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Nigeria

Del 7 de febrero de 2005 hasta el 22 de febrero de 2005

La entrada a Nigeria por Nikki fue rápida, tranquila y eficiente, y nada de lo que  esperábamos. Fue la primera vez que comprobaron nuestra tarjeta para la Fiebre Amarilla, registraron a Grommet en busca de frutas y verduras ilegales, y el oficial tomó nota de que llevábamos una lata de champiñones.

Los oficiales nos aseguraron que Nigeria es un país muy seguro y pacífico que acoge bien a los turistas, pero ¡que no nos paráramos para recoger a nadie! Cruzar dos fronteras en un día, por muy eficientes que sean, lleva tiempo, por lo que tuvimos que acampar en los arbustos en nuestra primera noche en Nigeria. Estábamos un poco nerviosos, al haber leído todas las historias sobre bandidos, ladrones, etc…, y si vieras la página web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores, no vendrías a conocer Nigeria, ni viajarías por aquí. Un pequeño grupo de leñadores apareció cuando llegamos, nos dieron la bienvenida con una pequeña reverencia, y se fueron, dejándonos tranquilos para que nos organizáramos y nos pusiéramos a cocinar.

La pista desde Nikki hasta New Bussa ocupa ahora el primer puesto en el ranking de pistas duras. En cada pueblo que pasábamos, recibíamos una lluvia de bienvenidas, y sin un bandido a la vista. Al pasar la presa Kainji, encontramos un lugar para pasar la noche en los arbustos, y más agradables, educados y acogedores vecinos. Acostumbrarse a esto era un poco difícil, ya que no nos esperábamos nada de esto en absoluto. Nos pusimos en marcha, y había cada vez más puntos de control militares y de policía, pero no tuvimos ningún problema, todos eran muy simpáticos y acogedores, y todos estaban muy sorprendidos de ver blancos, y turistas, se imaginaban que pertenecíamos a una Agencia del Gobierno, o algo peor, que éramos misioneros, con calendarios y Biblias.

Es bastante alentador saber que, si sufrimos alguna adversidad por el camino, siempre hay alguien con un arma semiautomática dispuesto a echar una mano. Como todavía no habíamos conseguido nada de dinero del país, nos dirigimos a Bida, una ciudad en la que uno de los bancos nos aconsejó recurrir ¡al mercado negro! Por fin encontramos un banco que cambiaba dólares, pero sólo billetes de 100. Por suerte, llevábamos uno. Ya con un poco de moneda local, pudimos comprar combustible y provisiones, lo suficiente hasta que llegáramos a Abuja, la capital.

Nos habían contado que el Hotel Sheraton de Abuja acoge viajeros, y les permite acampar gratis. Cuando llegamos, nos llevaron al aparcamiento inferior, mientras las chicas iban a ver al subdirector para preguntar si esto era así de verdad, y ¡resultó que sí! ¡Estupendo!, podíamos acampar y utilizar todas las instalaciones gratis, así que habíamos pasado de los arbustos a un hotel de cinco estrellas, Geraldine estaría orgullosa. ¡Caramba!, esto era un lujo, pasar el rato en la piscina, beber cerveza fría, rodeados de azafatas de vuelo y diplomáticos extranjeros.

Abuja es una ciudad totalmente moderna, que me recordó a Canary Wharf, en Londres, pero sin una mezquita enorme en el centro. El problema era que, con el lujo de la piscina, estábamos demasiado vagos como para explorar la ciudad. Por la noche, nos echamos a perder y cenamos en el excelente restaurante buffet, y nos pusimos hasta el punto de explotar. Aproveché, y revisé concienzudamente a Grommet, le cambié el aceite, y lo engrasé. Los mecánicos del hotel se sorprendían de que nosotros, los blancos, pudiéramos hacer esas cosas, y de que nuestros vehículos llevaran todo lo necesario.

