|
map

Sudán, ¡Mark de Khartoum!

Del 23 de febrero al 18 de marzo

Tras por poco cruzar la frontera de Sudán antes de tiempo, los dos nos pasamos la choza de hierba camuflada que era el control de inmigración etíope, y sólo por un grupo de estafadores y cambistas que salieron corriendo detrás de nosotros parándonos en el puente, nos dimos cuenta del error.

Por fin nos libramos de Etiopía, de la multitud de niños y de adultos chillando, de la mendicidad, y del lanzamiento de palos y de piedras. Estábamos en Sudán. Era como si hubiéramos entrado en un universo totalmente nuevo, sin estafadores, ni mendigos, ni ¡tu! ¡tu! ¡tu!

Aparqué a Grommet delante de la aduana y del control de inmigración, y me uní a una pareja de oficiales sudaneses que estaban a la sombra, mientras Blanca iba a ocuparse de las formalidades. Al cabo de un rato, uno de los hombres me preguntó con una sonrisa irónica, “Bueno, ¿qué tal Etiopía?”

La pista desde la frontera por Gallabat hasta Gedaref no era la mejor, y seguía en un estilo similar al del lado etíope, lenta, pedregosa, y ondulada, pero al menos, era llana, y había caminos alternativos, por lo que podías evitar las peores partes. Grommet estaba como pez en el agua, apenas susurrando por la pista. De vez en cuando, pasábamos algún pequeño montículo con un puesto del ejército en lo alto, que incluía una camioneta Land Rover equipada con una ametralladora pesada en la parte de atrás, al estilo somalí “Black Hawk Derribado”. Esperaba que fuera la mala carretera, o la mala conducción, lo que hubiera provocado los siniestros de los camiones cisterna cuyos calcinados armazones están desparramados por los lados de la carretera, y no alguien que disparaba a la menor provocación, y que estaba haciendo prácticas de tiro. La carretera estaba prácticamente vacía de gente, un verdadero contraste con Etiopía, pero ahora venía la prueba de fuego, acampar en el monte. Encontramos un abrevadero seco completamente, que estaba cerca de un pueblo, pero como era tarde, y estábamos cansados, qué importaba. Esperábamos una muchedumbre de visitantes, pero no vino nadie, era la gloria, ¡cenar y desayunar en paz!

Por la mañana, nos pusimos en marcha otra vez, y nos sorprendimos por un tramo largo de carretera de asfalto recientemente terminada. Supongo que no tardará mucho en extenderse desde Gedaref hasta la frontera. Acababa un poco demasiado pronto para mi gusto, pero no estábamos tan lejos de Gedaref ni de la carretera principal, así que no me importó tanto.

En Gedaref, repostamos con combustible sudanés barato, ahora había asfalto por todo el camino hasta Khartoum. Bueno, asfalto de todas clases, y este desde luego no era llano, sino que estaba totalmente lleno de baches debido a la constante riada de tráfico pesado, los camiones aquí son enormes, mucho más grandes incluso que los de Namibia. Aquí te encuentras un camión tirando de dos remolques llenos, por lo que si tienes que adelantar, pongamos por caso, a tres camiones en línea, ¡en realidad es el equivalente de intentar adelantar a seis! Este ejercicio te puede crispar un poco los nervios en Grommet, te lo aseguro. Tras haber dejado las frías cumbres de vértigo de Etiopía, ahora estábamos sólo entre 200 y 300 metros por encima del nivel del mar, y ¡vaya si hace calor! Incluso puedes ver el asfalto crepitar…

Después de un largo, caluroso y agotador viaje en coche, llegamos al “Camping Nacional” en Khartoum, que, por 2 dólares, es bastante más barato, y sorprendentemente más limpio que la única otra opción para acampar, el “Club Náutico Nilo Azul”, por 11 dólares. Encontramos a “los contables” ya instalados, junto con los “Exploradores Franceses”, que salían para Port Sudan para coger un barco hacia Arabia Saudí al día siguiente. También había un par de Land Rovers que iban hacia el sur con una pareja de Holanda, y otra de Yorkshire, Inglaterra. Por supuesto, hubo el habitual intercambio de información, “¿qué tal es la ruta hacia el sur?”, “¿de verdad son los niños etíopes tan salvajes como la gente dice?”, junto con “¿el ferry de Wadi Halfa es tan caro?”, y “¿de verdad la entrada a Egipto lleva tanto tiempo y es tan difícil?”

