Nuestra intención era quedarnos y relajarnos unos días, porque el paisaje es simplemente extraordinario, pero de nuevo, la guía no mencionaba las “moscas” que llegaban de todas partes deseando darse un festín con los nuevos turistas medio desnudos. No tardamos, con nuestros matamoscas hechos en Italia en la mano, en estar rodeados de una cada vez mayor mancha negra de “cadáveres”, si siguiéramos a este ritmo un par de días, ¡el Desierto Blanco sería el Desierto Negro! Así que al día siguiente nos fuimos, ahuyentados por un enjambre de moscas.
Nos estábamos acercando a El Cairo, pero no queríamos entrar en la ciudad de noche. Intentamos encontrar algún sitio para acampar, así que con el lujo del 4x4, salí de la carretera, y me adentré en el desierto, era simplemente increíble estar en mitad de ninguna parte. Si mirabas a tu alrededor, podías ver que no siempre fue desierto, ya que el suelo estaba realmente lleno de restos fosilizados de lo que fue un enorme bosque. Y por primera vez en África, no había combustible para la Kelly Kettle, la madera fosilizada no arde bien, pero había un poco de excrementos muy secos de camello, y con un viento muy fuerte, enseguida había una pequeña caldera en marcha, y mucha agua caliente para el café del desayuno.
El Cairo, ¡menuda locura de sitio! Apenas habíamos llegado a la ciudad, y ya me quería ir, el tráfico es una locura, casi me estrello contra la parte de atrás de un coche que justo se paró delante de nosotros en el carril de la izquierda para mirar embobado a un camión de gran tonelaje lento. Es difícil ver un coche que no tenga algún tipo de daño, y ¡un daño considerable es la norma! Me tranquilizó bastante llegar al camping ileso. Creo que para conseguir el carné de conducir, tan sólo tienes que demostrar que sabes conducir por allí mientras dure el examen, y no tener ningún accidente, ni atropellar a nadie. La alegría de llegar al camping de Salma duró poco, era caro, estaba situado junto a una alcantarilla abierta, así que apestaba casi todo el rato, las duchas y los baños estaban guarrísimos, llenos de enormes mosquitos voraces, y estaba lejísimos de cualquier lugar. Estaba bien que los taxis fueran baratos, bueno, cuando consigues el precio de allí, y ¡no el precio de compra! Los “contables”, Ivan y Rachel, ya estaban aquí, metidos en una intensa discusión con la embajada libia por los visados que habíamos solicitado ocho semanas antes. Tom y Jan, los canadienses, habían tenido un golpe de suerte, y les habían invitado a quedarse con unos expatriados de la zona, a los que también fuimos a ver, y con los que pasamos un par de noches muy agradables. Como los visados libios estaban rápidamente adoptando la misma estructura que los visados sudaneses, con “mañana”, “mañana”, pero al menos el Taitu, en Addis, no era demasiado malo, ni era una “mierda de sitio”, y estaba en el centro de todo, tras meditarlo mucho, decidimos que era el momento de dejarlo, habíamos conseguido realizar con éxito la ruta "de Londres a Ciudad del Cabo y de Ciudad del Cabo a El Cairo”, así que los visados libios se podían ir a la mierda, y el camping era horrible. Llamamos a Strand Voyages en Londres, y reservamos unos billetes para nosotros y para Grommet en uno de los ferris de carga de Grimaldi Lines, que sale de Ashdod, Israel a Portugal el siete de mayo.
Recogimos todo, y salimos de El Cairo hacia Suez y el Sinaí, seguíamos queriendo bucear en el Mar Rojo. Me asombró ver todas las instalaciones militares por el camino hacia el túnel bajo el Canal de Suez, pero supongo que esta zona es un poco conflictiva, con Israel a la vuelta de la esquina. Tenía gracia, el túnel me recordó al túnel de Black Wall en Londres. Llegamos al parque nacional de Ras Muhammad, que es un paraíso variado, y por 15 dólares que incluían el camping para nosotros y Grommet, estaba a un precio excelente. El único problema era que dos centros de buceo comercial habían ocupado dos de los tres sitios para acampar, y el otro estaba lleno de excursionistas, por lo que no había ningún sitio para acampar, pero encontramos una pequeña cala sólo para nosotros, los “contables” y los canadienses se nos unieron más tarde. Era espectacular la enorme variedad de peces de colores brillantes, los corales eran fantásticos, y literalmente estaban muy cerca de la playa, y el mar tiene una claridad increíble que nunca había experimentado antes. Cuando Tom y Jan llegaron con el equipo para bucear, tuve que probarlo. Quería hacer un curso de buceo, pero nuestro presupuesto no podía llegar tan lejos, y ahora lo podía intentar gratis. Y tenía entera confianza en Tom como instructor, ya que era un antiguo Navy Seal sudafricano, y quién iba a saber mejor que él lo que se hacía. Una vez que conseguí fijar mi flotabilidad con la ayuda de un peso adicional, era formidable estar bajo el agua, y observar los peces sin tener que salir a la superficie para respirar. El único problema eran los oídos, parece que no podía conseguir que se igualara la presión, así que cuanto más profundo voy, más me duelen, aún así no me lo habría perdido por nada en el mundo, y le estoy agradecido a Tom por darme la oportunidad. Cuando se me arreglen los oídos, tendré que convencer a la hispana para que me deje hacer un curso... Por desgracia, alguien nos delató al guarda del parque, probablemente uno de los centros de buceo, y nos vimos obligados a ponernos en marcha y unirnos a los excursionistas alemanes y rusos. Tras una noche y el día siguiente de mucho viento, decidimos ponernos en marcha hacia la costa, justo pasado el elegante centro turístico de Sharm el-Sheikh, y hacia el viejo centro turístico hippie de Dahab.
Los “contables” estaban ya en el Bishbishi Garden Village, pero en una habitación, pero para nosotros la zona de camping era estupenda, y lo teníamos todo para nosotros, excepto una noche en que Tom y Jan pasaron de camino a Jordania, y luego como nosotros a Israel. Tuvimos una magnífica “última cena” juntos en una marisquería de por allí, pero después de todo el buceo, no me apetecía pescado, ¡sería como comerse un león después de un safari! Era increíble bucear justo al lado de la playa en el centro del pueblo, y ver una variedad tan alucinante de peces, incluso vi un pez león grande a menos de veinte metros de la orilla. Enseguida llegó el momento de ponerse en marcha otra vez, Ivan y Rachel aún estaban examinando un visado libio sin resultado, y nosotros teníamos que cruzar la frontera antes de que el pasaporte de Blanca entrara dentro del periodo mínimo de seis meses exigido por Israel. Nos despedimos, y salimos por la costa. Acampamos a 10 kilómetros de Taba y de la frontera, en otra playa preciosa, es difícil dejar la playa en el Mar Rojo.
La frontera, fiel al estilo egipcio, era un desastre. De nuevo querían que vaciáramos el coche para analizarlo todo con rayos X, confiscaron algunos de mis recuerdos de Angola, algunas cajas de vieja munición explosionada, y querían quedarse con mi machete, pero de eso no me iba desprender. Luego le tocaba el turno a la aduana, y luego vuelta a la policía, pero por raro que parezca, nadie pidió que devolviéramos la matrícula, bueno, supongo que no tenían mucha utilidad, al ser de Aswan, ¡lo veo como un intercambio de recuerdos! Pero a diferencia de Aswan, las formalidades en la frontera estaban resueltas en menos de una hora. Increíble, ¡alguien les debería dar clases de eficacia a los tíos del sur!