Nos pusimos todos de acuerdo en que había que ponerse en marcha antes de que nos acostumbráramos a esta vida de lujo. En Abuja dimos con un cajero en el Hotel Hilton, y después, repostamos con gasolina barata nigeriana, a 0.25 euros el litro. Lo extraño es que aquí en Nigeria el diesel es más caro que la gasolina, y más difícil de encontrar. Salimos de Abuja, en dirección a la región de Plato y Jos.

La carretera desde Abuja era estupenda, de dos carriles en cada dirección, el único problema era que se olvidaron de decirles a los nigerianos que tienen que conducir por la derecha, y no es extraño ver coches y camiones viniendo hacia ti.

Aquí en Nigeria, conducir es una locura, los coches van hasta los topes y los camiones van demasiado deprisa para el estado de la carretera. En cuestión de segundos, una estupenda carretera de asfalto se puede convertir en una bacheada pista dura. Los lados de la carretera están llenos de restos de los que no tuvieron suerte: coches, camiones cisterna, camiones, taxis, y sus esqueletos oxidados son un monumento escalofriante.

Esperábamos llegar hasta el Coto de Caza Yankari después de Jos, pero debido a nuestro carácter distendido, decidimos pasar otra noche en los arbustos, en un lugar llamado Vom. La guía describía la zona como perfecta para acampar entre las colinas rocosas, pero obviamente, nadie había estado allí desde la aparición de todos los pueblos. La pista acababa en un carril para bicicletas, y ahí es donde paramos para acampar. El aire era más fresco, con una brisa que hizo que los alemanes corrieran a ponerse sus forros polares. Seguía sin haber bandidos o ladrones. En la autopista había bastante presencia policial y militar después de la visita del viceprimer ministro a Jos. Que te paren a cada pocos kilómetros puede llegar a ser un poco pesado, pero no perdimos la calma, y fue interesante observar la variedad de armas a la vista. Creo que los controles eran, sobre todo, para contener la tensión étnica entre musulmanes y cristianos que todavía existe en esta zona, más que para fastidiarnos a nosotros, los turistas.

Llegamos al Coto de Caza Yankari a la vez que el viento Harmatan, el guardamonte de la entrada no era precisamente el más servicial de los que nos hemos encontrado, y empezó a dar la lata con las cámaras, el dinero, etc…, pero debido al Harmatan, no estábamos dispuestos a pagar el excesivo precio de una “cámara profesional” o de una videocámara, por lo que nos conformamos con una cámara compacta de 35 mm. La ruta desde la verja hasta el albergue era dura y agotadora, así que cuando llegamos nos hacía falta una cerveza fría y una ducha, pero como el generador sólo funciona por la noche, nos tuvimos que conformar con una Fanta caliente, y sin ducha. La casa y sus dependencias ya no son lo que eran, estaban muy descuidados y ruinosos, los baños y duchas no tenían agua hasta por la mañana.

Al volver a los coches a cocinar, conocimos a Koen y Heidi, dos belgas que están viajando por África en una autocaravana verde Mercedes. De hecho, estuvimos a punto de conocerlos ya en el Santuario de Monos de Ghana, pues Duncan, un tipo de Canadá al que conocimos allí, nos había hablado de ellos.

Nunca nos imaginamos que les conoceríamos, ya que se supone que irían más adelantados para evitar la temporada de lluvias. Aquí en Yankari hay una fuente termal, donde pasamos tres horas de lujo en sus transparentes aguas que están a una temperatura constante de 30 grados, así que parecíamos ciruelas pasas. Mientras estábamos allí, un grupo de mandriles apareció por el río para comer y beber. Era increíble estar allí con mandriles salvajes, a sólo un metro de la orilla. El Coto fue una gran decepción, agravado por el tiempo, lo que suponía que sólo sería posible ver los animales grandes, así que, debido al estado del lugar, la actitud poco amistosa del personal, y los precios desorbitados, decidimos que era hora de irse, lo cual era una pena, puesto que habría que apoyar todo lo relacionado con la vida salvaje sobre todo aquí en el África Oriental, pero en un parque en el que existe la caza furtiva, y el personal no se preocupa, ¿qué posibilidades hay?, así que después de nuestro baño caliente, decidimos ponernos en marcha, en una caravana de tres vehículos, de vuelta a los arbustos.