Sí, amigos, lo habéis adivinado, “¡es hora de cambiar la ruta otra vez!” Esperamos entrar en Egipto por Aswan, y encontrarnos con la madre de Blanca en Luxor, y si tenemos la visa de tránsito para Libia, cruzar a Túnez, y luego, ¿a Argelia?, ¿a Marruecos?, y por último, a España, pero primero tenemos que ver qué pasa con Libia y los visados libios. Si Libia es imposible, tendremos que volver al plan original, Jordania, Siria, etc. Estamos en manos de los dioses, bueno, de los oficiales de fronteras, de los burócratas, de George Bush, de los caricaturistas daneses, ¡y de nuestro cada vez más limitado presupuesto!

Bueno, volvamos a Khartoum y al Camping Nacional, además de nosotros los viajeros, el sitio estaba de bote en bote, con “500 militares” del sur de Sudán a los que estaban reciclando para su incorporación al ejército principal, y por supuesto, todo esto es secreto. Luego están todos los estudiantes de toda África junto con un grupo grande de atletas, así que, en general, era un sitio bastante concurrido, pero de nuevo, sorprendentemente libre de líos. Muchos de los “oficiales” con los que hablamos estaban un poco decepcionados porque no íbamos a visitar el sur. Obviamente, no tienen ni idea de lo difícil que es conseguir un visado, como para conseguir un permiso y una invitación para visitar ¡una antigua zona de guerra muy conflictiva!

Otra gran característica del “Camping Nacional” es que hay electricidad gratis si miras bien, así que nos enganchamos. Nuestras baterías auxiliares están ya descargadas, y aparte de tener la suficiente carga para que funcionen las luces, están completamente inservibles, supongo que año y medio de constantes recargas se han dejado notar. Quizás las cambie en Egipto, e invierta también en un panel solar, pero con nuestro inexistente presupuesto, tendrá que esperar, aún tenemos el generador para emergencias.

Justo mientras nos preparábamos para salir de Khartoum y dirigirnos al desierto y a algo de cultura, ¿quién apareció?, pues Luke, el loco historiador holandés con los belgas Koen y Heidi justo detrás. El camping se debería llamar Camping Internacional, con todas las diferentes nacionalidades; incluso estaba Campbell, un motorista neozelandés al que se le había roto el amortiguador trasero de su moto justo después del ferry de Wadi Halfa, y ahora estaba esperando los repuestos. Tras una pequeña reunión/fiesta de despedida, era hora de ponerse en marcha, además, la tormenta de arena ya había parado. Aún no habíamos recibido noticias de Tom y Jan, los canadienses que conocimos en Etiopía, que habían mostrado mucho interés en cruzar el desierto con nosotros. Al final, íbamos a ser sólo nosotros y “los contables”, pero decidimos mandarles un mensaje de texto con nuestras coordenadas del GPS, para que pudieran alcanzarnos.

Íbamos a descubrir más tarde que tuvieron un accidente en la carretera a la frontera, con un niño de allí implicado, y por consiguiente, se estaban tomando las cosas con más calma.

Tras la parada obligatoria para repostar y aprovisionarnos, al fin estábamos de nuevo en camino. La carretera al norte hasta Atbara estaba en muy buen estado, obviamente, no soporta el mismo volumen de tráfico pesado. A medida que uno va al norte y se aleja de Khartoum, es increíble ver el paisaje cambiando rápidamente ante tus propios ojos, haciéndose cada vez más seco y más desierto según avanzas. Pero luego, a medida que la carretera se acerca serpenteante al Río Nilo y a una fuente inagotable de agua, el desierto seco se interrumpe por un oasis, y por campos esmeralda de trigo, judías y cebollas. Es increíble lo que puede cultivarse con voluntad y un poco de agua.

Alguien debería coger a algunos de estos agricultores del Nilo, y utilizarlos para enseñarles unas cuantas cosas a algunos de los otros países africanos. Cuanto más viajas por aquí, te das cuenta de que África debería mirar a África para buscar una solución africana a sus problemas, y no a alguna ONG del primer mundo con deseos de ayudar y ¡una hipótesis!

