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Zambia, “Alquiler de 4x4s Livingstone supongo”

Del 12 de septiembre al 15 de octubre de 2005

Con la Mozambique de habla portuguesa a nuestras espaldas, ya estamos en un territorio más familiar, en la Zambia angloparlante. Pero como dicen aquí algunos, Zambia es un país en el que leen, escriben y hablan inglés, ¡pero no lo entienden! Por eso, lo de conducir y beber se lleva al pie de la letra, y sabemos de conductores a los que les paró la policía, les pidieron que salieran del vehículo, ¡y que se acabaran la cerveza antes de seguir…! Aquí también tienen radares trampa con los que te pueden pillar a más velocidad de la permitida, o si vas muy rápido, te dicen “bwana iba usted a toda velocidad”.

Zambia es otro país en el que la moneda está asediada por demasiados ceros, 1,000,000 kwachas son más o menos 140 libras, y si tienes que comprar pan nunca hay cambio. Y ¡vaya si desaparece aquí rápido el dinero, con los precios europeos!

De todas formas, estoy divagando. En la frontera, a nosotros los británicos nos arruinan al pedir 60 libras por un visado para un mes por alguna inexplicable razón, mientras que el resto de Europa pasa por sólo 25 libras. Blanca a punto estuvo de entrar gratis, ya que, como todos sabemos, “los españoles no viajan”. España no figuraba en la lista de tarifas, pero el jefe de inmigración había visto algo escrito en algún sitio, por lo que nos cogieron por banda justo cuando nos íbamos… ¡maldita sea!

La carretera desde la frontera empeoró rápidamente, al más puro estilo africano, aunque podía haber sido mucho peor.

En Katete, la primera ciudad después de la frontera, volvimos a la habitual crisis del pan, pero antes había que resolver la crisis de la moneda local. Blanca se fue con un par de taxistas de allí para cambiar algunos dólares. Ya con dinero en la mano, pudimos llamar a nuestros amigos John y Kirsten en Lusaka, para ver si todavía nos estaban esperando. Por suerte, así era, y estaban muy ilusionados con la idea. De hecho, nos llevaban esperando desde abril, ¡así que sólo llegábamos un poco tarde! John y Kirsten lo vendieron todo en Londres el noviembre pasado, se mudaron a Lusaka, y compraron una empresa de alquiler de 4x4s.

La frontera, las diversas crisis, y la llamada tuvieron su efecto en el tiempo, así que salimos a buscar algún sitio para pasar la noche. A diferencia del lado mozambiqueño de la frontera, en el lado zambiano hay mucha gente, al menos por la carretera principal. Como no podía ser de otra manera, me las arreglé para encontrar una zona en obras al lado de la carretera, agradable y tranquilo, rodeado de plantas de algodón. A la mañana siguiente, algunos vecinos que pasaban por allí parecían sorprendidos y furiosos, primero por estar nosotros allí, y segundo por no levantarnos a conocerlos y saludarlos. Lo siento, ¡pero a las 5.30 de la mañana, y sin haberme tomado antes dos tazas de café, la verdad es que no estoy como para “conocer y saludar a nadie”!

La carretera mejoró, e íbamos a buen ritmo, pero el camino es muy largo hasta Lusaka, por lo que decidimos interrumpir el viaje a mitad de camino, justo después del puente sobre el río Luangwa, en el apropiadamente llamado Campamento del Puente sobre el Río Luangwa, un lugar precioso junto al río. El campamento era pequeño, y fue una suerte que llegáramos pronto, ya que enseguida se llenó el sitio de viajeros que también interrumpían sus viajes. Aprovechamos para refrescarnos en la piscina con vistas al río, y para disfrutar de un poco de “licor para el anochecer G&T”. ¡Qué vida tan dura la del viajero! Estamos sufriendo, ¡os lo aseguro! Cenamos en el restaurante al aire libre con cuatro constructores del este de Londres, que habían dejado a sus mujeres y se habían ido “de safari”. Después de cenar, volvimos a Grommet, y pasamos una agradable velada en compañía de dos parejas de Holanda, que también estaban “de safari”, y que tenían ganas de saberlo todo acerca de nuestra experiencia en Mozambique, sobre todo, con los tiburones ballena. Por la mañana, nos levantamos temprano, y nos pusimos en marcha.