Fuera del parque, encontramos un buen sitio para acampar y pasar la noche, junto al cauce seco de un río a las afueras de un pequeño pueblo, por lo que vinieron algunos de por allí a conocer y recibir a este extraño grupo de hombres blancos, estaban un poco decepcionados porque no nos quedamos en el pueblo, pero afortunadamente, pudimos dormir bien esa noche y cocinar en paz en cuanto se fueron todos a casa.

Los de los mapas se pusieron de acuerdo en coger un atajo, pero como pasa con todos los atajos africanos, enseguida nos metimos por confusos laberintos de caminos arenosos, exigentes colinas rocosas y pendientes, por lo que no resultó tan corto como habían prometido. Lo sorprendente era lo bien que se desenvolvía por las pistas la furgoneta Mercedes de Heidi y Koen. Al final, después de largos y duros días de conducción, encontramos la carretera de asfalto, y estoy usando el término “asfalto” de manera poco precisa, ya que la carretera no era mejor que la pista que acabábamos de dejar atrás. Cansados y con hambre, encontramos un lugar perfecto en un solar de una vieja carretera en construcción. Apenas habíamos aparcado cuando llegaron los primeros visitantes, se trataba de algunos de los hijos del jefe local, que estudiaban en la Universidad de Jos. Estaban en casa porque había huelga por la paga de sus profesores. Lo pasamos muy bien hablando de asuntos de actualidad y del extranjero, así como de las habituales ideas erróneas sobre Europa y Estados Unidos. A la mañana siguiente volvieron con su padre, el Jefe, que quería una foto con los hombres blancos. Rápidamente tuvimos que explicar que no teníamos una Polaroid, que estábamos haciendo un viaje muy largo, y que no íbamos a poder mandar las copias hasta dentro de bastante tiempo. Ningún problema, ya habían llamado al fotógrafo de allí, que llegaría en breve. No nos lo podíamos creer, cuando llegó el tipo con la cámara, el flash, y algunos carretes. Le dimos un par de carretes de fotos, y se puso a trabajar. En cuanto acabaron las fotos con el Jefe, se desató la locura, puesto que todo el mundo quería hacerse fotos con nosotros, sobre todo, con las chicas. Fue un alivio que sólo unos pocos de los 20 hijos del Jefe pudieran estar allí, si no nos habríamos pasado allí todo el día.

Después de la sesión de fotos con el Jefe, pusimos rumbo al ferry de Ibi.

El convoy iba muy bien en los controles, Grommet llegaba primero, se encontraba con la policía, el ejército, etc…, yo explicaba quienes y qué somos antes de que llegaran los demás, y así podíamos seguir con normalidad sin ningún problema.