Mientras escribo esto, en la playa israelí a sólo un kilómetro de la frontera entre Israel y Egipto, recibimos la terrible noticia de tres bombas en Dahad, en una zona en la que habíamos acampado. Podríamos haber estado caminando por allí o comiendo en uno de los estupendos restaurantes cuando estallaron las bombas. Así que nos gustaría dar el pésame a los heridos o desaparecidos, y a la gente de la ciudad que luchaba por recuperarse de la bomba del año pasado en Sharm el-Sheikh.


Desembarcando en Aswan


Azotea del hotel en Aswan


Nosotros a salvo en Egipto


Los contables


Grommet con matrícula egipcia


¿Alguien es claustrofóbico?


Pájaro carpintero


Roland en la peluquería de Blanca


Roland saliendo de Luxor


Camping Rezeiky


Camping Rezeiky


La “familia egipcia”


Fumando narguile


Saqueadores de tumbas


Reunión española


En el interior de una tumba


Detalle de una tumba


Detalle inacabado


Deir al-Bahari


Mark y los españoles


Dame un caramelo


¿Un paseo en dhow?


Blanca y su madre


Como vive la otra mitad…


Convoy caótico


Junto al Mar Rojo


Serpiente de mar


En la playa


¡Menuda vista!


Dendara


Dendara


Dendara


¿Carretera a Bagdad?


Acampando en el oasis


Carretera del desierto occidental


Fuente termal


¿Gripe aviar?


El Desierto Blanco


Matando moscas


Acampando en el Desierto Blanco


Momento de reflexión


Relajándome


Convoy de caravanas


Acampando en el desierto


Mi última oferta, 10 camellos…


Azoteas de El Cairo


“Melancolía”


Cafetería al aire libre, El Cairo


Pirámides


Huyendo de El Cairo


Ras Mohammed


Chica Bond


Submarinista


Navy seals


La diosa de la casa