El paisaje pasó de las lisas llanuras de maleza y pequeñas granjas a montañoso con maleza y bosque bajo, carboneros, ¡y muy seco! Ah, el que sea montañoso no quiere decir que haya vallas protectoras, de ahí que los valles estén llenos de restos quemados de los camiones y coches que no llegaron, a pesar de que en realidad es una carretera muy buena. Más tarde nos íbamos a enterar de que un turista alemán fue asaltado y atracado a punta de pistola en esta misma carretera.

La carretera hacia Lusaka tenía los habituales puntos de control de la policía, en los que parece que les gusta mucho comprobar los seguros, pero lo mejor fue el “punto de control para moscas tse-tse”, que consistía en un hombre con una red para moscas de fabricación casera y un spray para moscas… “¡no llevamos ninguna mosca!” y “gracias, ¡pero no hace falta que nos rocíen hoy!”

Ya en Lusaka, nos vimos automáticamente atraídos hacia el centro comercial para conseguir más moneda local en el cajero automático, y provisiones en Spar, incluso había librerías, si te puedes permitir el precio, multicines, bolera, bares, sitios para comer, y todo lo que pudieras desear.

Encontramos la casa de John y Kirsten con sorprendente facilidad, y estaban muy contentos de vernos. John tenía muchas ganas de echarle un vistazo al 101, ya que él y Kirsten se habían recorrido Australia en un 101 con carrocería de radio, y estaba contento de tener un 101 entre su colección de 110s, 130s de alquiler, y su antiguo 110 Camel Trophy. Los muchachos se pusieron manos a la obra en Grommet, con la manguera a presión, y le dieron un limpiado total y le sacaron brillo minuciosamente.

Como llevamos de viaje ya casi un año, todos nuestros papeles estaban a punto de caducar y había que renovarlos, así que tuvimos que mandar más e-mails al RAC para que nos dieran un carné nuevo, un seguro médico nuevo del Reino Unido, así como un nuevo seguro para vehículos a motor. Esperábamos obtener la “tarjeta amarilla”, que habría cubierto a Grommet por casi toda el África oriental, pero como casi todas las cosas en África, resultó ser demasiado complicado y costoso, así que hubo que llamar a Allessi, en Holanda, y conseguimos cobertura para todo el camino de vuelta a España, por no mucho más que el precio para sólo África oriental. Por desgracia, todo este gasto extra está sometiendo a un gran esfuerzo a nuestro presupuesto, que no da más de sí, ¡a lo mejor tengo que vender un riñón, o algo así!

Con Grommet en el patio de John, aproveché para hacerle una revisión rápida, cambiar la cubierta del balancín por el que había cambiado las zapatas de los frenos en Johannesburgo para que respiraran mejor. También cambié los neumáticos delanteros con la ayuda de Oscar, un experto en neumáticos, a veces está bien tener algo de ayuda experta, ¡sobre todo cuando las temperaturas sobrepasan los 40!

La estancia con John y Kirsten también resultó ser bastante sociable, ya que conocimos a una pareja holandesa con un Land Rover V8 SIII que iban por tierra de vuelta a Holanda desde Sudáfrica. También pasamos una noche con Brittany y Ben, los americanos que conocimos en Mozambique, y ¿quiénes aparecieron una noche?, pues Koen y Heidi, los belgas. Antes de salir hacia Livingstone y las Cataratas Victoria, John recibió la terrible noticia de que una patrulla de renegados habían disparado a unos amigos suyos, lo que dejó muerta a la mujer, y al marido gravemente herido, pero recuperándose en un hospital en Sudáfrica. No eran buenas noticias, ¡y se supone que esta es la parte civilizada de África!

Con Grommet ya listo, y todos los papeles organizados, salimos de Lusaka en dirección a Livingstone. La carretera era muy buena hasta Zimba, a unos 80 km. de Livingstone, donde se acababa la ayuda extranjera, pero aún así conseguimos llegar, aunque no sin incidentes. Antes de salir de Lusaka, habíamos repostado con 310 litros de combustible barato, la gasolina es muy cara aquí, a casi una libra el litro, así que estábamos a mitad de camino cuando Grommet se paró. Sin combustible, todos los filtros se atascaron, por lo que nada conseguía pasar, pero tras una limpieza, pudimos continuar.

En Livingstone, le echamos un vistazo al Waterfront Lodge, pero estaba lleno de camiones, y el Maramba River Lodge se iba un poco de nuestro presupuesto y el camping no era el mejor, una pequeña zona de hierba en medio del aparcamiento, así que lo intentamos en el The Livingstone Safari Lodge. Era de noche y las opciones se agotaban. Éramos los únicos allí, pero estaba dentro del presupuesto, y tenía piscina, ¡perfecto!