Bueno, con la fabulosa carretera, no tardamos en tener que meternos de mala gana en el desierto y en el polvo una vez más, para dirigirnos a los Templos de Naqa. Los alemanes habían llegado pronto, prepararon sus excavaciones arqueológicas, y estaban ocupados con su investigación y restauración, de hecho, parece que los alemanes han reclamado casi todos los yacimientos arqueológicos de Sudán. Sin embargo, como son alemanes, parece que hacen un trabajo magnífico, algunos de los relieves están en un estado increíble, y el templo restaurado es deslumbrante.

Grommet había empezado a dar guerra otra vez, probablemente se sentía ofendido por dejar la fabulosa carretera de asfalto, y después de que “los contables” se quedaran atascados en arena blanda, decidimos dejarlo para otro día, y montar el campamento en el desierto. También era el momento para que Rachel demostrara sus habilidades culinarias con un “potjie”, una olla de hierro fundido sudafricana que se parece al caldero de una bruja. Tuvimos varios visitantes en camellos y burros, y a todos nos sorprendió lo educados, casi tímidos, que eran, sobre todo, ¡tras los descarados etíopes! Para Ivan y Rachel, la novedad de la interacción aún es real, y esta era su primera experiencia de acampada en el salvaje monte.

Al igual que en casi todos los países de África, los lugareños pueden venir con peticiones un poco extrañas, en Ghana eran visados y tractores, y aquí parece que todo el mundo tiene dolor de cabeza, y el estómago mal, y creen que somos médicos, mientras que los niños suponen que ¡los coches están llenos de bicicletas! Me encantaría saber de dónde sacan estas ideas.

Tras dormir estupendamente, a pesar del viento, salimos a través del desierto de nuevo hacia el enorme complejo de templos de Musawwarat es-Sufra, y el maravillosamente restaurado Templo de los Leones. Nos sorprendió tener estos yacimientos sólo para nosotros. Después, volvimos a la carretera, hasta Meroe, con su deslumbrante colección de pirámides más bien pequeñas, desde el punto de vista de los egipcios, y estas estaban en bastante buen estado hasta que una especie de Indiana Jones que pasaba por allí decidió hacerlas pedazos en busca de un tesoro. Viene bien que ahora sea posible comprar las entradas en la puerta, en vez de por adelantado en Khartoum o en Wadi Halfa. De nuevo, era tarde cuando acabamos de verlos, así que aparcamos por la parte de atrás de las pirámides para pasar la noche, de nuevo sorprendentemente sin líos, y un poco más barato que el camping de lujo a 120 dólares la noche a la vuelta de la esquina. A la mañana siguiente, teníamos que coger un ferry para cruzar el Nilo en Ed Damer, ¡y ahí fue donde Blanca recibió el nombre de “Rambo Ramos!” Todo iba bien, el ferry (una especie de barcaza de desembarco antigua) vino y se fue varias veces, y tras un par de horas bajo el sol, llegó nuestro turno. Sin problemas, cruzamos el río bien, y luego vino el momento de pagar. Se suponía que el precio estaba entre 1000 SD y 2000 SD por coche, pero el cobrador de los billetes quería 6000 SD por coche, así que estalló una riña entre Blanca y el cobrador de los billetes, que era por lo menos tres veces su tamaño, y que culminó con el hombre intentando entrar en el coche, y con Blanca empujando y dando puñetazos para prevenirlo… ¡¡¡ Estos impetuosos latinos!!! Bueno, tras un poco de lucha, pagamos los 2000 SD, y seguimos nuestro camino.

Ahora esta iba a ser nuestra primera gran travesía por el desierto desde Mauritania, el Desierto de Bayuda. Era una ruta extraña, en parte camino ya existente, en parte camino llano nivelado listo para la nueva carretera, y en parte nada, así que escoge lo que quieras y adivina. El camino hacia la nueva carretera se acababa, igual que había comenzado, en medio de ninguna parte, y te tenías que buscar la vida para encontrar el viejo camino, ¡o hacer el tuyo propio…! La arena era muy densa, que acompañada del combustible de bastante bajo octanaje disponible aquí, sobre todo, donde era muy blanda, en algunas partes es tan blanda que es como polvos de talco, hace que empiece a salir humo por detrás formando enormes nubes cegadoras. Te guste o no, no hay nada como acampar en medio del desierto lejos de todo el mundo, con la única compañía de la luna y las estrellas, y si tienes suerte de verdad, y hay luna llena, es casi como si fuera de día, y habíamos encontrado el lugar perfecto. Nos dieron ganas de quedarnos y relajarnos durante unos días, pero teníamos más ruinas que ver, y un ferry que coger en Wadi Halfa. Así que volvimos a adivinar la ruta. Es extraño, de tanto en tanto llegábamos a un tramo de carretera nueva esperando a ser asfaltado en mitad de ninguna parte. ¡Supongo que esto es construir carreteras uniendo los puntos!