El río Benue estaba bajo, debido a la estación seca, por lo que la primera mitad se podía cruzar por un pequeño arrecife de juncos y arena por una pequeña cantidad. A continuación llegamos al ferry. Yo no lo llamaría precisamente “ferry”, ya que en realidad no era más que un montón de pontones oxidados, con unos pequeños fuerabordas. Acordamos un precio, por lo que subí a Grommet a bordo, pero una vez ahí, el precio acordado se empezó a disparar, primero porque éramos turistas blancos, obviamente con mucho dinero, y también porque Grommet era “muy grande y pesado”. El precio llegó a tal punto que iba a salir más barato comprar la gasolina y hacer un rodeo de 300 km. Estaba a punto de arrancar y salir del ferry cuando, por suerte, intervino el Ministro de Agricultura y Ecología, que casualmente iba en el ferry en ese preciso momento, para negociar de nuestra parte. Acabamos pagando lo que consideramos un precio razonable, y sin saberlo nosotros en ese instante, el Ministro pagó la diferencia. El ferry partió río arriba hasta el embarcadero. Afortunadamente, el río estaba en calma, si no, nos habríamos dado un baño de improviso. Blanca y yo teníamos entonces un dilema, nosotros estábamos en un lado del río, mientras que los otros todavía estaban en el otro lado preparándose para el precio de fantasía del ferry. Por suerte, nuestro amigo el  Ministro intervino de nuevo para negociar de nuestra parte, y para asegurarse de que cruzábamos a un precio razonable, y así poder seguir nuestro viaje todos juntos. Todo esto nos conmovió bastante, de nuevo fue algo que no nos esperábamos en este “peligroso país de bandidos y ladrones”. Con Grommet ya en tierra firme, Blanca se puso en contacto con los otros para explicarles la situación, y asegurarse de que el precio acordado seguía siendo el mismo. Con la tracción a las cuatro ruedas y cerrojos por todas partes, Ralph y Judith pasaron rápidamente por la arena blanda y subieron al ferry. No fue lo mismo para Heidi y Koen, con tracción sólo a dos ruedas. Enseguida se atascaron. Con Grommet y el torno a un lado del río, y el Ifa en el ferry, no había nada que hacer, sólo cavar y empujar. Afortunadamente, todo el mundo en la “terminal del ferry” echó una mano, y al final, la autocaravana acabó a bordo también. Ahora el problema era que, con el peso de los dos vehículos, el ferry se atascó en la arena, así que hubo que empujar una vez más, hasta que se liberó el ferry, pero esta libertad duró poco, ya que se atascó de nuevo en un banco de arena. Al final llegaron, y lo que debía haber sido un cruce rápido en ferry, llevó al menos cuatro horas. Mientras, nosotros pasamos el rato sin saber nada en absoluto del drama que estaba teniendo lugar río abajo. Hubo un momento que pensamos que habían decidido ir conduciendo, y no pagar, o que el ferry había llegado a un embarcadero diferente. Dejé al grupo de espectadores que se había reunido, y me fui a ver qué pasaba, fue un alivio verles haciendo la travesía río arriba. Exhaustos por el drama del día, encontramos un lugar junto a una pequeña charca, pero por desgracia, resultó ser la piscina local del pueblo, por lo que enseguida se nos unió el pueblo entero para saludar y conocer a los hombres blancos. Todo el mundo que hemos conocido en Nigeria ha sido muy educado y correcto, observando todos nuestros movimientos mientras este grupo de extraños de otro mundo con sus casas móviles cocinan, limpian, y se ocupan de sus asuntos. Cuando cocinan los hombres siempre hay un gran revuelo, puesto que aquí es trabajo exclusivo de las mujeres. Los aldeanos se pusieron muy tristes de que nos fuéramos, ya que tenían ganas de estudiarnos más.

Tras otra noche en los arbustos, bueno, en realidad, en la cancha de un colegio, llegó el momento de decir adiós a Heidi y Koen, que tenían prisa por entrar en Camerún antes de que caducaran sus visados, así que nos despedimos de ellos, y pusimos rumbo a Calabar, para conseguir nuestros visados.

Estoy empezando a odiar las ciudades como Calabar, con sus pequeños moto-taxis. Van por todas partes como moscas, y no hacen caso de nada, lo cual no es una buena noticia en una gran y bulliciosa ciudad, ¡con Grommet, el enorme camión alemán, y los encargados del mapa! De todas formas, creo que no hemos atropellado a nadie… ¿Cuánta gente puedes meter en una moto de 125 cc? Por ahora hemos contado al menos cuatro y un niño.

Al final encontramos un hotel que nos podía acoger a un precio razonable, incluyendo habitación con ducha y baño. El Paradise Hotel abrió en 1988, y había seguido el mismo camino que la mayoría de las cosas aquí en África, así que ya no es lo que era. Debió ser bastante impresionante cuando se inauguró, con su propio zoo, sala de fiestas, restaurante y bar. Por suerte, los defensores de los derechos de los animales habían rescatado a los animales del zoo antes de que se convirtieran en parte del menú, el único que queda es un pequeño cocodrilo que vive debajo del bar, y es imposible de capturar. La sala de fiestas y el restaurante los controlaban varias Iglesias evangélicas, que hacen turnos para predicar el fuego y el azufre, y alabar al Señor a cualquier hora del día o de la noche. Es gracioso cómo aquí en Nigeria es más fácil poner una iglesia que un negocio… Bueno, por lo menos la cerveza está fría y es barata, y la fría agua de la oxidada ducha al final salía mejor, y ya estábamos muy cerca de la embajada de Camerún, que ya tampoco es lo que era. Me imagino que el alto precio de los visados debe ser a causa de los coches 4x4 tan grandes. El personal no era muy servicial ni acogedor, que esperamos no sea un reflejo del país al que representan. La guía cataloga Camerún como otro país lleno de “ladrones, bandidos, extorsión y policía corrupta”. Buscando algún sitio donde comer, al final acabamos en un nuevo hotel de lujo con el restaurante abierto. Es difícil encontrar algo que no sea arroz y salsa, que normalmente tiene algo flotando en aceite rojo, pero qué es exactamente es un secreto.  