Nos tomamos un día libre para relajarnos en la piscina, incluso enseñamos a nadar a algunos de allí, y ¡vaya si hacía CALOR! Bueno, ya estaba bien de relax, había unas cataratas que ver, por lo que a la mañana siguiente hicimos las maletas, y pusimos rumbo a las Cataratas Victoria, ya que no queríamos pagar los 20 dólares por el viaje de ida y vuelta en minibús. A pesar de que las cataratas estaban “secas”, puesto que ya está bien avanzada la estación seca, es increíble ver la poca agua que hay cayendo con estrépito en el fondo del cañón. Debe ser realmente impresionante verlo cuando el Zambezi va desbordado. Después del paseo por las cataratas, fuimos hasta el puente, y hasta la frontera con Zimbabwe, donde puedes hacer banyi, pero ninguno de los dos nos veíamos lo suficientemente locos para intentarlo. Así que volvimos a Livingstone, pero por el camino paramos para echar un vistazo al Museo del Ferrocarril y a la colección de diferentes trenes de vapor en diferentes fases de deterioro. Era una mezcla bastante extraña de material rodante inglés y americano con un auténtico estilo colonial. Después del museo, estábamos los dos secos, por lo que nos dirigimos a la calle principal y paramos delante de Shamba’s para tomar algo y llevar algo de comida. La empanada estaba exquisita, y las bebidas frías. Nos sentamos junto al árbol de la fachada, uno de los pocos lugares con sombra en el que algunos vecinos se dedicaban al negocio de las “reparaciones” de teléfonos móviles, en el que cualquier teléfono se puede arreglar,  volver a configurar, y desbloquear. Al parecer, Shamba’s es bastante famoso en todo el sur de África, ¡y el árbol no es lo único sombrío!

Salimos de Livingstone, en dirección al monte, y encontramos un bonito lugar cerca de una vía muerta. El único problema eran las moscas Maparny, unas diminutas moscas negras que te van a los ojos, a las orejas, y a cualquier otro sitio que esté al aire y sudoroso. Eran tan molestas que al final nos refugiamos en Grommet, tras la red metálica contra las moscas, pero son tan pequeñas que encuentran la forma de atravesar la fina malla de la red, aunque al menos puedes disfrutar matándolas mientras pasan. Al atardecer, el ataque se disipó, y dejaron que nos tomáramos un licor para el anochecer, y para cocinar en paz, bueno, eso es sin contar los mosquitos y escarabajos. ¡Las diversiones de acampar en el monte!

Dejamos la carretera principal de asfalto en Kolomo, y pusimos rumbo al norte por el camino de tierra para llegar a la entrada sur del Parque Nacional Kafue. El camino no estaba mal, así que no nos llevó mucho tiempo llegar cerca de la entrada, pero como no queríamos pagar la entrada parcial y no hay camping en el parque, paramos en el monte a tres kilómetros de distancia. De nuevo, nos asediaron las moscas Maparny, pero esta vez teníamos una solución, usar la red metálica contra los mosquitos para la cama, colgada del lado de Grommet para cubrirnos a nosotros y a la mesa y a las sillas. Era perfecto para mantener a raya a las moscas y a otros insectos. Tras una breve visita de unos exploradores de caza que nos aconsejaron que no acampáramos en ese lugar, debido a las hienas y a los cazadores furtivos, pasamos una noche tranquila y sin problemas. El sector sur del parque está más aislado que el norte, por lo que los animales desconfían mucho de los vehículos extraños, y en cuanto te acercas se dan a la fuga. Esto no ayuda para nada si quieres hacer una foto, y el otro problema es la abundancia de moscas tse-tse, a las que les encanta Grommet, al parecer tiene que ver con el color. Siguiendo con el tema del color de Grommet, además del problema de las moscas tse-tse, constantemente nos hacen señales los vecinos, que nos confunden con uno de los minibuses de la zona, ¡que son azules y blancos! Tal vez deberíamos añadir unos asientos extra y tener algo de ganancia… ¡para ayudar en la crisis económica!