Nos llevó un par de días cruzar el desierto, así que tras otro corto viaje en ferry a través del Nilo, esta vez sin ninguna lucha, montamos el campamento a los pies de Jebel Barkal, la “montaña sagrada”, cerca de otras pirámides. Fue estupendo deambular y explorar sin tener que comprar una entrada, y la vista desde la cumbre de la montaña de las orillas verde esmeralda del Río Nilo no era moco de pavo. El punto culminante de todos estos monumentos tenía que ser el cementerio real de El Kurru, con sus dos maravillosamente decoradas tumbas que datan del año 653 a.C. Sigo sin creer que no haya más que encontrar al que tiene las llaves y pagar el dinero para ver sus encantos con sus pinturas al estilo egipcio, y los jeroglíficos que, aunque parezca mentira, aún conservan mucho del color original. Los sudaneses parecen un poco cascarrabias, por alguna razón, con respecto a las videocámaras en muchos de estos monumentos, ¡no sea que los frisos se muevan…!

Bueno, ya hemos tenido bastante cultura, y es el momento de dirigirse al desierto, tenemos que coger otro ferry. Tras repostar, y conseguir un poco de agua “fresca” de fuera de una mezquita, ya estábamos listos. La ruta hasta Dongola desde Karima empezaba bien, con un camino recién nivelado maravillosamente llano que nos metía en el desierto, pronto esto sería una nueva carretera de asfalto, pero por ahora me conformaría con que siguiera así, ¡pero entonces terminó! Volvimos a adivinar la ruta, pero a cada dos kilómetros más o menos hay postes indicadores bajos que hacen de guía. El único problema es que los postes indicadores, los muchos caminos existentes, y el GPS no siempre están de acuerdo los unos con los otros, así que se trata de apuntar, y que sea lo que Dios quiera. Después de un largo y agotador día de conducción, las zonas de arena blanda requieren bastante concentración y fuerza para mantener a Grommet (sin dirección asistida y neumáticos de 317.5 milímetros de anchura) en la dirección correcta, acampamos a la sombra de lo que parecía ser el único árbol. Me sorprendió ver muchos trozos de huevos de avestruz esparcidos por la zona, sobre todo ya que la única flora y fauna que habíamos visto era algún que otro camello, este tramo de desierto es realmente árido. Pero teniendo en cuenta la riqueza de trozos de árboles fosilizados esparcidos por todas partes, no debe haber sido siempre así, y la zona probablemente fue en otro tiempo un extenso bosque destruido como consecuencia de algún tipo de calentamiento global prehistórico. Hace que te des cuenta de que podríamos ser los “fósiles” del futuro destruidos por nuestro propio consumo despiadado. Bueno, si pensabas que el desierto era confuso, deberías intentar conducir por el laberinto de pueblos pequeños, acequias, y canales de riego que entrecruzan la orilla este del Nilo. Ya habíamos dejado el desierto, y estábamos de vuelta en la civilización. Encontramos un lugar estupendo para acampar en el oasis de un palmeral. El dueño vino y nos dio la bienvenida, y estaba un poco decepcionado porque sólo nos quedáramos una noche, y porque no pudiéramos aconsejarle sobre un remedio para las termitas que infestaban sus palmeras. Cerca, en uno de los campos colindantes, había una bomba que regaba los campos, el agua era limpia, caliente, y había mucha, así que en turnos todos nos quitamos el polvo de unos cuantos días en el desierto, y llenamos los depósitos de agua. Más allá de Dongola, el camino arenoso y polvoriento se abre paso hacia el norte por pueblos y campos, y el camino no es el mejor: cuando no está muy ondulado, está arenoso y blando, y cuando es llano, es como una carrera de obstáculos con pequeños montículos, por lo que, a no ser que quieras romper tu vehículo, o seas un africano, la única opción seria es ir a un ritmo constante y lento, y por lento me refiero de 20 a 30 km/h como mucho, y para colmo, estábamos en una tormenta de arena. Era tarde, así que acampamos entre dos pueblos, con la compañía de un burro amarrado, cerca de la orilla del Nilo, y la tormenta de arena todavía furiosa. Por suerte, nos cobijaron unos árboles y arbustos, pero aún así, la arena y el polvo transportados por el aire estaban por todas partes, y en todo. Tanta ducha la noche anterior, y con el polvo parecía que habíamos envejecido unos 50 años.