Hasta ahora, África no es desde luego un país para los gourmets, a no ser que te guste la carne de rata, que dicen que es realmente buena. Afortunadamente, éramos los únicos clientes, ya que el “restaurante” sólo consta de una habitación, con una mesa y sitio para ocho. La comida era sencilla, buena y barata, era tan buena que volvimos la noche siguiente a por más.

Decidí arriesgarme, no como los otros, y elegí algo de comida “africana” de la carta. Tras escuchar la recomendación del gerente, me decanté por carne de vaca con verduras, que luego resultó ser carne de vaca con espinacas y pescado seco. El problema era que era tan fuerte el sabor de este pescado que todo sabía a pescado. Las espinacas eran ahora pescado verde, la carne era como pescado fibroso, y el pescado era simplemente pescado. Demasiado pescado para mí, sobre todo, al estar esperando carne.

Ya con los visados para Camerún, era hora de ponerse en marcha. Salimos de Calabar con dirección a la frontera. La carretera empezó de manera esperanzadora, pero enseguida la selva que nos rodeaba invadió la carretera y la redujo a un solo carril. Por suerte, no parecía ser un camino muy popular, y el tráfico era mínimo. Se estaba haciendo tarde cuando por fin llegamos a la frontera y a la salida de Nigeria. ¡Habíamos sobrevivido! La siguiente parada era Camerún, que estaba al otro lado del puente. Nigeria había sido una grande y agradable sorpresa, no nos encontramos bandidos, ni ladrones, al contrario, la gente, los aldeanos, la policía y los militares nos dieron una sincera bienvenida que será difícil de olvidar, y ha sido uno de los países más bonitos que hemos visitado hasta ahora.

Un último apunte: aquí en Nigeria el vehículo preferido para el campo es el Toyota Starlet o Corolla, que van cargados hasta el límite, normalmente el conductor comparte su asiento con un pasajero, y conducen a toda velocidad, como en un rally, mientras que nosotros llevamos suavemente nuestros 4x4 por las rocas y la arena.


Grommet va en cabeza


¿Cómo?, ¿no hay bandidos?


Cocinando en los arbustos


¿Sois ladrones o bandidos?


La versión nigeriana de Ayers Rock


Un murciélago en el Sheraton, Abuja


Arreglando a Grommet en el Sheraton


De relax en la piscina


Conduciendo por la derecha y por la izquierda


El final de la carretera, Jos


Acampando al final de la carretera


Los alemanes con los forros polares hasta arriba


Entonces debéis ser Heidi y Koen


Agua en la que sumergirse


Los jabalíes se inclinan a saludarnos


Jabalíes


La fuente termal de Wikki en Yankari


Acampando en los arbustos tras abandonar Yankari


¡Ahora somos un convoy!


Nosotros con el Jefe y algunos de sus hijos


Dos fotógrafos


¿Cuál dices que es el precio?


Por fin zarpamos


En el ferry


Acampando junto al baño del pueblo


Acampando junto al colegio


Heidi y Koen


“El progreso no pasa de moda”


Bienvenidos al paraíso


Elige una iglesia


Esperando a la novia


De camino a la frontera


Un tractor al que le hace falta una ligera reparación


¡Estupenda carretera!


La carretera se mete en los arbustos


Amenazantes tormentas sobre Camerún