Debido a la falta de visitantes/inversiones en el sector sur, algunas de las pistas están en un estado pésimo y enseguida terminan en una “ruta todo terreno” arenosa, lo que hace que ver algo de caza sea casi imposible, ¡por la cantidad de concentración necesaria sólo para conducir! Es una verdadera lástima, porque unos accesos mejorados harían que fueran más turistas, pongamos como ejemplo Etosha, en Namibia, ¡que es totalmente accesible con un coche normal de tracción a dos ruedas! Salimos del parque, y echamos un vistazo a los campings de por allí, y ninguno nos daba la panorámica del embalse de Itezhi-Tezhi que buscábamos, así que aparcamos junto al lago. Menudo sitio, y menuda vista… Blanca estaba un poco preocupada porque encontramos huellas frescas de hipopótamo junto a la orilla, ¡y se esperaba que se nos uniera un hipopótamo en cualquier momento! Así que para tranquilizarla, encendí un fuego para hacer una barbacoa. Nada más ponernos cómodos para tomarnos un licor para el anochecer, atrajo mi atención un pequeño animal peludo que miraba desde la cubierta del gato elevador, se trataba de un lirón de los bosques que no se inmutó lo más mínimo por nuestra presencia, y que siguió subiendo por el porta ruedas. Cenamos y nos acostamos, preferimos dormir dentro porque hacía bastante viento, pero en cuanto pagamos la luz, empezaron los ruidos. Encendíamos la luz, y no había nada. Apagábamos la luz, y el ruido empezaba otra vez, así durante un rato, hasta que vi al pequeño peludo responsable, era el lirón en busca de comida. Al final, conseguí dormir algo, pero no antes de que hubiéramos guardado todo lo que hacía ruido.

A la mañana siguiente, sin rastro del peludo intruso, salimos hacia el sector norte y el Lufupa Lodge, situado en la confluencia de los ríos Lufupa y Kafue. La carretera hasta el albergue era mucho más cómoda, aunque aún hacía falta la tracción a las cuatro ruedas, pero permitía ver la caza mucho mejor. La caza también era menos tímida, pero las moscas tse-tse seguían omnipresentes, y aprovechaban cada oportunidad para invadir a Grommet, cada vez que bajaba una red metálica para hacer una foto. El camping era perfecto, junto al río, con una zona para sentarse cubierta, y una barbacoa con el sonido de lo hipopótamos bufando allí cerca, ¡menudo sitio! Las duchas estaban inmaculadas, con agua caliente a montones, así que estábamos limpios, y de relax en el bar que da al río con unos gin tonics helados, “para fines médicos”, toda esa quinina es como prevención adicional contra la malaria. Esperaba hacer un safari nocturno para ver algún leopardo, a los famosos leones que trepan a los árboles, pero estaba ya todo reservado.

Esa noche nos fuimos a la cama en la tienda de campaña del techo con el sonido de los hipopótamos bufando y de un león lejano, y quién se nos unió más que nuestro pequeño intruso peludo, al que tuve que cazar y expulsar.

A la mañana siguiente, bien temprano, salimos hacia la llanura inundada de Busanga, en la parte más al noroeste del parque. Esta zona está inundada habitualmente, y sólo se puede acceder durante la temporada seca. Se supone que la llanura inundada es el mejor sitio para ver leones, leopardos, y búfalos, ninguno de los cuales vimos, pero sí que vimos muchos antílopes, como los lechwe rojos y los puku, jabalíes y elefantes. De hecho, nos embistieron dos elefantes como toros solitarios en dos ocasiones, y en la segunda, el elefante al que otro vehículo impidió que se acercara al abrevadero, se fijó en nosotros. Mientras embestía agitando las orejas, barritando estrepitosamente, y rompiendo las ramas de los árboles, en un abrir y cerrar de ojos, Blanca, valiente como siempre, saltó a la parte de atrás de Grommet, ¡así que me dejó solo para hacer frente al elefante! Justo en el último momento se fue hacia la derecha, dejando así despejada la carretera para que pudiéramos pasar… caramba, ¡qué cerca estuvo!

El Lufupa Lodge no vende combustible, así que sólo teníamos para un día para ver la caza, por lo que los leopardos y los leones tendrán que esperar a otra ocasión.

Blanca arregló con el oficial del parque que sí estábamos en la verja a las diez en punto el domingo por la mañana, no tendríamos que pagar el día, así que de nuevo nos levantamos bien temprano, para hacer 60 km. a la carrera hasta la verja, y llegamos justo a tiempo, y aún así conseguí hacer unas cuantas fotos por el camino.