Debo decir que una de las mejores cosas de Sudán es que la gente te deja en paz, y respeta tu espacio, sería casi imposible acampar cerca de un pueblo en casi ningún otro país de África sin que al menos todo el pueblo venga a presentar sus respetos. Compadezco a los sudaneses que tienen un “desafío óptico”, ¡ya que, por alguna razón, a Sudán le han regalado todas las viejas gafas de Buddy Holly!

Por la mañana, el viento había amainado, pero el polvo y la arena aún pesaban en el aire, y por fin, conseguimos abrirnos paso para salir del último de los pueblos, y volvimos al desierto una vez más. La carretera seguía siendo mala, muy mala, las ondulaciones rápidamente pueden hacerse con el control de tu coche, haciendo que lo pierdas. Mientras paramos a descansar, me di cuenta de que teníamos un pinchazo. Te aseguro que conducir por estas carreteras malas un día sí y otro también te puede afectar de verdad, si vas demasiado deprisa puedes romper algo, si vas demasiado lento parece como si el coche se estuviera haciendo pedazos. En realidad no hay ninguna excusa para el pobre estado de las carreteras, y deberían emplear el sistema namibio, con una niveladora, un conductor, y una caravana que constantemente mantienen la carretera, ¡y será porque no hay suficientes niveladoras o gente que necesite trabajar aquí en África!

Bueno, todos teníamos ganas de encontrar un sitio lejos del incesante viento, y de descansar de la carretera. Encontramos un sitio aislado bien lejos de la carretera a la sombra de unas montañas. Me preguntaba si Tom y Jan, los canadienses, nos alcanzarían, no fue así, pero estaban cerca, tras haber acabado de cruzar el río por Dongola. Fue genial sentarse y relajarse lejos de la constante paliza de la carretera. En África, sólo sientes el verdadero silencio total y absoluto en lo profundo del desierto, bueno, eso es cuando Blanca no está hablando, lejos de los perros que ladran, de los rebuznos de los burros, del gorjeo de los pájaros, de las llamadas a la oración, o del murmullo del tráfico. Aquí, bajo un cielo estrellado, el único sonido es el del latido del corazón, y el esporádico susurro del viento. En nuestro día “libre”, conseguí arreglar el pinchazo, que de hecho, era un agujero bastante grande, Ivan comprobó la seguridad de su tienda del techo, que ha cogido la costumbre de soltarse desde que se rompieron sus fijaciones previamente en el desierto, era de esperar que los nylocks que tenía yo pusieran remedio a esto, y las chicas se pusieron con la interminable tarea de limpiar el polvo de dentro de los coches. Después del día de descanso, era el momento de ponerse en marcha de nuevo, aún no habíamos hablado con Mazar Mahir, y estábamos impacientes por saber qué pasaba con el ferry. También estaba un poco preocupado por el combustible, Blanca estaba convencida de que teníamos mucho combustible para cubrir los 100 km. hasta Wadi Halfa, con un poco de sobra, yo no estaba tan seguro, ya habíamos usado los dos bidones, ¡y el indicador marcaba vacío! Entonces pasó lo inevitable, a 40 km. de Wadi Halfa, en una llanura arenosa, Grommet fue renqueando hasta pararse. ¡Se nos había acabado la gasolina…! Ivan nos sacó de la pista a remolque, y luego Blanca y un bidón vacío salieron hacia Wadi Halfa para conseguir algo de combustible, por lo que así evité todos los “ya te lo dije”, “ya sabía que deberíamos haber repostado en la última gasolinera”, etc., etc., etc.,… y Rachel se quedó conmigo. Así que nos sentamos allí siguiendo la poca sombra que había alrededor del ahora muy estático Grommet. Después de un rato, una pareja de ancianos alemanes apareció en dirección al sur, al parecer el ferry se había retrasado por la tormenta de arena, y llegó el viernes, cuando, por supuesto, todo estaba cerrado, así que al final, de una manera o de otra, ¡se habían retrasado 4 días! Aún así, nos informaron bien sobre los gastos, y nos pasaron un par de cervezas heladas (por supuesto, sin alcohol) que vinieron muy bien. Por suerte, acabábamos de recibir noticias de Blanca antes de que llegaran los alemanes, o si no habríamos estado bastante preocupados, ya que ellos no habían visto ningún rastro de Ivan y Blanca. De todas formas, debe haber parecido extraño, un inglés con una mujer que no es su esposa sentados en el desierto esperando a otro hombre, a la esposa, y algo de combustible… tiene gracia, me venía a la cabeza “El Paciente Inglés”, mientras estábamos allí sentados esperando bajo un sol de justicia. Tuvimos suerte de haber estado viajando con “los contables”, o si no habría sido una espera muy larga, o habría que haber ido andando a conseguir el combustible. Al final resultó que los dos alemanes conocieron a Tom y a Jan, que estaban 20 km. por detrás de nosotros contando una extraña historia acerca “de un inglés con dos pendientes y un sombrero en un coche azul con una mujer que no era su esposa tirados en el desierto ¡sin gasolina!” Tom viajaba ahora lentamente en un convoy con un tipo alemán, Henning, su novia rumana Anna, y su perro, en un viejo camión MAN con problemas en la suspensión. Bueno, Blanca e Ivan al final regresaron con algo de combustible, pan del día, y noticias del ferry, y ya que era demasiado tarde para llegar a Wadi Halfa, encontramos un buen sitio protegido cerca, y acampamos. Al parecer, habían tardado tanto porque habían conocido al muy temido señor Khamal, que en realidad resultó ser bastante simpático, y que ayudó con la información sobre un ferry inminente que llegaba la semana siguiente que nos permitiría a todos viajar con los coches…

