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Nos vamos…

Después de un año de salidas fallidas, por fin estábamos preparados, y habiendo dejado mi trabajo, ya no había marcha atrás.

Después de pasar unos días con mis padres, pusimos rumbo a Plymouth para coger el ferry hasta España, con Grommet, nuestro Land Rover 101, que tras muchas miradas curiosas en la aduana de Plymouth, se subió a bordo del barco más grande y moderno de la flota de Brittany Ferries.

Tras 18 horas de viaje por mar sin novedad, desembarcamos en Santander, en el norte de España. La aventura de verdad había comenzado, y ninguno de los dos podía creerlo.

Después de seis horas y más de 400 kilómetros, llegamos al piso de los padres de Blanca en el centro de Madrid, cerca del estadio Santiago Bernabeu y del Real Madrid C.F., aunque no había rastro de Beckham ni de "Posh".

Ahí tuvimos tiempo de descansar y de ver a algunos amigos, además de poder echar un vistazo a la "Bestia", nuestro Land Rover V8 de 1963, que está allí guardado mientras estamos de viaje. Fue difícil resistir la tentación de darse una vuelta…

Terminado el descanso y con Grommet otra vez lleno, partimos hacia Málaga y el sur de España por La Autovía del Sur, un viaje a través de colinas onduladas y llanuras a las que el Land Rover totalmente cargado se adaptó perfectamente.

Por fin, después de 600 kilómetros, llegamos a La Cala del Moral, a la casa de los padres de Blanca en la playa, en las afueras de Málaga, así que era hora de tomar el sol, playa y tinto de verano, y Blanca podía ponerse al día de los cotilleos mientras yo acababa de preparar el Land Rover, algo que el tiempo en Inglaterra no me había permitido hacer: luces adicionales, el sistema de distribución de la batería, baterías auxiliares, el ventilador interno, la nevera, los armarios de lona, los colchones que nos habían preparado unos amigos de Málaga, ventilar la tienda de campaña, probar el toldo y arreglar el bloqueador del diferencial …la lista parecía interminable.

Mientras estábamos allí, decidimos hacer un viaje a Los Caños de Meca, en la costa atlántica, para visitar a unos amigos y acampar al fresco.

La acampada fue muy bien, y en comparación con nuestros vecinos hippies, estábamos en un hotel de 5 estrellas, con el toldo puesto y la mesa y las sillas fuera. Era increíble despertarse, abrir las puertas y ver el océano bañando la orilla al otro lado de las dunas. Desgraciadamente, llegó el momento de volvernos a La Cala para acabar de preparar a Grommet, pero aún teníamos un viaje que hacer a Almería, y otro a Córdoba, antes de que mis padres y unos amigos llegaran para despedirnos en octubre. Si todo va según lo previsto, nuestra siguiente parada será Marruecos y África.



Seguro a bordo


España


Sin sitio en el albergue


Los preparativos continúan


Menuda vista


El Cabo de Trafalgar