La carretera de regreso a Lusaka está siendo mejorada, y va como una seda, y sería el lugar ideal para traer tu coche americano preparado para las carreras de coches trucados… Puede que Grommet tenga un V8, pero no vale para esas carreras, además, había un par de cosas que me preocupaban. Todavía quedaba bastante hasta Lusaka, no íbamos muy bien de combustible, y el bloqueo del diferencial central se había atascado, y no se soltaba, lo cual no está mal en las carreteras llenas de baches del monte, pero en el precioso y liso asfalto el viento en la transmisión podría destrozar rápidamente la caja de cambios o la transmisión. Tampoco nos dimos cuenta de que Zambia estaba metida de lleno en una crisis de combustible auto generada. Grommet iba vacío, la única gasolinera por el camino estaba cerrada por razones evidentes, ¡y todavía nos quedaban más de 60 km. por delante…! John había llamado para decir que ellos también estaban atravesando su propia crisis de combustible, y que iban a ver a unos amigos para conseguir algo de combustible para sus clientes, y quería que cuidáramos su casa mientras estaban fuera.

Al entrar en Lusaka, nos dimos cuenta enseguida del alcance del problema, había colas enormes en los surtidores de gasolina, y había coches, camiones y furgonetas abandonados por donde paraban, ¡un caos total! ¡África total! Conseguimos llegar a duras penas al patio de John, sólo con el vapor de la gasolina, pero lo logramos, 1,650 km, con 310 litros de combustible, y justo antes de que se marcharan.

Blanca comprobó los e-mails, el seguro para vehículos a motor y el seguro médico los habían recibido, y estaban listos para ser enviados por mis padres, pero seguía sin haber ni rastro del carné. Después de más e-mails y llamadas al RAC, lo prometieron para el viernes, ¡tan sólo tres meses después de pedirlo por primera vez! Y nos quejamos de la ineficacia africana, supongo que les enseñamos todo lo que saben.

Mientras Blanca interrogaba los e-mails y metía la ropa en la lavadora, quité el impulsor del bloqueo del diferencial, y vi que una argolla había fallado, permitiendo que se llenara de aceite el impulsor de vacío. Por suerte, el diafragma seguía bien, así que una limpieza rápida y una nueva argolla bastarían para restablecer el status quo. Como me sobraban el tiempo, el espacio, y las herramientas, me puse a cambiar las juntas universales del eje cardán delantero, un punto débil habitual en el 101, y le di una buena limpieza a las vías del combustible, a los filtros, etc…con el compresor de John, y preparé y cambié un soporte roto.

La casa de John es una especie de paraíso de Land Rovers. Aparte de los coches de alquiler, la constante multitud de visitantes con Land Rovers, su colección de revistas y libros sobre Land Rovers, también tiene en el patio tres 110 en diferentes fases de deterioro. Dos los compró por los repuestos, y el otro lo habían llevado unos clientes, por lo que, cuando su equipo de mecánicos, Ruben y Oscar, no estaban ocupados limpiando, revisando, y con el mantenimiento en general, yo les supervisaba mientras desmontaban y reconstruían el 110 estropeado, “¡en mis ratos libres!” John también tiene una moto GS 550 a la que le hace falta una reparación. Menos mal que los Land Rovers son como un gran “mecano”, así que incluso aquí en África, todo es posible. Con un poco de trabajo y tiempo, el 110 pronto estará de vuelta en la carretera para reincorporarse al parque móvil de alquiler.

Mientras John se ocupa de todas las cosas de los Land Rovers, Kirsten se encarga del negocio, y de su colección de fieras, dos perros, un gato, un cachorro, y un gatito.