En su viaje a Wadi Halfa, Blanca había visto un bonito lugar para acampar justo al otro lado del lago cerca de las tierras del lago Nasser, y era perfecto para descansar y relajarse mientras esperábamos a que llegaran Tom, Jan y el camión MAN. Llegaron más tarde, tras haber entrado en la ciudad para investigar la situación del ferry, pero por fin, ya estábamos todos reunidos.

Todos nos estábamos preguntando qué cocinar, cuando un par de lugareños se pasaron con un poco de pescado como obsequio, que luego limpiaron dejándolo listo para que lo cocináramos. Esto era muy distinto de la mendicidad de Etiopía, y que siga así por mucho tiempo. Al día siguiente nos dirigimos todos a la ciudad en busca de Mazar, que venía muy recomendado, para guiarnos a través de la burocracia, y las formalidades del ferry y del puerto, y habíamos oído muchas historias de extorsiones de otros viajeros mientras estaban en manos del “simpático” señor Khamal. Encontramos a Mazar en su oficina, y entonces nos fuimos al puerto para las medidas, ya que los vehículos de más de 5.2 metros tienen que pagar el doble. Estábamos contentos de tener con nosotros a Hemming y su enorme camión MAN, ya que Grommet, a pesar de su aspecto, en realidad no es mucho más grande que un Land Rover 110, pero siempre hay discusiones en sentido contrario, así que tuvimos que pagar lo mismo que Ivan y Rachel, 480 dólares, que incluían el billete mío y el de Blanca. En este punto deberíamos haber echado un ojo a nuestro barco, pero no fue posible, ya que aún estaba de viaje con 200 toneladas de cemento y, por supuesto, como esto es África, “no se preocupe, no habrá problemas, descanse mañana, ¡y vuelva el miércoles!” Mazar dijo que nos podíamos quedar en su casa, pero nos gustaba nuestro sitio junto al lago, a pesar de las historias de “serpientes, hienas y ¡cocodrilos gigantes!” Miércoles, la barcaza había llegado, lo cual eran buenas noticias, pero no estaría lista hasta el jueves, ya que aún la estaban descargando. “Vuelva mañana por la mañana, pero temprano, a las 8, ¡puesto que aún había que hacer mucho papeleo!” A las 8 en punto, bien temprano, llegamos a la oficina de Mazar, pero como siempre, las cosas no empezaron de verdad hasta las 11, y hasta las 14.30 más o menos no pudimos ver nuestro “barco” por fin. Llegamos al muelle, y el único barco en condiciones de navegar era una barcaza del Ejército egipcio y que aún estaba totalmente cargada, el siguiente estaba situado muy arriba del agua, y no tenía ningún sitio para los coches, lo que dejaba sólo una opción, ninguno podíamos creer que hubiéramos pagado un total de 2400 dólares por esto, a lo mejor podemos quedarnos la barcaza después. Ahora, ¿cómo subimos a bordo?, montaron unas rampas bastante improvisadas, el primero en subir fue Tom y su Land Cruiser sin frenos, bueno, si Tom lo podía hacer, concedámosle a Grommet un intento. Blanca no podía mirar mientras subía disparado por la rampa, que ahora tenía forma