Como el RAC tardó tanto con el carné, tuvimos que ir a ver al Departamento de Inmigración, para extender los visados. Mientras estábamos en la ciudad, conseguí encontrar un repuesto para la camisa robada en Mozambique, y Blanca compró algo de material en el mercado para unos trajes nuevos. Habíamos cogido un minibús en la ciudad, pero decidimos volver andando y comprobar, de paso, la situación del combustible, puesto que no queríamos pagar dos libras por litro, el precio en el mercado negro. Seguía sin tener buena pinta, pero pasamos por una estación de servicio en la que repartían gasolina, así que corrimos a por los bidones. De vuelta en la gasolinera, pusimos los bidones en la ordenada cola y esperamos a que ocurriera algo. Mientras estábamos en la cola, nos preguntaron “¿no tenéis criados para que se pongan en la cola?”… “¡No!”… “¿Queréis unos?”… Explicamos nuestra situación, nuestro viaje, etc, etc. Después de tres horas bajo el abrasador sol, se veía que la dirección no iba a permitir llenar bombonas o bidones, y pidieron refuerzos armados para mantener la paz. A Blanca y a mí, los únicos blancos de la cola, nos pidieron que fuéramos, y que mediáramos en nombre de la cola, y conseguimos convencer a la dirección para que nos dieran combustible. Todo estuvo bastante bien organizado, con una fila hasta el surtidor, que no tenía nada de “africana”. Sugerí que dispararan a todos los colones, pero me dijeron “bwana no podemos hacer eso”, a lo que repliqué que el problema de África es ¡que es terriblemente civilizada! Cuatro horas después de ponernos en la cola, teníamos en nuestras manos 40 litros de gasolina, y sólo nos faltaba encontrar otros 110 litros. Al menos, pudimos sacar a Grommet del patio, para ir a ponernos en alguna de las muchas colas. La búsqueda se puso en marcha, a la mañana siguiente temprano fuimos en busca de gasolina, y encontramos una gasolinera con combustible, pero no mucho, así que nos pusimos en la larga cola a la sombra de las jacarandas, con sus flores lilas cayendo como la lluvia, y esperamos. La gasolina se acabó justo cuando estábamos a diez coches de distancia del surtidor. ¡Mierda! Así que fuimos a otra gasolinera, que esperaba combustible a las dos de la tarde, y les pedimos que reservaran 80 litros, que deberían bastar para sacarnos de Lusaka. Al volver a las tres, descubrimos que sólo tenían diesel, así que nos fuimos a la siguiente, y al final nos las arreglamos para conseguir los 80 litros. El carné y el resto de los papeles habían llegado por cortesía de DHL, “qué haríamos sin DHL”, así que ya podíamos ponernos en marcha. No quedaba más que despedirnos de nuestros anfitriones John y Kirsten, y recoger los nuevos trajes de Blanca de Theresa y Jane, en la tienda 104 del Northmead Market. Las señoras habían hecho un trabajo estupendo, y a Blanca le hicieron mucha ilusión.

Lo pasamos estupendamente en Lusaka, pero era el momento de ponerse en marcha, íbamos mal de tiempo y de dinero, y con las lluvias a punto de llegar, perdimos la oportunidad de ver el Parque Nacional de Luangwa, casi todo el lago Malawi, y nuestra programada vuelta a Mozambique.

Fuimos a buen ritmo por la carretera desde Lusaka, encontramos bastante combustible en Petauke, y sin una cola a la vista. Como se estaba haciendo tarde, paramos a dormir en un bosque de pinos, que recordaba más a Suiza que a la seca Zambia. Después de Katete, la carretera acaba volviendo al típico asfalto africano lleno de baches y lento, pero conseguimos llegar a la frontera con Malawi, justo después de Lundazi, en Lusuntha, en la que los trámites fueron rápidos y eficientes, bueno, eso fue tras lograr dar con los oficiales, ya que era tarde, ¡y sábado!

Lo pasamos genial en Zambia, y los zambianos nos parecieron muy, muy simpáticos, pero a causa de la incompetencia del RAC con el nuevo carné, agravada por la crisis del combustible, sólo pudimos divisar fugazmente lo que el país tenía para ofrecer. Tuvimos mucha suerte de que nuestros amigos John y Kirsten nos pudieran alojar, ¿o debería decir aguantarnos?, durante más de un mes. De lo contrario, las cosas se nos habrían complicado mucho, y les estamos muy agradecidos por su ayuda.

Ahora estamos en Malawi, buscando a la familia francesa que conocimos en Mozambique, y un sitio para pasar el cumpleaños de Blanca.



Puente sobre el río Luangwa


De relax junto a la piscina


De relax junto a la piscina


Río Luangwa


Alquiler de 4x4s Livingstone supongo


Cambiando los neumáticos


Koen y Heidi


John y Kirsten


Cataratas Victoria


Livingstone y Stanley


Cataratas Victoria


¿Cómo?, ¿no hay cocodrilos?


Museo del Ferrocarril


Casey Jones


Más trenes


Aún más trenes


Um!


Grommet


Sin moscas encima


Embalse de Itezhi-Tezhi


En Lufupa Lodge


Hipopótamos


Por los pelos


Tentempié para los hipopótamos


¿Y mi gin tonic?