de plátano, la pobre Rachel estaba casi mareada mientras yo guiaba a Ivan por la rampa, con el temor de que “George”, su 110, no se parara, y se cayera por la borda al lago. Sólo quedaba Henning y su camión, el problema era que el muelle era tan ancho como el camión de largo, así que no había espacio en el que construir una rampa. Siguieron bastantes discusiones, era difícil creer que esta no fuera la primera vez que la tripulación cargaba un coche en una barcaza, tras las cuales logré convencer a la tripulación para que movieran la barcaza hasta el final del muelle, y construyeran otra rampa. Por fin, a las 4 de la tarde, estábamos todos a bordo, en dirección a Egipto, nuestro tiempo en Sudán se había acabado. Rachel e Ivan, al no poder abrir su tienda del techo, montaron nuestra tienda de repuesto en una de las bodegas vacías, mientras nosotros montamos la mesa y las sillas en la cocina en la otra bodega. Tanta “higiene y seguridad”, y una cubierta de acero pulido estaba llena de polvo de cemento, no había ninguna barandilla a la vista, y poco después otra barcaza con un motor estropeado estaba amarrada al lado, así que además de caernos al agua, ahora teníamos el riesgo añadido de caernos y de ser aplastados entre dos barcazas, y pagamos por el placer… Aún así, una de las ventajas era que el baño estaba muy limpio, y por lo que habíamos oído, bastante mejor que el ferry, podíamos viajar juntos, había mucho espacio para que Henning paseara a su perro, y podíamos cocinar nuestra propia comida. Después de un rato, nos acostumbramos a los peligros, y la tripulación era estupenda, incluso me prepararon una versión nubia del “Imodium”, una especie de infusión de hierbas con semillas, y pareció funcionar. Pasamos dos noches a bordo de la barcaza, y en la mañana del tercer día pudimos ver la Alta Presa de Aswan, el puerto, y Egipto. Aún me parece increíble que el único acceso para vehículos entre los dos países civilizados de Sudán y Egipto sea este improvisado sistema de ferrys, que por el precio de un crucero de lujo por el Nilo, apenas se puede calificar de tercermundista.

Próximamente, ¿entraremos en Egipto?, ¿nos encontraremos con la madre de Blanca en Luxor?, y ¿adónde iremos desde allí?...

¡¡Por fin, paz!!


Camellos cruzando


Taxi, Khartoum


Tormenta de arena


Templo en Naqa


Templo de los Leones en Naqa


Quiosco en Naqa


Musawwarat es Sufra


Templo de los Leones en M. es S.


Pirámides en Meroe


Pirámides en Meroe


Ferry a través del Nilo


Más polvo…


Pirámides en Jebel Barkal


Blanca manosea una Pirámide


Invasor de tumbas


Un proyecto de restauración


Casa nubia


En el desierto


En el oasis


¿Una foto, señor?


Acampando fuera de Wadi Halfa


Acampando fuera de Wadi Halfa


La oficina de Mazar


Los turistas


Mazar


Bueno, ¿qué barco?


Esperando para embarcar…


Grommet sube a bordo


Todos “seguros” a bordo


Grommet a bordo


Acampando bajo cubierta


Tom y Jan


Un día en la oficina